La trampa de la desigualdad
Si atendemos a la concentración de la riqueza, el 1% en México acapara mayores ingresos que en EU, Colombia o Sudáfrica
Por consuelo lópez-Zuriaga*
La desigualdad extrema es la “enfermedad” de nuestro siglo. Actualmente, existe cierto consenso entre economistas, instituciones internacionales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la OCDE, y líderes políticos de diferente corriente ideológica, al afirmar que combatir la desigualdad extrema debe ser uno de objetivos de cambio del sistema mundial en los próximos años.
En México la desigualdad extrema no es un fenómeno nuevo. Podríamos incluso pensar que subyace en la historia y en la formación de su estructura económica, política y social. No obstante, las cifras que arroja hoy el análisis de la desigualdad en México son alarmantes. México es uno de los países más desiguales del mundo y, a la vez, es una potencia regional en la zona más desigual del planeta: América Latina.
Sorprende que, siendo la decimocuarta economía del mundo, se encuentre entre los 25 países más desiguales, junto a India y Sudáfrica. Si atendemos a la concentración de la riqueza, el 1% en México reúne mayores ingresos que en Estados Unidos, Colombia o Sudáfrica.
Cabría preguntarse ¿por qué es importante para México abordar la desigualdad extrema? La respuesta está en los múltiples efectos que tiene sobre la vida de la gran mayoría de sus habitantes. La desigualdad afecta en diferentes dimensiones la vida diaria.
Desde el punto de vista puramente económico, frena el crecimiento e impide que éste sea inclusivo y sostenible. Hoy, mientras el PIB per cápita crece a menos de 1% anual, la fortuna de los 16 mexicanos más ricos se multiplica por cinco.
Socialmente, la desigualdad y la falta de oportunidades de futuro, favorece sociedades polarizadas y violentas. La desigualdad se encuentra en la raíz de la tensión social que acabará transformándose en violencia estructural. De acuerdo a un reciente estudio del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, los países con más muertes por conflictos durante 2014 fueron Siria, Iraq y México.
En cuanto a los vínculos entre la desigualdad y el sistema político, existe la certeza de que la desigualdad está estrechamente relacionada con la baja calidad democrática y la fragilidad institucional de los sistemas políticos. La desigualdad extrema se manifiesta en la “captura política” del sistema democrático por las élites que lo controlan, con el fin de maximizar y perpetuar sus beneficios. Así, la desigualdad disuelve el principio de equidad fundacional de los sistemas democráticos y configura “democracias imperfectas” que en cierta medida, legitiman un sistema que no favorece a la mayoría. Se produce esa gran paradoja que son las democracias sin derechos, donde el Contrato Social deja de ser el pacto legítimo entre gobernantes y ciudadanos.
Combatir hoy la desigualdad en México no es una cuestión ideológica, es salvar nuestra democracia.
*Directora ejecutiva de Oxfam México/ www.oxfammexico.org
