Santos y su laberinto de la paz
Por Walter Meade Segunda y última parte Carlos Payán apoyado por su socio Epigmenio Ibarra, director de la productora Argos, se vieron en la necesidad de encontrar un “periodista que no fuera periodista” y que a la vez pudiera garantizar que Raúl Reyes emitiera el ...
Por Walter Meade
Segunda y última parte
Carlos Payán apoyado por su socio Epigmenio Ibarra, director de la productora Argos, se vieron en la necesidad de encontrar un “periodista que no fuera periodista” y que a la vez pudiera garantizar que Raúl Reyes emitiera el mensaje correcto.
El senador Payán y los tres escritores decidieron que si la “entrevista” no iba a ser “entrevista”, porque jamás se haría pública, entonces la mejor manera de decidir el dónde y el cómo era hacerla en el marco del “realismo mágico” noticioso. Tenía que parecer hecha en Colombia, pero en realidad se haría en algún lugar de México.
Durante este complejo proceso Juan Manuel Santos siempre estuvo al tanto de los avances para la realización de la entrevista. Recibía información privilegiada. Al fin y al cabo el oráculo de la literatura lo había profetizado: “algún día serás presidente”.
Las cosas se pusieron a punto para realizar la entrevista. Eran las seis de la mañana cuando a la colonia Anzures de la capital mexicana, el “periodista” llegó en un Jetta rojo por el comandante Raúl Reyes, se encaminaron al estado de Morelos. Hicieron una breve escala en Tlayacapan y de ahí, se dirijieron hacia un paraje donde se realizaría la entrevista.
En el trayecto al lugar, el extinto comandante guerrillero habló de los procesos de paz en Angola, El Salvador, Guatemala e Irlanda, así como de la complejidad para que las FARC se pudieran hacer del poder por la vía armada y la necesidad de que la guerrilla contara con armamento de última generación para neutralizar a la Fuerza Aérea Colombiana, para así decantar la guerra a favor de los insurgentes.
Raúl Reyes, para entrar “clandestinamente” a México, se había quitado la barba, pero eso estaba previsto; ningún cabo se había dejado suelto. En la lujosa casa de fin de semana ubicada en Morelos, una maquillista le pondría una barba postiza al comandante guerrillero; los uniformes del comandante y las guerrilleras que lo acompañarían en la entrevista habían sido traídos desde Colombia. El set de filmación estaba listo bajo el radiante sol del lugar.
El segundo en la línea de mando de las FARC, Raúl Reyes, se sentó sobre una piedra y se recargó en un árbol. Dos camarógrafos apuntaban en dirección del comandante y del “periodista”. La escena era contemplada bajo la mirada profesional de quien hoy es uno de los mejores directores de cine en México. Hasta en lo estético se pensó. Era una película, cuyo guión, en buena medida, había sido preparado por un Premio Nobel de Literatura.
Al día siguiente de la “entrevista” el gobierno de Colombia y el Departamento de Estado recibieron sus respectivas copias del video con la entrevista; a los pocos días se tenía el aval de ambos gobiernos para que se convocara públicamente a la guerrilla y al gobierno colombiano a buscar una salida negociada al conflicto interno.
La imaginación de tres grandes de la literatura latinoamericana y la audacia política de Carlos Payán Velver habían permitido, gracias a esa entrevista, dar paso a la creación de una Zona de Distensión para el gobierno y la insurgencia en los departamentos del Caqueta y el Meta, como lo había propuesto casi dos años antes Juan Manuel Santos.
A diez años de que se hubieran roto aquellos diálogos de San Vicente del Caguán, durante el Hay Festival en Cartagena de Indias de 2012, con el Teatro Heredia lleno, Carlos Fuentes compartiendo el escenario junto al presidente de Colombia, expresó públicamente una segunda profecía literaria, que con Santos en la presidencia se firmaría la paz.
El presidente Santos sabe del papel que en su momento jugó México en la construcción de una vía para la paz en Colombia, porque Carlos Fuentes fue, desde que ambos entablaron su amistad en Harvad, el mejor ejemplo del compromiso que muchos mexicanos han hecho para buscar una solución a más 50 años de conflicto armado en ese país.
Juan Manuel Santos llegará en visita oficial el 7 de mayo a México con dos acuerdos diplomáticos fundamentales para el cierre y concreción del proceso de negociación entre el gobierno y las FARC: el primero, la visita que realizará el papa Francisco a La Habana y a Estados Unidos el próximo mes de septiembre –así como la probable inclusión de Colombia en esa misma gira papal—, y el segundo, el nombramiento de Bernard Aronson como enviado especial de Estados Unidos para los diálogos de La Habana.
Pero lo importante de esta visita oficial para los dos países es identificar cuál será el papel que jugará nuestro país en este último tramo de las negociaciones entre el gobierno y la insurgencia en La Habana y también, cuál será nuestra ubicación en el escenario geopolítico latinoamericano del postconflicto colombiano.
La carrera política de Juan Manuel Santos no terminará junto a su segundo mandato presidencial en 2018, pues si firma los acuerdos con las FARC, la guerrilla más longeva del mundo, será un candidato natural a recibir el Premio Nobel de la Paz.
Para comprender las intenciones y complejo juego estratégico de Santos hay que verlo como lo describió su maestro Carlos Fuentes: “Su mirada felina, sus ojos de gato transformados en puma, barómetro de una sonrisa franca, permanente y, por ello, casi amenazante. Una mirada de atención continua, de curiosidad severa, de advertencia disimulada”. Ese es Juan Manuel Santos en su laberinto de la paz.
