El gran cambio en el mundo del trabajo
En la India, que pronto será el país más poblado del mundo, se necesitan más de 10 millones de nuevos empleos cada año.
Por Klaus F. Zimmermann*
Si alguien necesita una llamada de atención sobre lo mucho que el mundo, tal como lo conocemos, está cambiando, considere esto: China, al apostar su futuro a robots, es sin duda la señal más cruda imaginable. Parte de la razón es que el tamaño de la fuerza laboral de China —durante mucho tiempo la fuente de preocupaciones existenciales en el mundo occidental acerca del envío de los trabajos de montaje— ha alcanzado su pico.
Las presiones del mercado laboral también se dejan sentir en otras partes. En la India, que pronto será el país más poblado del mundo, se necesitan más de 10 millones de nuevos empleos cada año —sólo para encontrar un empleo para los nuevos participantes en el mercado laboral.
Y en todo el mundo los graduados universitarios —ya sea en los países “ricos” o aquellos en desarrollo— encuentran que su grado académico solo no es garantía para conseguir un trabajo.
Mientras tanto, los robots no amenazan únicamente empleos de línea de montaje en el sector manufacturero. Los llamados robots de servicio y la informatización están obligados a cobrar un precio en una gama de ocupaciones —de pilotos de líneas aéreas y conductores de camiones a cirujanos y cocineros.
En la actualidad, hay mucho tecno-bombo (y mucha tecno-fobia) cuando se trata de robots y automatización. La mejor evidencia que hemos recogido hasta el momento apunta a efectos negativos para los empleos menos calificados y también para algunos trabajadores de mediana especialización.
El cambio es siempre desconcertante. Y mientras que la forma precisa del futuro es incierta, sabemos de algunos cambios fundamentales. El empleo permanente en una sola empresa y uno hasta los contratos de trabajo formales serán algo cada vez más raro de lo que eran en los últimos tres cuartos de siglo (al menos en los países desarrollados).
La mayor “informalidad” en los acuerdos de trabajo —considerados durante mucho tiempo un fenómeno que afecta principalmente a los países en desarrollo— también se está afianzando en los países desarrollados. Está, de hecho, convirtiéndose en un gran nivelador a nivel mundial.
El efecto neto de esta tendencia es que, en general, los riesgos asociados con el trabajo se transfieren más a los individuos.
Mientras este nuevo mundo del trabajo emerge, el proverbial mundo de 9-a-5 desaparece con rapidez. En realidad puede ser liberador para las personas que necesitan horarios más flexibles, incluidas las madres que trabajan. Con el tiempo, también debe dar lugar al descongestionamiento de las arterias de tráfico, ya que la locura de “horas pico” dos veces al día se convertirá en un problema menor en las ciudades del mundo.
Este cambio hacia modalidades de trabajo más flexibles crea nuevos desafíos. El trabajo flexible puede ser demasiado impredecible para programar de manera fiable otras actividades, tales como citas médicas difíciles de obtener o para agregar horas adicionales de trabajo en otra empresa.
Los aspectos positivos y negativos de los cambios en la fuerza de trabajo y los lugares de empleo tendrán que ser equilibrados con cuidado y elegancia. Debemos tener confianza para hacer frente a esa tarea. Después de todo, las economías del mundo han lidiado con cambios mucho más grandes —y las tensiones sociales y las interrupciones que han traído— en el pasado.
La principal novedad es que esta vez nosotros estamos todos juntos en este realineamiento, dondequiera que vivamos. Las economías en desarrollo tendrán que seguir sus transformaciones, mientras que las economías de Europa y América del Norte tendrán que adaptarse a las cambiantes realidades.
*Director del Instituto para el Estudio del Trabajo (IZA)
y Editor en Jefe de IZA Mundial del Trabajo.
