La incertidumbre, el peor enemigo
Los efectos de la plataforma de Donald Trump y el Partido Republicano de EU comienzan a sentirse en los círculos de decisión de los sectores público y privado de nuestro país. No es para menos.
En el marco de una relación bilateral plenamente integrada, una propuesta programática como la impulsada por la nueva administración tiene repercusiones serias en cada uno de los campos del desarrollo mexicano. El desafío es claro: a la certidumbre en los criterios de política pública promovidos por el Presidente electo y su equipo de trabajo, se le debe dar respuesta con señales de certeza convincentes por parte de México, las cuales hasta hoy han sido imposible construir. Señales que, seguramente, requerirán, incluso, de una alianza más amplia con el sector productivo nacional. Los costos económicos, sociales y políticos serán crecientes si persiste el vacío de definiciones sobre rutas de acción alternas. De ahí la importancia que el gobierno mexicano diseñe e instrumente una estrategia integral a fin de sumar apoyos destinados a mitigar el impacto negativo de la incertidumbre generada por la política estadunidense.
El problema va más allá de realidades. Deben atenderse con oportunidad las percepciones para evitar costos aún mayores de lo que datos duros ofrecen en la gama de campos de la relación bilateral. Un ejemplo de cómo las percepciones se imponen a las realidades con altos costos para el crecimiento, se dio con el fortalecimiento de la seguridad fronteriza entre Estados Unidos y el resto del mundo. Tras los actos contra el World Trade Center de Nueva York en 2001, se afianzó la percepción de una incursión a ese país de células terroristas por su frontera sur. Ello motivó el fortalecimiento de las medidas de revisión de todos los cruces legales de personas y mercancías. Hasta la fecha no ha habido un solo acto terrorista o un asesinato en serie donde el autor haya provenido de territorio mexicano. Sin embargo, la percepción hizo perder a la propia economía de Estados Unidos 116 millones de dólares por cada minuto adicional de espera en las cinco principales garitas fronterizas. Incluso, hace 3 años, la entonces secretaria de Seguridad, Janet Napolitano, reconoció la pérdida de 26 mil fuentes de empleo en ese país y un costo de seis mil millones de dólares en producción por la demora de los flujos fronterizos, con secuelas muy similares del lado mexicano. Ejemplos como éste abundan en los rubros de la seguridad y la economía. En comunidades donde la población se siente insegura, aun sin la presencia de organizaciones criminales o tasas relevantes en los índices delictivos, sus proporciones de consumo en giros comerciales bajan a fin de evitar ser asaltados, lastimando, con ello, el dinamismo del mercado interno y la generación de empleo aún sin contar con condiciones objetivas para ello.
Faltan más de 50 días para la toma de protesta del nuevo Presidente de EU y México ya resiente el perfil de la nueva administración por la falta de una estrategia que contrarreste la incertidumbre. Las intenciones de renegociar el Tratado de Libre Comercio han puesto en pausa las decisiones de inversión extranjera en nuestro país y, con ello, reducido las expectativas tanto de crecimiento económico como de empleo previsto para el corto plazo. México no sólo ha entrado en una desaceleración donde —según datos del Banxico— de enero a septiembre de 2016 se creció casi 25% menos que el mismo periodo del año anterior; sino la volatilidad en el sistema cambiario de divisas pone contra la pared a la viabilidad de las empresas mexicanas con préstamos en dólares. La deuda del sector privado en su conjunto suma 93 mil 518 millones de dólares, 78% mayor a la reportada hace cuatro años si se considera la depreciación del peso mexicano, de acuerdo con estadísticas de la Secretaría de Hacienda. Mismo rubro, el cambiario, que será una fuerte presión para mantener disciplinada las metas de inflación para 2016 y 2017. En este contexto resulta preocupante la falta de una estrategia integral que abone a la certidumbre. Por el contrario, las recientes salidas anunciando alza en la tasa de interés y la decisión de postergar contactos bilaterales hasta la entrada formal del nuevo gobierno, han sido recibidas con escepticismo en distintas audiencias y agudizado la percepción de que México está un tanto a la deriva frente a la determinación de su vecino del norte. El gobierno mexicano debe movilizar apoyos en la pluralidad política, la clase empresarial y las organizaciones ciudadanas, porque más allá de que los últimos sucesos afecten directamente nuestra economía, la incertidumbre generada por la falta de decisiones podría resultar mucho peor.
