Noche de brujas

Ojalá y fuera sólo por las fechas, pero el paquete fiscal aprobado por el PRI y una parte de la izquierda en la noche de brujas es verdaderamente de horror. El desequilibrio entre ingreso y gasto propuesto para 2014 puede terminar espantando a los mercados. El problema es ...

Ojalá y fuera sólo por las fechas, pero el paquete fiscal aprobado por el PRI y una parte de la izquierda en la noche de brujas es verdaderamente de horror. El desequilibrio entre ingreso y gasto propuesto para 2014 puede terminar espantando a los mercados.

El problema es que no hay de dónde agarrarse para creer la historia de que a partir de 2015 entraremos en una ruta para estabilizar un gasto público que parece locomotora desbocada. Olvidando las críticas que hicieron a los gobiernos panistas, a los funcionarios priistas se los tragó la inercia. No sólo perdieron la oportunidad de replantear la estructura, calidad y transparencia del gasto público, sino que están demostrando que tienen los mismos vicios, pero a mayor escala: el gasto corriente se incrementó cada año 5 por ciento real entre 2000 y 2012; para 2014 crecerá 10 por ciento. ¿Podemos seguir aumentando nuestro nivel de gasto al ritmo que lo ha hecho en los últimos años? Todo indica que no. Calderón contó con excedentes petroleros que le permitieron incrementar el gasto y presentar aparentemente buenas cuentas. De 2009 a 2012, el déficit promedio fue de 2.6 por ciento del PIB, pero de no haber contado con los excedentes petroleros la cifra se hubiera elevado a 4.1 por ciento. El dinero fácil llevó rápidamente a los excesos. A pesar de los excedentes, desde 2009 nos empezamos a endeudar para pagar deuda. Para 2014 esta situación alcanzará niveles preocupantes: medida como el déficit primario, éste se triplicará.

El supuesto más cuestionado en el paquete de 2014 es el del crecimiento de 3.9 por ciento. La SHCP informó que en el tercer trimestre de 2013 la economía creció 0.9%, con lo que se cancela la meta oficial de 1.7% y apenas superaremos el 1% anual. El FMI, en su escenario optimista con “reformas estructurales”, estima que México podría alcanzar 3% en 2014.

La pregunta clave es: ¿De dónde vendrá el crecimiento? Del sector público no. A pesar del discurso no hay en el presupuesto de egresos un gran programa de reactivación económica que vaya a impulsar la inversión en rubros que nos saquen del espasmo económico en el que estamos. De los ingresos adicionales que tendrá el gobierno en 2014 en comparación a 2013, sólo 14% se irá a inversión física, el resto será para la panza del gasto corriente. Del sector privado será difícil. Las nuevas cargas tributarias cuando menos provocarán incertidumbre y seguramente mayor precaución en sus inversiones. Ello sin considerar el impacto de algunas medidas como el IVA a las importaciones temporales en el sector manufacturero, que le restará competitividad. El sector de la construcción está parado y no hay propuesta para revertir esta tendencia. Tampoco vendrá por el lado del consumo, está en sus registros más bajos en los últimos cuatro años —en mayoreo y menudeo— y la cartera vencida de la banca comercial se incrementó 50% en el último año.

No es buena época para debilitar los fundamentos macroeconómicos. Está claro que la Reserva Federal de EU reducirá su programa de estímulos.

Peña Nieto ha cometido un error que lo marcará en su credibilidad para el resto de su sexenio. Ante la previsión de menores ingresos para este año, la ley señala que debe reducir el gasto corriente, empezando por el de comunicación social. El Ejecutivo ha preferido mantener su nivel de gasto, endeudarse y pasarle la cuenta al Congreso para que se la regularice. Al estilo Fobaproa: me endeudo y que luego el Congreso firme la cuenta. ¿Y si hace lo mismo el año que entra? Promete que no. Para que le creamos ofrece que en 2015 se someterá a una regla de balance estructural que aún no ha sido definida.

La visión de poner la economía al servicio del fisco prevaleció en esta reforma fiscal. El gobierno logró su objetivo de vestirse de vampiro y chuparle la sangre a los sectores productivos y familias del país. Lo ha hecho con el apoyo de sus amigos chiquidráculas, los nuevos y orgullosos invitados a la casa de los espantos económicos. Ojalá y que el próximo año, cuando celebremos el Día de Muertos, no tengamos que llevarle flores a la tumba de nuestra incipiente “estabilidad macroeconómica”.

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