La Constitución, la Revolución y el Ejército
Para defender la Constitución es un deber cívico de todos los mexicanos conocerla
por Jorge Nuño Jiménez*
El portentoso marco histórico del Teatro de la República, en la ciudad de Querétaro, se vio engalanado con la ceremonia solemne de gran importancia para nuestra conciencia nacional al conmemorarse el primer centenario de la Constitución de 1917, efeméride muy importante y oportuna en estos momentos para nuestro país, que ha recibido desde el exterior voces de agravio, insulto, amenazas y humillación.
El Presidente de la República, Enrique Peña Nieto, encabezó la magna ceremonia, tomando el guante lanzado al pueblo, no desaprovechó la oportunidad para enviar un mensaje a la nación, acompañado por los gobernadores de todas las entidades federativas de la República, así como los tres Poderes de la Unión. Habló fuerte y claro, retomando los prolegómenos de nuestro pasado que hoy están a prueba, en estos momentos cruciales de conjuras, retos y desafíos desde el exterior e interior de nuestra nación, convocando a cerrar filas en torno a la seguridad nacional para defender las aspiraciones constitucionales de fraternidad, igualdad y respeto a los valores nacionales.
Especial significado tuvo la alocución del ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Luis María Aguilar, quien atinadamente hizo un exhorto a los mexicanos para defender lo más sagrado de nuestros valores nacionales: la soberanía, la solución pacífica de las controversias, la autodeterminación, la igualdad jurídica de los Estados, los derechos humanos, valores que son nuestros principios, faro de luz que iluminan el camino y le da fuerza a nuestro destino como país soberano, ante la comunidad internacional orgulloso de su historia, enviando un claro mensaje de alto nivel para defender al Estado mexicano.
En esta ceremonia fue muy destacado el atronador aplauso a nuestras Fuerzas Armadas, y muy especialmente al Ejército mexicano, por su lealtad a las instituciones nacionales y celo en el cumplimiento del deber, salvaguardando siempre la seguridad exterior e interior de la nación. La exposición Fuerzas Armadas: pasión por servir a México fue notoria y de gran ovación. La institución Ejército Mexicano es hija legítima de la Revolución, constituida por decreto del primer Jefe del Ejército Constitucionalista, don Venustiano Carranza, en el Plan de Guadalupe, que fue firmado en la hacienda de Guadalupe, Ramos Arizpe, en el estado de Coahuila, redactado el 23 de marzo y firmado el 26 del mismo mes del año 1913. De ese gran movimiento se cristalizó en el advenimiento de un nuevo orden constitucional, que en este último siglo se ha convertido en defensor de la ley basado en la Constitución.
Actualmente el Ejército mexicano, con abnegación, trabaja sin descanso para defender sin titubeos la seguridad exterior de nuestra nación y coadyuva con las autoridades civiles para cooperar en la difícil tarea de la seguridad interior de nuestra patria.
Dice un proverbio chino, que “cuando tomes agua de un pozo, pregunta quién hizo el pozo”.
De acuerdo con este principio, no podemos dejar de mencionar al Barón de Cuatrociénegas, don Venustiano Carranza, cuya figura se agiganta hoy por haberse inspirado en la construcción de una nueva Constitución política, para un país que deseaba convertirse en una potencia de la paz, no se quedó en simple reforma a la Constitución de 1857, sino en la discusión, aprobación y proclamación de una nueva Constitución, Carta Suprema que recoge los derechos del hombre, la organización del Estado, la construcción de una nueva sociedad integrada por individuos, regida por el derecho.
Éste debe ser el mejor momento para recordar con cariño a ese hombre ilustre, don Venustiano Carranza, que se erige como un enorme monumento para la posteridad y por haber recogido los sentimientos más puros de los anhelos de la lucha armada para la construcción de una nueva etapa, una patria nueva, con una Constitución formada en la lucha de un pueblo por su afán por alcanzar sus derechos fundamentales, plasmados en un proyecto de nación, fundado en un pacto social para la igualdad, enarbolando por primera vez en este documento los derechos sociales, para la erradicación de la pobreza, la debida protección social de obreros y peones acasillados, que eran explotados injustamente por un sistema hacendario, que llevaban la marca del látigo en sus espaldas.
Tampoco podemos olvidar a muchos hombres que trabajaron y aportaron ideas, como Heriberto Jara, Manuel Cepeda Medrano, Félix F. Palavicini, Esteban Vaca Calderón, Cándido Aguilar, Juan de Dios Bojórquez, Rafael Martínez de Escobar, Luis Espinosa, Froylán Manjarrez, Pastor Rouaix Méndez, diputado poblano a quien se le atribuye, a lado de otros, las mejores ideas para la redacción de los artículos 27 y 123.
Don Luis Cabrera decía: “La revolución es la revolución”, al referirse a los patriotas sensibles en la difícil hora mexicana, en donde más de un millón de campesinos dejaron el arado y el surco para contribuir con su sangre generosa y hacer realidad una norma suprema para el bien del país: la nueva Constitución, que estableció un sistema democrático, un gobierno que se distribuye en tres poderes: Legislativo, Ejecutivo y Judicial.
Para defender la Constitución es un deber cívico de todos los mexicanos conocerla, para así poder exigir nuestros derechos y cumplir obligaciones fundamentales para una convivencia armónica. Como ciudadanos libres, soberanos, subordinados a un orden constitucional.
La Constitución de 1917 fue admirada por la comunidad internacional, por consagrar por primera vez en su texto los derechos sociales y las garantías individuales y entendiendo que la política exterior es la continuación de la política interior que se nutre de la historia, en afanes de igualdad y respeto en los principios fundamentales de respeto a la comunidad internacional, estableció también elementos básicos de la educación laica y gratuita. La soberanía nacional y la forma de gobierno, que posee el pueblo para autodeterminarse escogiendo libremente la forma de ser gobernado, proclamando que todo poder público dimana del pueblo y se instituye para su beneficio.
El término soberanía plasmado en nuestra Carta Magna recoge los principios del documento llamado Sentimientos de la Nación, que fue elaborado por uno de los grandes hombres de nuestro movimiento de Independencia, don José María Morelos y Pavón, así como de la Constitución de Cádiz de 1824, que invocó la soberanía que debe residir en el pueblo. Recoge también principios del decreto constitucional para la América mexicana, Constitución de Apat-
zingán de 1814, del Acta Constitutiva y Constitución de los Estados Unidos Mexicanos de 1824, que consolidó a nuestra nación como un Estado federal; así como la de 1857, Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos, la cual conservó el mismo régimen, decretando la separación de la Iglesia del Estado, y finalmente la Carta Magna de 1917, decretada el 5 de febrero de 1917, la cual estableció un gobierno representativo, democrático y federal, y se reconoció como la primera Constitución social en el mundo, estableciendo la propiedad comunal y los derechos laborales de la sociedad.
*Director general del Centro de Estudios Económicos y Sociales del Tercer Mundo, A.C.
Miembro de la Academia Nacional de Historia y Geografía, A.C.
