Salario mínimo

Durante las últimas semanas se ha abierto el debate sobre la necesidad de aumentar el salario mínimo que reciben millones de mexicanos y que, en la actualidad, difícilmente cubre las necesidades básicas de una persona y mucho menos de una familia. En días pasados, el ...

Durante las últimas semanas se ha abierto el debate sobre la necesidad de aumentar el salario mínimo que reciben millones de mexicanos y que, en la actualidad, difícilmente cubre las necesidades básicas de una persona y mucho menos de una familia.

En días pasados, el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera, mencionó su intención de analizar un incremento de casi 20% en el salario mínimo de la capital del país, lo que implicaría que el ingreso de los capitalinos se acercaría a los 80 pesos diarios.

Antes de promover este tipo de medidas es necesario analizar responsablemente las condiciones económicas con las que cuenta el DF y no asumir que vivimos en ciudades desarrolladas como Nueva York, lugar de donde Mancera busca replicar la medida. Aparte de que sería una medida que evidentemente contaría con todo el aval de los mexicanos a quienes se les consultara, haciéndola una medida populista.

Implementar un aumento de esas proporciones, como resultado de un plebiscito y sin ningún análisis profundo y técnico en términos económicos, sería altamente irresponsable y provocaría efectos contrarios a los deseados. El simple hecho de aumentar el salario mínimo, por decreto y no con responsabilidad, traería consigo un aumento a la inflación y otras consecuencias que afectarían directamente nuestra economía.

Y es que para poder llevar a cabo esta propuesta sin ninguna consecuencia, el gobierno del DF necesitaría enfocarse primero en aumentar la productividad de la ciudad, captar efectivamente la inversión nacional y extranjera, generar más empleos, incentivar el turismo, así como garantizar mejores servicios a los habitantes de la capital. Sólo de esa forma se podría discutir un aumento al salario mínimo con un efecto real en el bolsillo de los mexicanos.

De lo contrario, para pagar salarios más altos, los sectores productivos tendrían que subir los precios para cubrir dicho aumento. No sólo eso, el subir un salario por decreto provocaría, en el mediano plazo, que inversionistas nacionales y extranjeros, al serles imposible cubrir el salario establecido por la producción del  trabajador, se vieran obligados a recurrir al mercado informal o, peor aún, abandonen el Distrito Federal como destino de inversión generando más desempleo.

Sin demeritar la intención de Mancera de mejorar el salario de los habitantes del Distrito Federal, la medida que propone requiere de mucho más que un acuerdo con la IP o modificaciones a la Constitución como él propone, este debate requiere de solidez económica en los mercados y no de la búsqueda de la popularidad en las encuestas o votos en las urnas.

Este debate requiere partir de los lugares adecuados y sería un error caer en una discusión liderada por políticos con visiones populistas hacia los votantes. El salario mínimo no debe ser una cuestión populista, sino un beneficio real y duradero para los ciudadanos. Engañar a la población con un mayor sueldo, pero con precios más altos sería caer en una simulación de gobierno.

Sin embargo, antes de iniciar este debate es responsabilidad del gobierno de la capital del país cubrir las necesidades básicas de su población y hasta ahora no vemos ninguna acción de la administración de Miguel Ángel Mancera de hacerlo. Este tipo de decisiones se tienen que tomar con absoluto compromiso y responsabilidad, apegadas a una visión de economía estable y no a una declaración populista, pues eso sólo pondría en peligro la economía familiar.

                *Diputado del PAN

                max.cortazar@gmail.com

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