Ese “oscuro” negocio llamado pobreza

¿Con qué cara le piden algunos políticos a sus adversarios que no utilicen los llamados recursos “públicos” para cooptar adeptos en época de campañas electorales si todos ellos han convertido su actividad en un jugoso negocio, haya o no comicios? En los últimos ...

¿Con qué cara le piden algunos políticos a sus adversarios que no utilicen los llamados recursos “públicos” para cooptar adeptos en época de campañas electorales si todos ellos han convertido su actividad en un jugoso negocio, haya o no comicios?

En los últimos días hemos escuchado denuncias de líderes partidistas que le reprochan a la encargada de la Cruzada Nacional contra el Hambre, la ex perredista Rosario Robles, secretaria de Desarrollo Social del gobierno federal, permitir el uso del dinero destinado a esta campaña para beneficiar al PRI a través del gobernador Javier Duarte en Veracruz, uno de los 14 estados donde el 7 de julio próximo habrá elecciones locales.

Es más, hace unas horas se reunieron la propia Rosario Robles y el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera, con el fin de firmar los acuerdos para dicha cruzada en la capital, a pesar de la molestia que ello ha causado entre la dirigencia perredista del DF por el supuesto manejo “faccioso” de los recursos destinados a “combatir” el hambre y la pobreza en la capital del país, tras las denuncias hechas por el PAN sobre lo ocurrido en Veracruz.

Sin embargo, esos mismos dirigentes no dicen nada del uso del dinero “público” para la cooptación de votos y grupos “afines” al perredismo en la Ciudad de México. O, ¿cómo entender la manera tan burda en que desde hace muchos años han mantenido el “control político” en amplias zonas del Distrito Federal? En Iztapalapa existen ejemplos claros de ello. O, ¿cómo entender el reciente “pleito de vecindad” protagonizado por algunas facciones del perredismo capitalino en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México para mantener el “control” del millonario presupuesto con que cada año dota el gobierno del DF a esa “casa de estudios”?

No importa de qué partido sea el gobernante. Lo cierto es que muchas de sus acciones van encaminadas a “tejer” esas redes de intereses que le permitan a él y a su “camarilla” seguir beneficiándose política y económicamente de los puestos públicos que ejercen y heredarán a sus “vástagos políticos” y, muchas veces, hasta a familiares que se han enriquecido al amparo del poder.

La clave de lo anterior la dio hace unas horas el propio gobernador de Veracruz, acusado por el líder panista Gustavo Madero. Dijo Duarte: “La diferencia entre lo que pasa ahora y lo que antes pasaba, durante el gobierno panista, es que antes no pasaba nada cuando había denuncias y querellas; cuando había puntos de acuerdo no pasaba nada; los funcionarios (panistas) denunciados seguían operando, pero ahora sí con el (gobierno priista) hay un cambio; cualquier suspicacia por menor que sea, ahora sí es atendida”.

Y es que ese es el gran mal de nuestra “clase política”: “Que se haga la voluntad de Dios, pero en los bueyes de mi compadre”. Cuando un partido de oposición se vuelve gobierno, hace exactamente lo que criticó cuando era oposición. Y al revés: cuando es oposición hoy, sí critica lo que hacía cuando era gobierno. Para nadie es un secreto que cuando el PAN tenía la Presidencia de la República, designaba delegados de las dependencias federales en los estados a muchos panistas de “cepa” con el fin de garantizar la operación “política” de los recursos federales que eran enviados a las comunidades con diversos fines; algunos de ellos sociales.

Y es que así se manejan las “estructuras” de poder cuando de intereses se trata. Al final del día, lo que cuenta es el mantenimiento de los mismos grupos en el poder. No en balde, de los 14 estados donde este año habrá elecciones, en seis el PRI ha gobernado toda la vida.

Lo cierto es que con el llamado Pacto por México algunos líderes políticos avalaron muchas de las propuestas y programas que hoy estamos viendo en materia educativa, social y económica. Pero nadie garantiza que las ganancias de todo esto vayan a ser repartidas de manera equitativa. Unos ganarán más y otros menos. De ahí, el “jaloneo” político que estamos viendo.

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