Camacho y la ruindad

Pretende erigirse en el paladín de la paz. En el demócrata que jamás fue.

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Martín Moreno 07/01/2014 00:00
Camacho y la ruindad

Fidel Samaniego – narigón cronista siempre extrañado-, escribió en El Universal:

“Y concluía. O iniciaba. Él lo sabía. Él sonreía. Él no contestaba y quizás respondía, cuando Martín Moreno, reportero completo, le insistía si reconoce o no como priista al candidato Colosio. Camacho que se retiraba… del hotel. Entre el tumulto. Vestido con la vestidura que se ha bordado. Camacho vestido de Camacho”.

Lo narrado por Samaniego tenía un antecedente: brinqué la escalera eléctrica para burlar a la escolta del entonces Comisionado para la Paz en Chiapas. Frente a frente, le pregunté: “¿Reconoce o no a Colosio como candidato presidencial?”. Camacho me miró. Me esquivó. Ofreció silencio. Una mueca. Un silencio traducido en desprecio a Luis Donaldo.

Sin palabras, Camacho nunca reconocería a Colosio como candidato a la Presidencia.

Veinte años después del levantamiento zapatista en Chiapas, Manuel Camacho Solís pretende erigirse en el paladín de la paz. En el demócrata que jamás fue. En el hombre de Estado que se negó a ser. En el político valioso destruido por su propia derrota: no ser candidato presidencial. Eso lo desquició. Y lo envileció.

Camacho ofrece hoy un “testamento” sobre lo ocurrido en Chiapas, asumiendo posturas que él mismo fue incapaz de ofrecer y de practicar durante los días turbulentos de 1994. Camacho pontifica hoy lo que se negó a realizar hace dos décadas.

“La evolución del conflicto en Chiapas ha llegado a un punto en que, de nuevo, se requerirán definiciones políticas…”, dice Camacho. (Reforma. Ernesto Núñez. 5/I/2014).

Camacho pedía “definiciones políticas”. Las mismas que pervirtió frente a la candidatura de Colosio, enrareciendo el clima político bajo un fuego perverso y ruin: sabotear la campaña colosista desde su posición como comisionado para la paz. Esa fue la “definición política” de Manuel Camacho: arruinar a Luis Donaldo Colosio.

“En la nación… se crearon condiciones propicias a una polarización y a una radicalización política”, subraya
Camacho. En ello tiene razón. Sin embargo, le faltó agregar algo fundamental: él, Camacho, fue la punta de lanza de aquella polarización y radicalización.

Camacho polarizó. Después de que su brazo derecho, Marcelo Ebrard, le avisó la noche del sábado 27 de noviembre de 1993 en Cuernavaca, horas antes del destape de Colosio, que todo apuntaba a que sería el sonorense el candidato presidencial, Camacho se desquició e inició una estrategia de ruptura con Salinas, de sabotaje contra Colosio, y de tensión máxima contra el clima político nacional.

Cierto: Salinas había traicionado a Camacho al no cumplir el pacto de que quien llegara primero a Los Pinos, nombraría sucesor al otro.

Camacho radicalizó su postura y no sólo no reconoció jamás a Colosio como candidato presidencial, sino que, en un lance de obsesión política y de desquiciamiento personal, desestabilizó al gobierno con su rechazo a Donaldo, y ya con la irrupción del EZLN en Chiapas, presionó a Salinas para que lo nombrara Comisionado para la Paz, volviendo así a lo suyo: el protagonismo, aun por encima de la campaña de Colosio.

Aún más: en junio de 1994, Camacho sometió a Salinas bajo un argumento confesado a Núñez: “Si tú no cambias tu línea política, renuncio y me voy a marchar con la gente al Zócalo…”.

Era la revancha de Camacho contra Salinas por la traición de cerrarle la puerta de Los Pinos.        

Ese es el verdadero Manuel Camacho: el chantajista político. El protagonista enfermizo. El desquiciado ante la derrota. El obsesionado del poder. El traicionado por Salinas que decidió por ello traicionar a México.

Camacho fue hace 20 años parte activa de esa “polarización y radicalización” que tanto le preocupaba. Vaya.

Camacho Solís pretende hoy presentarse como un factor de pacificación cuando en realidad, con su guerra sucia contra Colosio, contra Salinas, contra México, fue piedra angular de la desestabilización nacional.

Por algo Colosio llegó a decir: “Manuel no tiene remedio…”.

Y la bala que mató a Donaldo, también mató a Camacho.

ARCHIVOS CONFIDENCIALES

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Twitter: @_martinmoreno

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