Michoacán

Se trata de un estado prácticamente sitiado, en donde cuestiones inauditas nos revelan que la vida cotidiana puede verse suspendida.

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Mario Luis Fuentes 13/01/2014 02:02
Michoacán

Una de las características esenciales de una autoridad se encuentra en acreditar y mantener el control de la seguridad en el territorio; sin duda, ésta es una de las bases elementales de la soberanía del Estado, y también de la garantía de que sólo sus instituciones ejercerán el monopolio de la violencia legítima.

Desde esta perspectiva, lo que ocurre en Michoacán es preocupante; en primer término, es el resultado de al menos 20 años de abandono y de pérdida gradual, pero inexorable, de la capacidad de ejercer gobierno y de garantizar la primacía del Estado de derecho.

Esta entidad presenta enormes características de complejidad. De acuerdo con las proyecciones de población del Conapo, en el 2014, la entidad tendrá aproximadamente 4.56 millones de habitantes; a la fecha, es también el estado con mayor intensidad migratoria; y, en consecuencia también, en los últimos 10 años, el principal receptor de remesas.

De acuerdo con el Coneval, 54.4% de su población, es decir, 2.44 millones de personas, casi 200 mil más que en el 2010; entre ellos, 650 mil viven en condiciones de pobreza extrema. En Michoacán, uno de cada cuatro personas mayores de 15 años no ha concluido la secundaria; siete de cada diez carecen de seguridad social; tres de cada diez son vulnerables por carencia de acceso a servicios en la vivienda; también uno de cada tres vive en carencia por acceso a la alimentación.

En este contexto, resulta desconcertante ver cómo varios sectores de la población michoacana se han armado para promover lo que se ha denominado como las autodefensas, ante las ya insostenibles condiciones de inseguridad y asedio que ejercen los grupos del crimen organizado en contra de comunidades enteras.

Más paradójico resulta aun el ver cómo la autoridad ha actuado desde hace ya varios años como “una parte más” y no precisamente como la única instancia que en democracia está facultada para hacer cumplir la ley.

En varios espacios se ha mencionado que hace falta lanzar una nueva ofensiva de las Fuerzas Armadas; lo cual debería valorarse a profundidad, dado el historial de violaciones graves a los derechos humanos en que derivaron este tipo de estrategias en la pasada administración.

Empero, lo que sí es evidente es que la otra ofensiva que debería lanzarse, en el menor tiempo posible, es una avanzada social, y ésta no puede desarrollarse sino con base en un detallado trabajo de diagnóstico, municipio por municipio, sobre la operatividad y condiciones de organización social que existen y, con base en ello, operar una agresiva estrategia de mejoramiento de las condiciones de vida de la población.

Lo que está ocurriendo en Michoacán no es menor y parece mucho más grave que lo visto en ciudades como Juárez y Acapulco. Se trata de un estado prácticamente sitiado, en donde cuestiones inauditas —como la cancelación de todas las “corridas” en la terminal de autobuses de Morelia— nos revelan que la vida cotidiana puede verse suspendida.

Debemos comprender que si una entidad se encuentra en riesgo, la República entera se ve amenazada; y por ello debe asumirse que Michoacán debería ser tomado como punta de lanza de esta administración para, de una vez por todas, restablecer el orden y construir un bienestar que desde hace ya varias décadas no es sino un anhelo para la mayoría de la población.

                *Director del CEIDAS, A. C.

                Twitter: @ML_Fuentes

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