Reforma por reforma
Hace casi 12 meses, el 2 de diciembre de 2012, el gobierno federal anunciaba el acuerdo nacional al que había llegado con los dirigentes de los principales partidos del país. Con gran orgullo se presentó una agenda con 95 compromisos cuyo objetivo era impulsar el ...
Hace casi 12 meses, el 2 de diciembre de 2012, el gobierno federal anunciaba el acuerdo nacional al que había llegado con los dirigentes de los principales partidos del país. Con gran orgullo se presentó una agenda con 95 compromisos cuyo objetivo era impulsar el crecimiento y desarrollo de México.
La viabilidad del mismo fue cuestionada desde el inicio, pero con la voluntad de los partidos de oposición al diálogo con el gobierno en turno, salieron las primeras reformas estructurales. El primer ejercicio, la reforma educativa, estableció las reglas del juego y las posiciones de los jugadores. Su aprobación, publicación y posterior discusión de la Ley Secundaria en la materia provocó la parálisis económica y social en la Ciudad de México con las marchas y movilizaciones de miles de maestros.
Dentro de un contexto electoral, el Ejecutivo federal presentó la reforma en telecomunicaciones. Ante la poca transparencia y clara intervención de gobiernos priistas en los comicios, la negociación se desgastó y para los dirigentes nacionales fue cada vez más difícil responder a las condiciones del Pacto. Esta situación provocaría la creación del addendum que establece el condicionamiento de la reforma político electoral a cualquier otra reforma estructural.
Después de las elecciones de julio de 2013 el Pacto por México dejó ver sus vacíos, lo firmado por los dirigentes mostraba sus debilidades y el claro descontento tanto dentro de los partidos como en la sociedad en general. El escenario no volvió a ser el mismo que en diciembre de 2012.
A pesar del ambiente de tensión política que se vivía al interior del país, el gobierno —acompañado con el PRD— decidió presentar una reforma hacendaria recaudatoria que lacera la economía del país y la de las familias mexicanas. Su empeño de dinamitar la estabilidad y crecimiento que se habían construido durante los últimos 12 años causó una primera ruptura, echando abajo los puentes de diálogo entre partidos, liderazgos y dirigentes.
Las reformas derivadas de este acuerdo y su poco enfoque ciudadano de las mismas hoy ha generado un ambiente de crispación y enojo social. Con la reforma hacendaria se han puesto en riesgo nuestras finanzas, no sólo creceremos por debajo de 1%, el país se endeudará con la expectativa de crecer más gastando menos. Un modelo que durante 75 años endeudó y lastimó el patrimonio de la sociedad mexicana.
Hoy con temas prioritarios como la reforma político electoral, la ley de transparencia y la reforma energética, podemos ver que el Pacto por México dio lo que tenía que dar. Con el PRD fuera de las mesas de negociación en el tema energético y probablemente electoral, el gobierno federal tendrá que encontrar nuevas vías para sacar adelante acuerdos, reformas y, por lo tanto, el avance de México.
No hay que temer a que el Pacto termine, si eso pasa las cosas tendrán que retomar su cauce natural y esta administración tendrá que negociar en ambas cámaras y conseguir los equilibrios necesarios para poder seguir sacando adelante las reformas que los mexicanos necesitan.
*Diputado del PAN
