In memoriam Alfredo Phillips Olmedo
por Francisco Suárez Dávila* Un trágico accidente en nuestro monstruo metropolitano, que carece de la mínima protección al peatón, reclamó prematuramente la vida de un distinguido mexicano: Alfredo Phillips Olmedo. Él era parte de esos cuadros destacados formados ...
por Francisco Suárez Dávila*
Un trágico accidente en nuestro monstruo metropolitano, que carece de la mínima protección al peatón, reclamó prematuramente la vida de un distinguido mexicano: Alfredo Phillips Olmedo. Él era parte de esos cuadros destacados formados por la escuela de la Secretaría de Hacienda y el Banco de México, que durante ese largo periodo de crisis compartimos el duro fuego de la trinchera económica y formamos sólidos lazos de amistad, entre ellos, José Ángel Gurría, Salvador Arriola, Dionisio Meade, Mauricio Campos, Guillermo Prieto. Todos apoyamos a nuestros entonces jefes y ahora amigos: Jesús Silva Herzog, David Ibarra, Fernando Solana y Bernardo Sepúlveda y a los gobiernos de López Portillo, Miguel de la Madrid, Salinas y Zedillo. En todo ese periodo, Alfredo hizo importantes y poco conocidas contribuciones a la acción nacional.
Hace 45 años me tocó conocerlo y trabajar con él en el Banco de México; eran los días de la crisis monetaria internacional detonada por la caída del dólar y el alza inusitada del precio del petróleo. Con Fernández Hurtado, gobernador del Banco de México, pudimos ejercer un verdadero liderazgo internacional. Así, contribuimos a la creación del Grupo de los 24, necesario para balancear en los debates de la reforma sistémica, el poder del Grupo de los 10 países industriales e impulsamos la creación en el FMI y el Banco Mundial del Comité Ministerial del Desarrollo para que no hubiera sólo el de Temas Monetarios.
A partir de 1982 el presidente De la Madrid lo designó director de Bancomext, que se hizo una institución de banca de desarrollo fuerte con la integración de Fomex y del Instituto Mexicano de Comercio Exterior; con las utilidades provenientes del crédito, sustentó la promoción del comercio demostrando que deben ir juntas. Una institución más conocida por su revista que por su financiamiento, la convirtió en un banco que ayudó a combatir la crisis, rescatando las empresas carentes de dólares. Fue el único banco público o privado no apoyado o subsidiado, demostrando que una buena gestión no depende de la naturaleza de su propiedad.
En el gobierno de Salinas fue embajador en Canadá; ayudó a convencer a ambos gobiernos, donde había escépticos, que Canadá debía entrar al TLCAN, como instrumentó de equilibrio con Estados Unidos. Después fue exitoso embajador en Japón. Fue el forjador y primer director del Banco de Desarrollo para América del Norte, institución desaprovechada.
Ayudó a conformar una política eficaz de vivienda como subsecretario de Colosio, con quien le unió una estrecha amistad hasta su asesinato y luego fue eficaz y honesto director del Infonavit. Fue diputado federal, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores. En esa tribuna y otras, compartimos la defensa de la banca de desarrollo y la supervivencia de Bancomext, que ahora se ha logrado, y la de una política financiera internacional activa, ejerciendo el liderazgo de México.
Compartimos grupos de discusión sobre los grandes temas nacionales: el desayuno de los sábados del Club de Industriales, coordinado por Prudencio López; el de líderes priistas con Humberto Roque; el de economistas, con Jorge Orvañanos. De manera muy grata con su alegre y gran compañera, nuestra amiga Maureen, recorrimos algunos hermosos lugares del mundo con un grupo que se denominó “de los economistas navegantes”, a veces jugando dominó, que no era su fuerte, aunque alguna vez le impusimos “un zapato cuádruple” a dos gobernadores del Estado de México, en su propio territorio en Valle de Bravo. Disfrutó con su hermano Carlos la promoción nacional e internacional del gran Museo Dolores Olmedo, donado por su madre a la nación.
Todavía a sus 78 años, con su espíritu incansable, contribuía con el esfuerzo de César Camacho y Humberto Roque para aprovechar la experiencia de algunos exfuncionarios públicos destacados para analizar, debatir y difundir las nuevas políticas públicas.
¡Descansa en paz, querido Alfredo! Ante tus familiares, tus amigos, tu país, podrías decir sin duda alguna, que en todo lo que emprendiste en tu paso por la vida, ¡misión bien cumplida!
* Embajador de México en Canadá
