L-12: cobro de facturas políticas

Hoy le toca a Joel Ortega estar arriba y a su exjefe, Marcelo Ebrard, estar abajo.

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Martín Moreno 14/03/2014 00:43
L-12: cobro de facturas políticas

Más allá de tecnicismos, rieles y fierros, detrás del escándalo por el pésimo funcionamiento de la Línea 12 del Metro —la pomposamente llamada “Línea Dorada”, orgullo de obra del gobierno de Marcelo Ebrard—, hay un cobro de facturas políticas. ¿Entre quiénes? Entre Joel Ortega y Marcelo Ebrard.

Ayer, Ebrard, jefe de Gobierno capitalino y jefe directo de Ortega, entonces secretario de Seguridad Pública del DF.

Hoy, Ortega, director del Metro y con la mesa servida para ajustarle cuentas a su exjefe.

¿Por qué?

Esta es la historia:

Cuando el viernes 20 de junio de 2008, en el News Divine enclavado en la delegación Gustavo A. Madero, un operativo policiaco, encabezado por Guillermo Zayas, se salió de control y provocó la muerte de ocho jóvenes y tres policías —los uniformados bloquearon las salidas del antro generando asfixia y aplastamiento entre los jóvenes—; el escándalo le estalló en las manos al gobierno de Ebrard.

De inmediato los reflectores cayeron sobre el jefe de la policía capitalina, Joel Ortega, hasta entonces hombre de todas las confianzas de Ebrard y también de Manuel Camacho Solís. Aún se recuerda cuando Camacho era regente capitalino, su equipo más cercano e íntimo eran Marcelo y Joel.

La presión por el caso News Divine aumentaba. La negligencia policiaca fue evidente y mortal. Se detuvo al jefe del operativo, Guillermo Zayas, quien solamente estuvo dos meses en prisión al salir bajo fianza. Los funcionarios de la GAM también libres. El único que permanece en la cárcel más como preso político que como responsable único, es Alfredo Maya, dueño del antro juvenil.

El caso del News Divine arrinconaba al gobierno de Marcelo Ebrard. Se exigió la renuncia de funcionarios y personajes con mayor rango que Guillermo Zayas. La afrenta había costado vidas inocentes.

Primero dimitió Francisco Chiguil como jefe delegacional en Gustavo A. Madero.

Pero se pedían más cabezas.

Siguió la renuncia del procurador de Justicia, Rodolfo Félix.

Otra de las involucradas y cercanas a Joel Ortega, la entonces directora de Seguridad Pública en GAM (Ortega había sido delegado) y actual diputada federal, Lizbeth Rosas Montero —hoy aspira a ser jefa delegacional en Álvaro Obregón—, fue cuestionada y removida del cargo.

Pero no bastaba.

Entonces, ante la presión por la tragedia, Marcelo Ebrard le pidió la renuncia a Joel Ortega como jefe de la policía capitalina. Ortega —quien había declarado horas después de la tragedia que su carrera política no se vería afectada por el caso News Divine— se negó a dimitir de su cargo.

Pero Ebrard insistió. La permanencia de Ortega en la SSPDF era ya insostenible. Hasta en tres ocasiones le pidió Marcelo la renuncia a Joel, pero Ortega se aferraba al puesto.

La situación llegó a tal tensión por el News Divine que, en una reunión privada, Marcelo Ebrard y Joel Ortega discutieron, pelearon, se manotearon y se mentaron la madre. La ruptura fue absoluta.

Ortega no tuvo otro camino más que renunciar.

La vieja amistad con Ebrard se había terminado de manera violenta.

Pero la política es una rueda de la fortuna que da revanchas.

Y hoy le toca a Ortega estar arriba y a su exjefe, Marcelo Ebrard, estar abajo.

Y como la venganza es un platillo que se sirve frío, la oportunidad de ajustar cuentas ha llegado.

¿Cómo?

Con las indiscutibles fallas técnicas en la Línea 12 del Metro, aderezadas con facturas políticas pendientes de cobrar.

Para el director del Metro, Joel Ortega, fue “un error” del gobierno de Marcelo Ebrard haber optado por un sistema férreo en lugar de uno neumático para la Línea 12.

“Ya sobre los hechos puedes llegar a esa conclusión (que el neumático era mejor)”, asegura Ortega.

¿Qué dice Ebrard en la otra esquina?

Que no hay evidencia de que las vías y las ruedas sean incompatibles. “A mí en ese momento nadie me dijo nada, a tal grado que tenemos la certificación internacional”, alega Marcelo.

Para el líder del sindicato del Metro, el eterno Fernando Espino, los problemas en la Línea 12 se deben a una mala supervisión de la autoridad hacia las constructoras.

Todos se echan la bolita y, como siempre, en medio, cientos de miles de usuarios afectados.

Hoy, la obra que presentaba Ebrard como orgullo, emblema de la modernidad y muestra de que su gobierno había trabajado, está en caída libre. Su costo de 26 mil millones de pesos es cuestionado.

Y más allá de tecnicismos, rieles y fierros, detrás del escándalo en la Línea 12 del Metro hay un evidente cobro de facturas políticas entre Joel Ortega y Marcelo Ebrard.

Ya lo estamos viendo.

A ver quién vence en esta ocasión.

                Twitter: @_martinmoreno

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