Renta básica populista

Por Daniel Aceves Villagrán El día de hoy, a un año exactamente de concluir la administración pública federal 20122018, y en el marco del proceso electoral que tendrá como fecha culminante el primero de julio del próximo año, en donde habrán de renovarse los ...

Por Daniel Aceves Villagrán

El día de hoy, a un año exactamente de concluir la administración pública federal 2012-2018, y en el marco del proceso electoral que tendrá como fecha culminante el primero de julio del próximo año, en donde habrán de renovarse los poderes Ejecutivo y Legislativo, disputándose también nueve gubernaturas y más de 3 mil 600 puestos de elección popular, es aquí en donde surgen propuestas recicladas que tienen por objeto el crear simpatías electorales y que no son otra cosa que mecanismos populistas que no atienden a un sentido de realidad en los ámbitos político-social y mucho menos en el económico.

Me refiero a la propuesta denominada “renta básica universal”, misma que ha sido retomada por el frente integrado por los partidos Acción Nacional, Revolución Democrática y Movimiento Ciudadano.

Ya en el Senado de la República se presentó la iniciativa de reforma al artículo 25 de la Constitución General de la República, para crear el “ingreso básico ciudadano” como un derecho humano para promover la igualdad y equidad en la distribución de la riqueza, considerando para tal propuesta un monto de 2 mil 200 pesos per cápita para absolutamente todos los mexicanos.

A nivel internacional se ha llevado y traído la necesidad de contar con un apoyo vitalicio en el que se traslade un monto económico a todas las personas por el solo hecho de ser ciudadanos, situación que rompe con la experiencia de los últimos 20 años en los Programas de Transferencias Monetarias Condicionadas, en donde México es un referente internacional indiscutible.

La interrupción generacional de la pobreza se promueve a través de un contrato social en donde las familias reciben apoyos monetarios bajo la condición de invertir en capital humano, en salud, educación y alimentación. Los antecedentes de programas como Progresa, Oportunidades y hoy Prospera, Programa de Inclusión Social, evidencian avances significativos en la calidad y esperanza de vida.

Estamos ciertos que la pobreza se supera multifactorialmente y el asunto clave es el crecimiento económico y la generación de empleos de calidad, así como la disciplina fiscal y monetaria, no obstante habrá que reflexionar sobre cuál sería la fuente de financiamiento de una “renta básica universal” como la que se está proponiendo, la que por sí misma consumiría un gran porcentaje del Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) y con ello, cancelando posibles inversiones en la mayor parte de rubros en los que se desempeña el gobierno y el estado mexicano.

Al hablar de ello, no sólo la economía se expone a un colapso financiero, sino también a migrar a un esquema asistencialista que en otros tiempos se ha señalado como paternalismo, que inhibe el desarrollo del país, primordialmente en el ámbito social.

En este sentido, debiésemos de preguntarnos sobre la capacidad económica para atender una discutible innovación, bien vista en algunos foros intelectuales y que ante el impecable argumento de igualdad parecería una oferta política que pudiera hacer ganar muchos votos.

La falta del sentido de realidad a todas luces implicaría el recibir dinero sin que exista trabajo, esfuerzo o corresponsabilidad alguna. Estoy cierto de que inmersos en el tema electoral se vale salir a la conquista de los electores, pero siempre queda la necesidad de que este tipo de propuestas y de ejercicios se realicen con responsabilidad, sin confundir lo deseable con lo posible, fortaleciendo los programas sociales y la recompensa social dirigida a las personas que mantienen conductas de esfuerzo y dedicación.

*Analista

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