Tiempos complicados

Durante su campaña política, Trump
abrió las puertas al resentimiento y al odio

Por Leandro Arellano*

En el año en curso al menos tres naciones han obrado con cierto exceso, cuyo peaje no han de pagar sólo ellas. ¿Quién podría dudar de la contribución de Inglaterra al desarrollo de la humanidad en los últimos siglos? Con todo y ello, se dejó poseer por un desvarío y optó por abandonar la Unión Europea. En Colombia, la población decidió que el rencor y la venganza debían prevalecer sobre la paz, por incompleta que ésta fuese.

En Estados Unidos han elegido a un Presidente cuya campaña política se encaminó a denostar el establishment y los valores del capitalismo. No paró ahí, pues también abrió las puertas al resentimiento y al odio. Las autoridades mexicanas parecen no advertir el riesgo. No creo que se trate de una oportunidad, como algunos pregonan, por el contrario. Se avecinan tiempos complicados para México. Será un error cruzarse de brazos o esperar a ver qué pasa.    

     El triunfo de Trump anuncia, también, el principio del fin del capitalismo —en su forma actual— y proclama el término del predominio anglosajón en el mundo de los siglos recientes. La consumación de un imperio —lo enseña la historia—  sólo puede provenir de dentro. Así cayeron Atenas, Roma, Constantinopla, Gengis Khan, Carlos V, Napoleón, el imperio británico... Todos ellos se han desmoronado desde el interior, nunca de fuera. “La labor que aguarda a los estadistas estadunidenses en las próximas décadas, por lo tanto, es reconocer las tendencias mayores que acontecen, así como la necesidad de “controlar” los asuntos, de modo que la relativa erosión de la posición de Estados Unidos tenga lugar de manera suave y lenta, y no sea apresurada por políticas que sólo aporten ventajas a corto plazo, pero desventajas a largo plazo”, escribió Paul Kennedy en su libro visionario, The Rise and Fall of the Great Powers, hace casi tres décadas.

Trump promueve anhelos contrarios a los que predicaron la democracia y el imperio. No pocos en su país sienten como él. Cuidado: el resentimiento y la amargura tienen finales cruentos. No son los mexicanos quienes han empobrecido a ciertos estratos estadunidenses, ha sido la política económica de Estados Unidos, la que estuvo encaminada, sobre todo a partir de Reagan, hacia una despiadada concentración de la riqueza. Así fue como en las últimas décadas produjo polarización y mayor desigualdad. Un obrero de Irapuato, Torreón o Puebla no influye en la economía mundial, lo hacen las compañías y los corporativos que los contratan. Nada más natural para una persona con los afanes del señor Trump que encabezar los agravios de esa masa enorme que durante casi todo el siglo XX constituyó la espina dorsal de la sociedad americana y que hoy, en virtud de esas políticas, se encuentra empobrecida.

Con un ideario y un programa de gobierno azarosos, el señor Trump ha desatado en la calle, en los hogares y en el debate público, el odio y el resentimiento, generadores del populismo y las dictaduras. 

La geografía no la elige un país. Su historia sí; en parte, al menos. Hay que prever, ya. Entre algunas medidas que se podrían impulsar en México, se hallan: El establecimiento de cuentas bancarias en dólares y euros, para la paisanada y otros. Anunciar un régimen de liberación —regulada—  del cultivo, desarrollo, uso y consumo de enervantes. Prohibición rigurosa de la importación de todo tipo de armas de Estados Unidos. Realizar una campaña de desarme en México. Tipificar el racismo como crimen punible en nuestra legislación. Fortalecer el mercado interno con aumento de salarios. Coordinar acciones con otros países —ante políticas que nos afecten—  en la OMC, la OEA, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU y otros organismos internacionales. Reforzar los Consulados de México para promover, con las comunidades mexicanas, la defensa y protección —ante tribunales—  de sus personas, bienes y posesiones, a través de mecanismos específicos.

*Diplomático y escritor

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