El 2 de abril, sí se olvida
El 2 de abril, fecha emblemática para la ciudad de Puebla, es para la mayoría de los mexicanos de completo desconocimiento sobre lo que históricamente aconteció en el año de 1867. Poco se sabe que, ganar a los franceses en la reconocida batalla de Puebla del 5 de mayo de 1862, en efecto, fue una victoria importante, pero no contribuyó al fin de la guerra y a la expulsión de las tropas invasoras.
Por Fernando Aguirre
Al amparo de la historia “oficial” escrita por los gobiernos posrevolucionarios y antiporfiristas, las nuevas generaciones están privadas de conocer sobre una batalla celebrada en la misma ciudad, pero un 2 de abril de cinco años más tarde. Ésta no es recordada con bombo y platillo a pesar de que contribuyó de forma decisiva para el triunfo de la República y el termino de la Intervención francesa en nuestro país.
EL TRIUNFO DE UN JOVEN GENERAL
Con 36 años de edad y una carrera meteórica en el Ejército que lo llevó a ser ascendido a general desde los 30 años, Porfirio Díaz Mori, llamado por algunos historiadores como El Soldado de la Patria, fue eje central para lograr la victoria de la toma de Puebla el 2 de abril de 1867.
Tras implantarse el enemigo francés en nuestro país, Porfirio Díaz lo enfrentó en una serie de combates, donde luego de vivir capturas y fugas logró internarse en los estados del sur para reorganizar un ejército inexistente, el de Oriente, como relata el historiador Alejandro Rosas.
Enrique Krauze y Zerón-Medina describen que Díaz Mori se batió en varias batallas en distintas regiones de los estados de Puebla y Oaxaca donde logró armar un Ejército numeroso y cimentar su gran prestigio militar siendo los más importantes: la de Miahuatlán y La Carbonera. Porfirio Díaz escribiría más tarde en sus Memorias, “Miahuatlán fue la batalla más estratégica y fructuosa de las que sostuve durante la Guerra de Intervención”.
Reorganizado su ejército en Oaxaca y con suficiente armamento y soldados, Porfirio Díaz emprendió su campaña militar rumbo a Puebla, uno de los reductos importantes de los franceses. El historiador José C. Valadés reseña que en enero de 1867, Díaz se situó en Acatlán, Puebla, donde fue invitado a unirse a las filas del emperador Maximiliano de Habsburgo deponiendo las armas a cambio de poder y mando. Díaz rechazó el ofrecimiento y avanzó sobre la ciudad de Puebla. Al enterarse que el ejército enemigo a cargo de Leonardo Márquez, venía en defensa de la ciudad desde Querétaro, Porfirio Díaz decidió asaltar la plaza la madrugada del 2 de abril de 1867, logrando la victoria.
DÍAZ, DICOTOMÍA ENTRE EL “HÉROE O VILLANO”
Negar o ignorar la hazaña realizada por Porfirio Díaz el 2 de abril, la cual contribuyó en gran medida a la caída del gobierno imperial y el fin de la Guerra de Intervención Francesa, es conocer parcialmente la historia de México y refleja un desconocimiento en la historiografía de este polémico personaje. Aún en nuestros días se discute sobre la dualidad que representa la figura de Porfirio Díaz, mientras unos lo conciben como el Soldado de la Patria y Héroe del 2 de abril, otros lo señalan de “dictador y tirano”. Es cierto, es difícil justipreciar a un personaje que, por un lado, tuvo una carrera militar destacada y de servicio a la patria y, por otro lado, se perpetuó en el poder con una gestión marcada por claroscuros.
¿Cómo debe concebirse a un Porfirio Díaz después de conocer su carrera militar? Sin lugar a dudas, se le debe restituir su lugar en la historia como uno de los personajes que a través de su participación en innumerables batallas, defendió el honor
y soberanía nacional ofreciendo un legado de sacrificio y patriotismo.
La educación resulta primordial para conocer a nuestros “héroes y villanos”. A pesar de que cada vez más exista una apertura para presentar en la historia oficial ciertos aspectos del Porfiriato, considero que aún hay varios elementos que deben tratarse con profundidad para valorar a un personaje en su tiempo y contexto. Mientras esto no suceda, sumerjámonos en textos de distintos autores, corrientes, pensamientos y forjémonos una opinión más equilibrada que ponga en su justa dimensión a nuestros personajes históricos.
Coincido con Paul Preston, quien no conoce su historia, está condenado a repetir sus errores
