La calidad de nuestra democracia

Continuar por donde vamos, tarde o temprano, abrirá la puerta a tentaciones autoritarias, y eso es una realidad que nadie puede desear para nuestro país.

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Mario Luis Fuentes 23/06/2014 01:57
La calidad de nuestra democracia

El Instituto Nacional Electoral presentó recientemente el Informe sobre la Calidad de la Democracia en México. El estudio tiene como base una encuesta con representatividad nacional y desagrega la información para cinco regiones del país, para las cuales ofrece información en torno a cinco dimensiones: 1) Estado de derecho y acceso a la justicia; 2) Vida política; 3) Sociedad civil; 4) Vida comunitaria; 5) Valores y 6) Acceso a bienes demandados por los ciudadanos.

La perspectiva del informe permite dimensionar que la democracia debe concebirse mucho más allá de los procesos electorales, es decir, la vida democrática exige una cultura que se expresa en múltiples dimensiones relativas a las capacidades de la sociedad para convivir en orden, en paz y con base en la legalidad.

Resulta preocupante, en ese sentido, que la ciudadanía en nuestro país continúa desconfiando profundamente de las instituciones, fundamentalmente en el ámbito judicial; de acuerdo con la encuesta, 63% de las personas que fueron víctimas de algún delito no hicieron nada al respecto por considerar que, de hacerlo, no tendrían ningún resultado; la segunda razón es que desconfían de la autoridad, mientras que 40% sostiene como tercera razón que ha tenido malas experiencias con la autoridad en el pasado.

Otro de los grandes obstáculos que se presentan para la consolidación de nuestra democracia es la discriminación: 76% de las personas declaran que han sido testigos de algún acto de discriminación por pertenencia a una clase social; 75% lo ha sido ante discriminaciones por apariencia física; 70%, por discriminación por el color de la piel, y un porcentaje similar la ha presenciado en contra de personas indígenas.

Destaca el hecho de que, en nuestro país, la participación política no electoral sigue siendo muy baja: únicamente 39% de la ciudadanía declara que habla de temas políticos con otras personas y sólo 11% ha participado en actividades partidistas.

Adicionalmente, debe destacarse que 80% de la ciudadanía no ha participado nunca en asociaciones de padres de familia; 84%, en organizaciones deportivas; 90% nunca ha participado en organizaciones vecinales, mientras que 96% jamás ha participado en alguna organización de defensa de los derechos humanos.

Los datos en todas las dimensiones son alarmantes, pero quizás uno de los más delicados es el relativo a que únicamente 53% de la ciudadanía considera que la democracia es preferible a otras formas de gobierno; mientras que un porcentaje similar piensa que la democracia es un sistema en el que muchos participan, pero en el que pocos ganan.

La pobreza, la violencia y una cultura de rechazo y agresión en contra de quienes piensan, viven y se muestran diferentes están erosionando aceleradamente nuestro sistema democrático; esto exige nada menos que una renovación ética en todas las instituciones del Estado, pero también la puesta en marcha de un nuevo proyecto de pedagogía ciudadana.

Con estos datos, si algo puede concluirse es que estamos ante el reto de comprender que construir ciudadanía implica construir un país equitativo en el que el acceso al bienestar, a la justicia y, en general, a la garantía plena de los derechos humanos sea una realidad cotidiana; continuar por donde vamos, tarde o temprano, abrirá la puerta a tentaciones autoritarias, y eso es una realidad que nadie puede desear para nuestro país.

                *Investigador del PUED-UNAM

                Twitter: @ML_fuentes

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