La foto con el dictador Castro

Las relaciones entre México y Cuba siempre han sido de amor-odio-amor.

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Martín Moreno 31/01/2014 00:08
La foto con el dictador Castro

Ni como periodista ni como mexicano me enorgullece que el presidente de mi país —llámese como se llame— aparezca cálido en una fotografía con el dictador Fidel Castro. Cuba representa hoy el espíritu adverso a las libertades individuales, la represión a la crítica, la censura, el encarcelamiento de opositores, la supresión a la pluralidad y todos ellos son pilares de cualquier dictadura política.

Bajo ninguna circunstancia se debe aceptar, ya no digamos reconocer, la dictadura absoluta de país cualquiera para someter a sus ciudadanos a un sólo pensamiento, sin elecciones libres ni partidos opositores. Un sólo periódico existe en la isla: el Granma. Un sólo gobierno. Un sólo líder. Una sola palabra.

La historia registra a dos Fidel Castro: el héroe de la Revolución cubana que en 1959 derrocó, de la mano del Che Guevara y de los revolucionarios cubanos, a Fulgencio Batista, y el Castro dictador, asesino de opositores, aliado de sátrapas, cínico ante los reclamos libertarios, implacable ante las voces y plumas críticas que surgen, de vez en vez y de manera valiente, en Cuba. Calabozos en lugar de debates. Luz y sombra de un caudillo.

Hoy, es el Castro que arrinconó a hombres valiosos como Oswaldo Payá, opositor valiente y férreo de Fidel, muerto en julio de 2012 en un “accidente automovilístico” rodeado de sospechas.

Hoy, es el Castro que tiene en la mira a la osada Yoani Sánchez, la voz libre desde Cuba, hostigada por la policía cubana, reconocida en el mundo, mujer libre y admirable, admirable por libre.

Hoy, es el Castro que envía a calabozos a sus opositores. O que los asesina, y con ellos, a las libertades en la isla.

Con ese dictador se fotografió el presidente.

Y más allá de similitudes político-históricas entre México y Cuba —de la dictadura perfecta acuñada por el admirable Vargas Llosa a la dictadura implacable impuesta por los hermanitos Castro—, hoy la amistad con Cuba es cuantificada en metal: el gobierno mexicano le perdonó 340 millones de dólares —alrededor de cinco mil millones de pesos— al régimen de Fidel Castro.

“Es una foto muy cara. El gobierno le tuvo que condonar la deuda para tomar esa fotografía”, ironizó el líder nacional del PAN, Gustavo Madero.

Lo cierto es que las relaciones entre México y Cuba siempre han sido de amor-odio-amor.

Con Carlos Salinas de Gortari, el vínculo diplomático y personal entre los dos países llegó al esplendor. Tan fue así que el autobautizado “villano favorito” —desterrado de México por la marea del desprestigio y la corrupción familiar—, tuvo que refugiarse en Cuba para lamer sus heridas. Se dice que Castro es padrino de bautizo de Ana Emilia, la hija de Salinas y su segunda esposa, Ana Paula Gerard.

Con Vicente Fox la relación se descompuso. El tristemente célebre “comes y te vas” mostró a un Fox cándido —por decirlo de alguna manera— que pretendió quedar bien con Dios y con el diablo: invitar a cenar a Castro y despedirlo por la puerta trasera para evitar incomodar al presidente de EU, George W. Bush. El resultado lo sabemos todos: una grabación en la que el presidente mexicano es exhibido en su torpeza personal y diplomática. Un episodio vergonzante. Caricaturesco.

Hoy, el gobierno mexicano se siente orgulloso de ser amigo de la dictadura cubana. De solazarse con su amistad. De tomarse una foto con el decrépito barbón. De perdonarle una deuda que bien podría cobrarse y sus recursos apoyar a programas indígenas, por ejemplo.

México y Cuba. Dos paralelismos históricos. Dos épocas. Dos amigos ocasionales.

ARCHIVO CONFIDENCIAL

MICHOACÁN. ¿Es solución legalizar a grupos armados regionales de autodefensa? No. Es un lance de alto riesgo y peligroso a futuro. Tal vez, de momento, sea un paliativo a la escalada de violencia en Michoacán. Sin embargo, el primer fenómeno en contra es que, de la noche a la mañana, se multiplicaron las policías comunitarias para obtener licencia para matar. Leemos: “Grupos de autodefensa arriban a Los Reyes (Michoacán) para tomar el control… Otra comunidad de Michoacán se levanta en armas: ahora es Yurécuaro… Hay francotiradores en Michoacán… Ni de locos vamos a registrarnos a Apatzingán. ¿Para qué nos maten?: Autodefensas”. Lo dicho: no hay solución. Hay legalización de lo ilegal, y eso conlleva cerrar los ojos ante civiles armados con metralletas salidas de nadie sabe dónde y entregadas por quién sabe quién. “Algo grave ocurrió con esos grupos de autodefensa: de ser ciudadanos mutaron para estar al servicio del cártel de Jalisco Nueva Generación…”, escribí en esta columna el 26 de julio de 2013. Nadie lo desmintió. Y a esos grupos hoy el gobierno peñista les da la bienvenida.

                Twitter: @_martinmoreno

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