Coaliciones federales y coaliciones locales

La democracia en México está organizada alrededor de los partidos políticos. Desde la Constitución, las y los ciudadanos fueron relegados a un papel secundario. El corazón de nuestro sistema electoral está en el artículo 41 hecho por los partidos y para los partidos. Desde 1977 hasta 2014, que aparece la posibilidad de las candidaturas sin partido, fue notoria la ausencia del individuo en el entramado legal.

Las candidaturas se deciden sin participación de la militancia. Destacan, desde luego, algunas personalidades, por ejemplo, las que nos proponen para presidentes de la República, pero de ahí en más, la gran mayoría del electorado desconoce el nombre de las y los candidatos que los diversos partidos ofrecen para los otros puestos de elección popular. La ausencia de reelección, que prevaleció desde 1933 hasta ahora, también abonó a que la identificación partidaria estuviese por encima del reconocimiento de los liderazgos.

La anulación de las personas en favor de los partidos no es inocua, por eso el transfuguismo es tan alto y el precio que paga quien abandona un partido en busca de una candidatura es verdaderamente bajo. El electorado no castiga a quienes van de un partido a otro, entre otras cosas, porque tampoco se reconoce en coaliciones extrañas de personalidad amorfa.

Así como los partidos políticos menosprecian a los ciudadanos, las dirigencias de los partidos pueden pasar por encima de sus militantes y a través de acuerdos cupulares organizan coaliciones electorales. Pretenden sumar, de manera más o menos mecánica, los votos que recibieron en la elección anterior.

El cálculo no es sencillo. Recordemos que hasta la elección presidencial de 2006 los votantes elegían coaliciones y las cúpulas repartían votos conforme a los acuerdos de un contrato previo. A partir de 2009 se le otorgó al votante la posibilidad de decidir a qué partido apoyar. El sistema ha sido confuso porque ahora el votante puede elegir dos o tres partidos siempre y cuando simultáneamente propongan a un mismo candidato o candidata.

La forma en la que finalmente se alinearon las tres coaliciones federales demuestra que en nuestro país los acuerdos son pragmáticos y de ninguna manera programáticos, los partidos son grandes maquinarias clientelares que prometen movilizar votos y que poco les importa convencer sobre sus ideales, sus principios o sus proyectos.

El elemento sorpresivo en este proceso es que en el ámbito local ha habido una movilización de la militancia, los liderazgos locales se han rebelado en contra de los deseos de las cúpulas nacionales, en otros casos han sabido cobrar muy caro su apoyo.

En Jalisco, Enrique Alfaro advirtió a los frentistas que él iría mejor solo que mal acompañado. En 2012 se refugió en Movimiento Ciudadano porque el PRD le negó la candidatura a la gubernatura y su éxito se debió, en gran medida, porque se presentó como una alternativa frente al fracaso y la corrupción del gobernador blanquiazul Emilio González Márquez. Difícil pensar que ahora pudieran correr como una sola opción.

La decisión del PRI de postular a Meade como candidato ciudadano, tecnócrata impoluto, le está generando grandes dificultades para concretar coaliciones locales. Todos por México ha tenido un bajísimo rating entre las clases políticas locales. De 30 entidades en las que habrá elecciones, sólo en siete han logrado ponerse de acuerdo PRI, PVEM y Nueva Alianza y de éstos nada más en Chiapas se juega la gubernatura.

Por México al Frente se vio forzado a ofrecer la candidatura a la gubernatura de Puebla a Erika Alonso, esposa de Rafael Moreno Valle, para poder impedir que sé estos renunciaran al PAN y optaran por cobijarse bajo otros emblemas. Recordemos que Moreno Valle se refugió en el PAN después de que le negaran una senaduría en el PRI, su partido, el de su padre y el de su abuelo.

Las elecciones federales concurrirán con 30 elecciones locales, sin embargo serán muy escasas las coincidencias entre las coaliciones federales y locales. La juventud de la democracia mexicana se refleja en el transfuguismo y la inconsistencia de las coaliciones. Las preferencias electorales son fluidas y en cierta medida, impredecibles.

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