Otra vez la incertidumbre global

Para México, considerada la 13ª o 15ª economía del mundo —según el criterio de medición—, la geopolítica y la geoeconomía son asuntos de enorme trascendencia y por ello se hace cada vez más importante tener una estrategia que nos permita reaccionar con atingencia y anticipación ante lo que ocurre en otras latitudes.

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Mario Luis Fuentes 17/03/2014 01:35
Otra vez la incertidumbre global

Hace mucho que las distancias geográficas dejaron de ser irrelevantes en lo que al impacto que tiene en un país lo que ocurre del otro lado del mundo. Más aun cuando se habla de las economías de mayor tamaño y de las naciones con mayor población y territorio.

Para México, considerada la 13ª o 15ª economía del mundo —según el criterio de medición—, la geopolítica y la geoeconomía son asuntos de enorme trascendencia y por ello se hace cada vez más importante tener una estrategia que nos permita reaccionar con atingencia y anticipación ante lo que ocurre en otras latitudes.

Así, el escenario actual de la Península de Crimea no puede ser visto sólo como una cuestión regional. El simple hecho de que en esa zona se encuentren las instalaciones más importantes para el acceso a hidrocarburos en Europa, convierte a ese contexto en una cuestión fundamental para nuestro país.

Un ejemplo: el Presupuesto de Egresos de la Federación tiene como un elemento central la estimación del precio internacional del petróleo, por lo que cualquier “subida de tono” en el conflicto que se está prefigurando, puede generar importantes repercusiones en la estructura presupuestal nacional.

Asimismo, los dilemas que enfrenta Crimea nos deben recordar que los nacionalismos, las ideologías y los procesos de identidad no son cosa del pasado; que en cualquier momento pueden resurgir movimientos basados en la idea de la “comunidad de sangre o racial”, y que pueden reaparecer fantasmas que nos han llevado a los peores crímenes en la historia de la humanidad.

En evidencia, este contexto de incertidumbre debe conducirnos a una posición mucho más activa en el orden internacional, con el propósito de convertir al país en uno de los principales promotores de una globalización mucho más justa y frente a la cual los estados logren diseñar nuevos y más eficaces procesos para su gobernanza.

No debemos olvidar que estamos en una sociedad planetaria caracterizada por lo que Bernardo Kliksberg ha denominado como “la explosión de las desigualdades”; la cual ha sido posible precisamente como resultado de una “retirada del Estado”, gracias a la cual los 300 superricos acumularon en promedio, en el año pasado, una suma de alrededor de mil 700 millones de dólares para cada uno de ellos.

De esta forma, si enfrentar a la incertidumbre es un asunto complejo, lo es más cuando el Estado ha sido cercenado en sus capacidades de gobierno y de rectoría de sectores clave, lo cual lleva a un escenario que impone enormes dificultades.

La crisis de 2008 no ha sido superada por completo en ninguna región del planeta; y a casi seis años del terremoto financiero de aquel año, antes que claridad, estamos ante un horizonte con nubarrones que no alcanzamos a percibir con claridad.

Así, ¿qué ocurriría si ante lo que pasa en Crimea, China decide que es buen momento de recuperar el control total del Tíbet? ¿Qué si en Canadá se agudizan los intentos de separación de la llamada? ¿Qué si en España se profundizan los movimientos de separación Vasca y Catalana?

Frente a todo lo anterior, lo que es un hecho es que en nuestro país es necesario fortalecer los mecanismos de respuesta ante una cambiante e impredecible realidad global, la cual reclama en todo momento evitar caer en las simplificaciones.

                *Director del CEIDAS, A. C.

                Twitter: @ML_fuentes

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