Salinas: sus embustes y delirios

¿Quién tendría la fuerza suficiente para desafiar al salinismo?

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Martín Moreno 11/02/2014 00:00
Salinas: sus embustes y delirios

Carlos Salinas de Gortari tendría que volver a nacer para que los mexicanos lo vieran de manera distinta. Lame sus heridas, miente, intenta manipular y cambiar el veredicto inapelable y absoluto de la historia: Salinas el embustero. Salinas el corrupto. Salinas el encubridor. Salinas el farsante. Salinas el aborrecido.

Hoy, Salinas intenta —una vez más sin éxito, grotesco el lance— reivindicarse ante la historia y lavar el honor de la familia Salinas de Gortari, membrete desprestigiado en México, en una entrevista con el diario El Universal (10-II-2014). Pero vuelve a fracasar. Salinas reaparece como el viejo pastor que ya no engaña ni a sus propias ovejas. Patético su ruego a ser redimido.

¿En qué manipula Salinas? ¿Cuándo miente? ¿En qué intenta confundir?

Basta leer algunas de las respuestas ofrecidas a Rogelio Cárdenas Estandía para comprobar que su justificación histórica no resiste el más mínimo análisis riguroso.

“Querían descarrilar a mi gobierno”, dice Salinas. Salinas manipula. ¿Quiénes querrían hacerlo? ¿Quién tendría la fuerza suficiente para desafiar al salinismo? Si hubo un presidente poderoso, ese fue Carlos Salinas, amo de voluntades, carreras políticas y hasta de vidas. No nos autoengañemos: el único que podría descarrilar a Salinas… Era el propio Salinas. Y así ocurrió. Él llevó a México a las crisis política y financiera. Él descarriló al país. Y fue tal su locura en el poder, que acabó pegándose un tiro frente al espejo.

“En medio del dolor personal por la pérdida de Luis Donaldo, teníamos un conato de crisis económica…”, asegura Salinas. Salinas confunde.

¿Conato? No, señor: fue la crisis económica más dolorosa que haya enfrentado el país, cuando entre 1994-1995 (producto de la política ficción del salinismo) más de un millón de mexicanos perdieron todo: bienes, casas, empresas, autos, negocios, ahorros, propiedades. No fue conato, señor Salinas.

Fue el episodio económico más doloroso que ha sufrido México.

“Hubo un conato de crisis política”, subraya Salinas. Salinas minimiza. Y dale con la palabrita.

No hubo tal conato: fue una de las crisis políticas más dañinas en tan sólo unos meses: del levantamiento armado del EZLN en Chiapas, pasando por la ejecución política de Colosio y cerrando con el asesinato de José Francisco Ruiz Massieu, el enemigo de Raúl Salinas, el estorbo principal del proyecto salinista. La crisis política hundió al país y ello llevó, en consecuencia, al desastre financiero. Así que ningún “conato”.

“Ese discurso, Luis Donaldo me hizo el favor de enviármelo antes, lo comentamos…”, sostiene Salinas respecto al durísimo y crítico discurso de Colosio el 6 de marzo de 1994. Salinas miente. Julio Scherer revela en su libro Estos años, que le preguntó a Colosio: ¿Conoció el presidente tu discurso antes de que lo pronunciaras? “Espero que me comprenda”, dijo Donaldo. ¿Conoció tu discurso”, punzó Scherer. “No”, respondió Colosio. Así que Colosio, aún muerto, le sigue pesando a Salinas y de paso lo desmiente. Ese discurso de Donaldo —“veo un México con hambre y con sed de justicia”— fue, en la praxis política, una bofetada al México del primer mundo que proclamaba Salinas. En realidad, el discurso de Colosio provocó la furia de Salinas en Los Pinos. En unos minutos, Luis Donaldo había hecho pedazos al país que tanto presumía Salinas en el extranjero. Lo acabó.

“En lo que pude, sí…”, responde Salinas en relación a si apoyó y acompañó a Diana Laura, la viuda de Colosio.
Salinas miente. Diana Laura lo aborrecía e, inclusive, solicitó que el entonces Presidente de México se retirara de los funerales privados de Luis Donaldo.

“¿Qué le parece si la próxima entrevista se la hace usted a él y se lo pregunta, para que entonces nos enteremos…”, contesta Salinas respecto a que Ernesto Zedillo se ensañó con los Salinas. Salinas confunde. Si Zedillo envió a la cárcel a Raúl Salinas, es porque “el hermano incómodo” lo merecía. Si Zedillo liquidó al salinismo, fue porque se hizo justicia histórica: exhibir los abusos y errores del salinismo. Y si Zedillo es visto ahora con respeto en México y Salinas es repudiado, es consecuencia lógica de sus propios actos.

Camacho se volvió irrelevante… No cambia porque no aprende”, dibuja Salinas a Manuel Camacho Solís.
Salinas traiciona. Cuando incumplió su pacto con Camacho de que el primero que llegara a Los Pinos nombraría al otro como candidato, Salinas clavó una puñalada por la espalda a su amigo. Que Camacho enloqueciera después, es otra historia. (Ver “Camacho y la ruindad. Archivos del poder. 7-I-2014).

Carlos Salinas ha perdido el juicio político ante la historia y, en gran medida, el juicio personal.

                Twitter: @_martinmoreno

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