Crimen atroz contra nuestros soldados

En este sexenio se han perpetrado más de mil ataques a elementos del Ejército en todo el país; lo justo sería no regatearle el apoyo de la sociedad y el Poder Legislativo

Por Jorge Nuño*

A las viudas y huérfanos de nuestros soldados asesinados

El acto de salvajismo ocurrido el viernes pasado en una emboscada perpetrada por criminales, enfermos, o mejor dicho “bestias criminales”, como acertadamente los calificó el secretario de la Defensa Nacional, general Salvador Cienfuegos Zepeda, es un acto abominable, que agravia a la sociedad, e insulta a todo ciudadano digno, amante de la paz, el orden constitucional y el Estado de derecho.

Ante estos muy lamentables hechos, repudiados por todos, no podemos ocultar ni menos hacernos de la vista gorda, porque seriamos cómplices de estos desalmados que creen que realizaron un acto de “heroísmo”; tampoco cerrar los ojos ni guardar silencio. Todo lo contrario, éste es el momento de levantar la voz solidariamente con esa institución republicana que ha dado muestras de abnegación y heroísmo a lo largo de más de 100 años de su historia.

Éste es el momento de ser congruentes, para pensar y actuar, en apoyo de nuestros soldados que también son seres humanos, destinatarios de protección de las leyes humanitarias. Siempre cumplen con su deber efectuando misiones que tal vez no les correspondan, como es el combate al crimen organizado, coadyuvando con otras autoridades.

Fue un ataque cobarde, que agravia al sentimiento de nuestra nación. No podemos pasar por alto esta atrocidad, porque estos seres también tienen derechos humanos y sirven a la institución por convicción, sacrificándolo todo: comodidades, persona, familia y, como en este caso, la vida misma. Entregando su cuerpo y su corazón pensando en la patria, que un soldado en cada hijo le dio. Deberían ser honrados al lado de otros caídos, no solamente con un sepulcro de honor, sino con guirnaldas de cariño, de reconocimiento de la ciudadanía porque lo dieron todo a cambio de nada.

Reciben y cumplen órdenes para proteger a la población civil, como ocurre ante huracanes, inundaciones, terremotos; son el apoyo solidario del pueblo humilde, que aparecen siempre entre lluvia y huracanes como por arte de magia, salvando vidas de niños, mujeres y ancianos y, actualmente, también cumplen su deber luchando en contra de lacras que tratan de alterar la tranquilidad y la paz de la nación, pero se equivocan. México cuenta siempre con un aliado leal y abnegado: el Ejército Mexicano.

Subrayo que nuestras Fuerzas Armadas cumplen misiones para coadyuvar con autoridades civiles, con el fin de mantener la tranquilidad y el orden público siempre en apoyo de autoridades a quienes competen estas tareas, que lamentablemente algunas han sido rebasadas.

La razón y la verdad siempre afloran, no debemos olvidar la inspiración de nuestras Fuerzas Armadas ante atrocidades, actos de provocación alevosa, barbarie y toda comisión de actos irracionales cometidos por esta caterva de delincuentes; jamás actuarán con un sentido vengativo ni de ajuste de cuentas, simplemente su respuesta es aplicar la justicia con la ley en la mano. Así de fácil, así de sencillo. 

Éste es el mejor momento para que recordemos y no se nos olvide el origen y filosofía de esta noble institución, que nació del pueblo, se nutre del mismo para erigirse en el garante del orden constitucional, para garantizar la seguridad de la nación.

Los lamentables hechos ocurridos en Tanhuato provocaron una justa protesta y demanda de las organizaciones de derechos humanos clamando justicia. La pregunta aquí es: ¿reaccionarán igual estas organizaciones por la violación flagrante del derecho a la vida de los mártires de Culiacán, en contra de soldados que llevaban a un hospital a un herido? Que conste que es pregunta.

En lo que va de la actual administración han ocurrido más de mil ataques en diferentes partes de la República en contra de efectivos de las Fuerzas Armadas. Muchos han muerto. Según informes, han fallecido más de 57 elementos, cifra a la cual debemos sumar los cinco que recientemente perdieron la vida. Otros han sido heridos, víctimas de  emboscadas, blanco predilecto de organizaciones criminales, la mayoría de ellos permanecen en el olvido.

Sería deseable una respuesta de la sociedad y de las instituciones legislativas para no regatearle al Ejército, que cumple con su deber, que no se cansa y no titubea.

Pregunta: ¿Por qué no se le ha otorgado el marco jurídico adecuado para que pueda luchar con las garantías necesarias contra el crimen organizado?

A manera de conclusión: ¿Qué piden las Fuerzas Armadas a la sociedad? Generalmente nada, requieren su respaldo y exigen a las autoridades de procuración y administración de justicia que los delincuentes que agredan a seres humanos se les aplique el debido castigo que las leyes establecen. ¿Hasta cuándo seguirán estas fuerzas oscuras abusando de la paciencia del pueblo?, ¿a quién quieren amedrentar?

*Director general del Centro de Estudios Económicos y Sociales del Tercer Mundo

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