Los tiempos de la reforma energética
Es prioritaria una adecuada discusión, pues una negligente apertura del sector dejará los precios de los combustibles sujetos a la especulación
por Luis Espinosa Cházaro*
Aquellos que exigen una definición apresurada en relación con la reforma energética, una decisión definitiva para este periodo ordinario de sesiones del Congreso de la Unión, utilizan argumentos vagos y falaces. Por ejemplo, aseveran que mientras en el resto de los países se avanza a una velocidad acelerada en materia energética, en el nuestro permanecemos en la indefinición, o si la discusión se difiere se tendría como consecuencia un retraso en la reducción de las tarifas de gas o que sigan creciendo los costos que asumen las empresas y familias mexicanas.
Estoy seguro que no ha existido la suficiente confrontación de posturas en ningún espacio; más bien, ha prevalecido el monólogo una y otra vez en varios de los diferentes eventos a los que se les ha denominado “foros de debate”.
Contrario a tal lógica, el tópico debe ser expuesto a profundidad, a conciencia, con los tiempos que sean necesarios, sin estar sujeto a las prisas de intereses particulares que pretenden imponerse al interés público.
El PRI ha enunciado elementos críticos que advierten efectos negativos sobre las empresas y la población mexicana; esas circunstancias a las que hacen alusión, y que ahora condenarían al sector energético, son claramente consecuencia de las malas decisiones que se han tomado en anteriores administraciones priistas y panistas.
Actualmente, el alza en los precios del petróleo es empujada por un incremento en la demanda, afectada ocasionalmente por conflictos de tipo político y bélico en los principales países productores.
Es por ello que enfatizo: Es prioritaria una adecuada discusión, pues una potencial y negligente apertura del sector dejará los precios de los combustibles sujetos a la mera especulación de los mercados internacionales. Por ejemplo, durante la guerra de Irak, en 2008, el precio del petróleo pasó a 132.2 dólares por barril, cuando en junio de 2007 tuvo un precio promedio de 71.05 dólares por barril. Durante el mismo periodo, el precio promedio de las gasolinas en Estados Unidos pasaron de 3.102 dólares a 4.105 dólares por galón.
En tanto, Pedro Joaquín Coldwell, secretario de Energía, afirma que en caso de diferir la discusión, “enfrentamos” el riesgo de depender energéticamente de Estados Unidos. Tal aseveración es irresponsable. Hay quienes proponemos una sensata discusión y tenemos como objetivo el máximo bienestar para la nación.
La propuesta del PRD en materia de energía tiene como objetivos favorecer y alentar el bienestar de las familias mexicanas, mejorando el acceso y la calidad mediante la reducción de los precios de los bienes y servicios energéticos.
Estamos ciertos de que no somos una economía aislada del resto del mundo y de que es primordial discutir —el tiempo que sea necesario— para generar una reforma que asegure, entre otros elementos, que el crecimiento económico se encuentre vinculado al fortalecimiento de la industria nacional, a la investigación y al desarrollo de tecnología.
Las negociaciones “en lo oscurito” y las determinaciones de apresurar y forzar una decisión en materia de energía, bajo falacias y sarcasmos que rememoran el autoritarismo del viejo sistema, repercutirán de manera negativa en las mexicanas y los mexicanos y, por ende, a la nación.
Bajo los principios de cooperación y consenso, jamás imposición, debemos tomar una decisión responsable y legítima.
*Diputado Federal LXII Legislatura
