Los ex: FCH, el mejor posicionado

El repudio en contra de Salinas de Gortari no es gratuito.

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Martín Moreno 27/06/2014 00:00
Los ex: FCH, el mejor posicionado

Uno de cada cuatro mexicanos considera que Felipe Calderón es el Presidente que mejor ha gobernado, por encima de Vicente Fox, de Ernesto Zedillo y del “villano favorito”, Carlos Salinas de Gortari, a quien solamente uno de cada diez favorece con su opinión, revela una encuesta de Consulta Mitofsky, dirigida por Roy Campos.

No podía ser de otra manera. El repudio en contra de Salinas de Gortari no es gratuito. Fue durante su gobierno cuando se gestó la crisis económica más dolorosa de la historia (1994-1995), donde más de un millón de mexicanos perdieron casas, empresas, bienes, negocios, autos, etcétera. El empobrecimiento fue mayúsculo. Y la gente no olvida.

¿Salinas y su familia también empobrecieron? ¡Sí, cómo no! Bien haría Salinas de Gortari y su enriquecida estirpe en explicar de dónde sale tanto dinero para casas, autos, viajes, lujos. Por eso, los Salinas son de las familias más aborrecidas del país. Tendrán dinero, pero jamás respeto.

Basta un dato: hace un año, el juez 13 de Distrito de Procesos Penales Federales en el DF ordenó que al “hermano incómodo” se le regresaran… ¡24 inmuebles que Raúl Salinas tenía regados por todo el país! Además, ordenó a la CNBV el descongelamiento de seis cuentas bancarias e igual número de cuentas de cheques. Todo al gusto de los Salinas.

No extraña: regresó el PRI, regresó la fortuna de Raúl Salinas de Gortari.

Volvamos a la encuesta de Mitofsky.

Felipe Calderón es el expresidente mejor posicionado, con 25% de respaldo ciudadano; empatados, el panista Fox y el priista Zedillo, a quien se le reconoce haber enderezado el barco tras la pesadilla que heredó por la irresponsabilidad financiera del salinismo.

Calderón fue un Presidente de clarooscuros.

Si bien sacó adelante —con algunos traspiés económicos— la crisis financiera mundial más grave de las últimas décadas, detonada por el quiebre inmobiliario en Estados Unidos, la guerra contra el narcotráfico sigue siendo su principal pasivo.

Ningún mexicano —con excepción de Fox— le pidió que dejara de luchar contra el crimen organizado. Nadie. Pero cosa muy distinta fue que se careciera de una estrategia adecuada y que Los Pinos quedaran supeditados, inclusive, a la SSP federal. Los resultados fueron lamentables.

La pregunta es obligada: ¿Y si Calderón estaba tan bien posicionado, por qué el PAN perdió la Presidencia?

Primero, porque en los últimos dos años de su mandato Calderón mostró ceguera ante lo que ya ahogaba al país: el baño de sangre ante una guerra desorientada por la ausencia de estrategias más eficaces. Durante el calderonismo fue el narco, y no el Presidente y su equipo de seguridad, quien marcó la agenda.

Segundo, porque Calderón desconfiaba de Josefina Vázquez Mota y le retiró cualquier apoyo gubernamental. La falta de un mensaje de unidad dentro del PAN partió al panismo.

¿Y Fox?

El guanajuatense fue un candidato formidable que aprovechó una coyuntura innegable: la curva histórica del PRI se cerraba con el siglo. Un priismo obsoleto, sin entender los nuevos tiempos, arcaico. Hoy no se crea que han cambiado mucho los priistas. Siguen exactamente iguales, aunque si un mérito se les debe dar, es que supieron capitalizar, política y electoralmente, los yerros de Fox y de Calderón.

Fox no sólo dilapidó el bono democrático que le habían dado los mexicanos en 2000. Teniendo todos los recursos para doblegar al PRI, desmontar las viejas estructuras, desmantelar a los poderes fácticos y democratizar a las instituciones, hizo todo lo contrario: se alió a la antidemocracia, se montó en el establishment nacido durante el priismo, consolidó a los monopolios y se dedicó a divagar con la señora Marta en una incolora “pareja presidencial” de recuerdos vergonzantes.

Fox fracasó y decepcionó.

¿Y Zedillo? Alejado de la vida política mexicana, se cuenta que en una cena aseguró: “Yo no habré sido el mejor Presidente, pero de lo que sí estoy seguro es de que soy el mejor expresidente”.

Zedillo —la pesadilla eterna de Salinas— tiene razón: ha sido discreto como expresidente, cuidadoso en las formas y, principalmente, ha evitado responderle a Carlos Salinas cuando el “villano favorito” le ha querido provocar.

Para Zedillo, Salinas es un holograma.

A los expresidentes evaluados por Mitosfky, la historia les tiene juicios diferentes.

Salinas, aborrecido por la mayoría, vetado para caminar —como él lo soñaba— por las calles de su querido Coyoacán. Bien ganado lo tiene.

Zedillo, con mayor aceptación, es un hombre discreto.

Fox y sus deslices, sus traiciones al PAN, lo han convertido en un personaje de carpa política.

Y Calderón, el de mayor aceptación, intentando regresar a la batalla política en México.

                Twitter: @_martinmoreno

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