Autodefensas imparables

Michoacán se ha convertido, se quiera o no reconocer, en territorio bajo dos poderes.

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Martín Moreno 04/03/2014 00:00
Autodefensas imparables

Empoderadas, empistoladas, las autodefensas avanzan imparables en Apatzingán. En Pátzcuaro. En Uruapan. En Lázaro Cárdenas. Michoacán se ha convertido, se quiera o no reconocer, en territorio bajo dos poderes: el institucional y el de las guardias comunitarias. ¿Quién lo niega? Y el riesgo, a futuro, es enorme.

¿Por qué?

Basta citar un escenario de alto riesgo: en Apatzingán, los grupos de autodefensa ingresaron al Palacio Municipal —resguardados por elementos de la Policía Federal— y exigieron la salida del alcalde priista Uriel Chávez, a quien vinculan con el crimen organizado y, particularmente, con Los Caballeros Templarios.

¿Qué sigue?

¿Qué las autodefensas, guardias comunitarias, policías civiles o como quiera que se hagan llamar, en víspera de elecciones, palomeen o rechacen a los candidatos de los partidos a presidentes municipales, diputados locales, regidores o hasta influyan, de manera directa, en quién será el gobernador? ¿Hasta dónde llegará el poder de las autodefensas en Michoacán consentidas por el gobierno federal?

En esta columna lo hemos advertido: es un arma de dos filos arropar a las guardias comunitarias, empoderarlas, cultivarlas. El aliado de hoy será el enemigo de mañana y, hoy por hoy, las policías civiles son omnipresentes en Michoacán, con poder de decisión y autorizadas para portar armas. Esa es una realidad.

Y algo más, grave de sí, de origen.

Lo advertimos en estos Archivos del poder (“¿Por qué se jodió Michoacán?”, 26/VII/2013) respecto a las guardias comunitarias. Desde entonces alertamos:

“Además de la venta de droga, la extorsión es gran negocio de Los Templarios, que controlan Coahuayana, Aquila, Chinicuila, Coalcomán, Tepalcatepec, Buenavista, Tancítaro y Los Reyes, principalmente. Hartos de ser extorsionados, agricultores crearon a grupos de autodefensa o guardias comunitarias.

“Sin embargo, algo grave ocurrió con esos grupos de autodefensa: de ser ciudadanos mutaron para estar al servicio del cártel Jalisco Nueva Generación y, en automático, se convirtieron en enemigos naturales de Los Templarios”.

Hasta aquí lo publicado en aquella columna.

Hoy, el ejemplo de las autodefensas se ha regado por varias zonas del país. En Guerrero se han consolidado, multiplicándose semana a semana. Se calcula que controlan, al menos, diez comunidades. Y desde finales de enero pasado surgieron en ocho comunidades del Valle del Ocotito, nada menos que en la capital guerrerense: Chilpancingo, donde los policías civiles pertenecientes a la Unión de Pueblos Organizados del Estado de Guerrero (UPOEG) anunciaron, sin mayor pudor, que llegaron para “combatir el crimen organizado porque se cansaron de ser extorsionados, secuestrados y asesinados”.

Cierto: hay ciudadanos cansados del vacío de gobierno y decidieron asumir su defensa bajo propia cuenta y riesgo.

Pero la pregunta es obligada: ¿quién o quiénes garantizan que los grupos armados son, en realidad, ciudadanos, y no pertenecen o no son financiados o respaldados por el narcotráfico?

¿De dónde sacan tantas armas?

¿Quiénes se las entregan?

¿A cambio de qué?

Son interrogantes que, hasta hoy, no han sido respondidas.

Y el ejemplo cunde.

Campesinos de Dolores Hidalgo anunciaron que crearán grupos de autodefensa similares a los que existen en Michoacán, luego de no tener respuesta por parte de las autoridades municipales y estatales ante la inseguridad que los aqueja.

“Si no hay respuesta, nos organizaremos y nos defenderemos como lo están haciendo en Michoacán”, manifestaron ante la indolencia mostrada por el subprocurador de Justicia de la región, René Urrutia de la Vega.

Es Guanajuato. Es Guerrero. Es Michoacán.

En Apatzingán ya quedó integrado el primer Consejo Ciudadano Central (CCC), con apoyo de las policías Federal y Estatal, y con el objetivo de restablecer “la seguridad, el orden social, la economía y la cultura (¿?) en la región”.

¿Qué tal?

Hasta donde sabemos, todos esos puntos son, por ley, obligación de los gobiernos en turno garantizarlos, impulsarlos y resguardarlos. ¿Quién se atreve a negar que hay bi-gobierno en Michoacán?

Ese “consejo ciudadano” erigido en Apatzingán no es otra cosa que la institucionalización de las guardias comunitarias. Y punto.

“Ya estamos a 50 minutos del puerto de Lázaro Cárdenas, las autodefensas de Coalcomán, Chinicuila, Coahuayana y Aquila, apoyamos el levantamiento de armas en Caleta de Campos”, informaron los comunitarios a través de redes sociales.

El viernes pasado, los policías civiles llegaron al centro de la zona urbana de Uruapan, el segundo municipio más importante de Michoacán, y que concentra parte del poder económico por la vasta producción agrícola de la Tierra Caliente.

Lo dicho: imparables.

Y ya están muy cerca de la capital, Morelia, donde la autoridad advierte que no se les permitirá el paso.

Ya lo veremos.

                Twitter: @_martinmoreno

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