El riesgo de la desigualdad

Según los datos económicos disponibles, el crecimiento anual del PIB fue de apenas 1%, y en contraste, bancos como BBVA reportaron que la mayor parte de sus ganancias globales provienen de México.

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Mario Luis Fuentes 03/03/2014 02:08
El riesgo de la desigualdad

La semana pasada se llevó a cabo, en la Escuela Nacional de Estudios Superiores de León, un seminario en el que participaron el rector José Narro, el filósofo Ángel Gabilondo, Rolando Cordera, el exjefe del Gobierno Español, José Luis Rodríguez Zapatero, entre otras personalidades del mundo de la academia.

El tema central en este encuentro es el relativo a los riesgos que implica la desigualdad, tanto para la estabilidad planetaria, como al interior de los países, pues si algo está minando la legitimidad de las democracias, es precisamente el conjunto de condiciones que llevan a la polarización social.

Estamos frente a lo que Bernardo Kliksberg denomina “la explosión de las desigualdades” (edición de marzo de www.mexicosocial.org). Kliksberg señala que a pesar de que 2013 fue un año mediocre para la economía planetaria, los 300 más ricos del planeta incrementaron sus fortunas, en conjunto, en 524 mil millones de dólares; un promedio aproximado de mil 700 millones de dólares por cada uno de ellos.

En México las cosas no fueron distintas: según los datos económicos disponibles, el crecimiento anual del PIB fue de apenas 1%, y en contraste, bancos como BBVA reportaron que la mayor parte de sus ganancias globales provienen de México. Y en la misma lógica, los “súper ricos” del país reportaron, como regla general, amplios márgenes de ganancia y una prospectiva más que promisoria en el mediano plazo.

Mientras tanto, el poder del salario de las y los trabajadores sigue cayendo. De acuerdo con los datos de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos y del Coneval, en los últimos cinco años, el poder adquisitivo del salario se ha contraído en alrededor de 30%, y frente a lo que teníamos hace 20 años hay una pérdida de más de 100 por ciento.

La pregunta obligada es, entonces: ¿Qué es lo que permite que los más ricos continúen acumulando, mientras que los sectores de ingresos medios y bajos pierden año con año capacidades para acceder a la garantía de sus derechos, por un acelerado proceso de deterioro en la calidad de los servicios públicos, pero también debido a la constante precarización de los empleos.

Una mirada ortodoxa diría que se trata de “desajustes del mercado”, que pueden ser corregidos vía la generación de incentivos institucionales para una adecuada redistribución del ingreso; sin embargo, una mirada atenta a los procesos de concentración obliga a girar la mirada y a ponerla en las estructuras del poder político, lo que una vez más obliga a exigir un análisis que se debe construir desde la economía política.

Ahora que estamos en el centenario del natalicio de Octavio Paz, valdría la pena revisar sus ideas sobre el liberalismo mexicano, y sobre todo, en lo relativo al riesgo que advertía, desde hace más de 20 años, tanto para el país como a escala global, respecto de lo que él llamaba “la usurpación de los principales espacios del Estado”, los cuales han ido siendo ocupados por defensores de intereses económicos particulares.

Sobre todo esto, lo que no podemos obviar es la alerta mundial que se ha emitido ya en diferentes foros, respecto de los riesgos políticos, económicos y sociales, que van aparejados a los vigentes sistemas de concentración y despojo, que en nuestro caso son, desde hace ya varios años, éticamente insostenibles.

                *Director del CEIDAS, A.C.

                Twitter: @ml_fuentes

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