México-EU: Una relación de mutuo beneficio
Por Claudia Ruiz Massieu Salinas* La semana pasada, tuve la oportunidad de llevar la voz de México a uno de los foros de mayor alcance y eco en el debate público de Estados Unidos, la reunión anual del Comité JudíoAmericano. Desde esa plataforma, envié un mensaje ...
Por Claudia Ruiz Massieu Salinas*
La semana pasada, tuve la oportunidad de llevar la voz de México a uno de los foros de mayor alcance y eco en el debate público de Estados Unidos, la reunión anual del Comité Judío-Americano.
Desde esa plataforma, envié un mensaje claro y hoy más que nunca necesario: la relación económica con México y las aportaciones que las comunidades de origen mexicano hacen a Estados Unidos resultan vitales para la prosperidad sostenida de nuestro vecino.
Nuestra relación es de mutuo beneficio. Por ello, quienes pretenden desacreditar a nuestro país o a nuestros connacionales se equivocan y, más aún, corren el riesgo de dañar sus propios intereses estratégicos, en nombre de ganancias políticas cortoplacistas.
Los mexicanos merecen una defensa firme de nuestros intereses en el exterior y el público estadunidense merece tener información objetiva, que desmienta las acusaciones irresponsables de la retórica populista, xenófoba e intolerante, que quiere ofender su inteligencia con el mismo cinismo con que pretende ofender a México.
Nuestros vecinos deben saber, por ejemplo, que los 35.5 millones de personas de origen mexicano que hoy viven en Estados Unidos generan el 8% de su PIB y son dueños de aproximadamente 570 mil negocios. Tan sólo en nuestra zona fronteriza, vive una comunidad binacional de 14 millones de personas en diez estados, cada vez más integrados y, por tanto, más unidos en sus éxitos o fracasos.
Es indispensable decir contundentemente que, contrario al estereotipo ignorante, los inmigrantes contribuyen poderosamente a la economía estadunidense. Se ha estimado que, en conjunto, este grupo gana 240 mil millones de dólares al año; paga 90 mil millones en impuestos y utiliza únicamente alrededor de cinco mil millones en servicios públicos y prestaciones.
Más aún, los hogares de migrantes indocumentados, quienes suelen ser especialmente estigmatizados, pagan miles de millones de dólares anuales en impuestos federales y estatales. El mito de que no aportan y sólo usan servicios sociales no resiste la prueba de los datos.
El estereotipo de que los mexicanos roban empleos a los estadunidenses tampoco se sostiene. Al contrario, actualmente hay más de seis millones de puestos de trabajo en Estados Unidos que dependen directamente de su relación comercial con México.
A ambos países nos conviene que el otro prospere, y una prueba contundente es que, en promedio, nuestras exportaciones a Estados Unidos contienen 40% de insumos estadunidenses. Esto significa que al comprar productos mexicanos se fomenta el empleo y crece la economía en ambos países.
Éstos y otros mensajes similares no son opiniones: son hechos, y por tanto podemos y tenemos que difundirlos con certeza y contundencia, en todos los foros y por todos los medios.
En este sentido, quiero compartirles que el Gobierno de la República, mediante la Cancillería, ha diseñado y puesto en marcha una estrategia para robustecer la presencia de México en Estados Unidos y defender los intereses de nuestros connacionales. La promoción de la imagen de nuestro país y la difusión de los beneficios de nuestra relación bilateral son elementos clave, pero no únicos.
Estamos también trabajando para empoderar a las comunidades mexicanas y mexicano-estadunidenses, a fin de que fortalezcan sus lazos con México, al tiempo que se integran a la sociedad en Estados Unidos.
El potencial de las comunidades mexicano-estadunidenses para incidir en la vida cívica es enorme. Tan sólo en la pasada elección presidencial votó una cifra histórica de 12.2 millones de hispanos, la mitad de ellos de origen mexicano. Y para 2030, se estima que habrá 40 millones de electores hispanos.
Pero para ejercer a plenitud sus derechos, se requiere de organización y apoyo. Por eso, también estamos revitalizando a nuestra amplia Red Consular en Estados Unidos, que con 49 consulados es la más grande que cualquier país tiene en otro. Los cónsules están llamados a pasar del paradigma de la mera defensa a otro al de la promoción activa de derechos e intereses.
En el mismo sentido, estamos activando a nuestros aliados tradicionales y cultivando a otros nuevos en Estados Unidos, a todos los niveles y en todos los sectores: gobierno, empresarios, academia, líderes de opinión, sociedad civil y otras comunidades con las que compartimos afinidades e intereses. Y también estamos estableciendo canales de comunicación con actores que no nos conocen, e incluso con quienes pueden vernos con escepticismo.
En todos los casos, el mensaje es el mismo y la conclusión se impone a fuerza de verdad: México no sólo no es un problema para Estados Unidos; al contrario, ante los enormes retos globales del siglo XXI, como vecino geográfico, interlocutor político y socio comercial, México es parte de la solución.
Por encima de coyunturas electorales y más allá de momentos políticos, la relación México–Estados Unidos es robusta. Como cualquier otro vecino, y como naciones soberanas, sin duda tendremos diferencias de opinión en algunos casos.
Pero compartimos valores y cada vez más intereses. Nuestros destinos y prosperidad están íntimamente entrelazados. Entre más rápido todos los actores de ambos lados de la frontera asumamos esta realidad, más fructífero será el trabajo que hagamos en favor de nuestras sociedades.
*Secretaria de Relaciones Exteriores de México
