Tres comentarios al decálogo
De las diez propuestas de Peña Nieto comentaré sólo tres: la creación de policías estatales únicas, la creación de una clave única de identidad para todos los mexicanos y la que se refiere a enriquecer la justicia cotidiana. Comienzo por esta última que me parece ...
De las diez propuestas de Peña Nieto comentaré sólo tres: la creación de policías estatales únicas, la creación de una clave única de identidad para todos los mexicanos y la que se refiere a enriquecer la justicia cotidiana.
Comienzo por esta última que me parece la más novedosa. A la desesperante convicción de que vivimos en un país donde la impunidad es la norma, le corresponde la sensación de estar permanentemente en estado de indefensión. Frente a conflictos cotidianos entre particulares o bien de un ciudadano frente a alguna autoridad, normalmente no sabemos a quién recurrir para encontrar una solución justa a la controversia.
Cuántas veces a la semana, al mes, al año, nos encontramos en situaciones en que con toda rabia decimos “¡No es justo!” Y esas mismas veces nos resignamos a decir “…pues sí… ni modo”, y cada vez que eso sucede se acumula la insatisfacción, crece la desconfianza en el Estado y en la sociedad.
A guisa de ejemplo, Peña Nieto mencionó los problemas de justicia a los que nos podemos enfrentar en un divorcio, al rentar una casa habitación, ya sea como dueños o como inquilinos, podríamos agregar, el tener que vencer a un condómino que ha decidido no pagar sus cuotas de mantenimiento, qué hacer cuando nos enfrentamos a una injusticia en el ámbito escolar, como alumno, como maestro o como padre de familia, cómo ponerle un alto a quien pasea sus perros y no recoge el excremento, a quién acudir cuando un contrato comercial es incumplido. Cotidianamente experimentamos la ley del más fuerte, el que tiene dinero manda, constatamos que en México la única ley vigente es la de Herodes, o te chi...flas o te jo…robes.
Acertado fue que el Presidente nunca hablara de que había que resarcir la justicia cotidiana para recobrar la confianza en el sistema y en nosotros mismos. Nunca, desde que nos hicimos nación independiente, ha existido la certeza de que las instituciones gubernamentales y judiciales nos protegen. Releamos el texto de Fernando Escalante Gonzalbo Ciudadanos Imaginarios, capítulo tras capítulo nos demuestra que en el siglo XIX no había ciudadanos, no había confianza en el Estado, privaba la corrupción, no había seguridad en la propiedad, ni la policía brindaba protección alguna, no contábamos con instancias confiables que pudieran dirimir las controversias entre particulares, funciones básicas de un Estado de derecho. La era del partido hegemónico no avanzó un ápice al respecto.
Construir un sistema de justicia cotidiana que logre convencer a los mexicanos que no vivimos irremediablemente en la indefensión frente al abuso será una transformación de gran calado y largo aliento, precisamente por ello hay que comenzar ya.
Los pequeños pasos que pueden y deben darse en el corto plazo pueden tener un efecto multiplicador similar a la política de tolerancia cero de Giuliani, quien para combatir el crimen empezó por limpiar e iluminar el metro de Nueva York y castigar a quien se metía a éste sin pagar. La certeza de intolerancia al crimen y limpieza y dignidad del espacio público aseguró la eficacia de su política. Convencer a los mexicanos de que frente a la injusticia hay una autoridad confiable que puede dirimir la controversia conforme a derecho puede ser el principio del fin de la impunidad.
Respecto a la creación de policías únicas y de la clave única de identidad sólo puedo compartir mi indignación. La clave única de identificación fue propuesta por Fox y Calderón, la policía estatal con mando único, fue de Calderón. Ambos proyectos fueron imposibles de sacar por la oposición del PRI. Paradójicamente quienes tendrán que lograr su aprobación e implementación son algunos de sus férreos críticos. Videgaray, Beltrones y Gamboa fueron elementos clave para impedir que prosperara la cédula de identidad. La policía estatal única encontró resistencia de gobernadores, legisladores y militantes de todos los colores.
Creo que el PRI, en tanto partido del Presidente, nos debe a los ciudadanos una explicación. ¿Por qué hoy es buena idea lo que en sexenios anteriores consideraron tan malo? Si no tienen respuesta, lo menos que podrían hacer es asumir con humildad la responsabilidad del retraso de entre cinco años y una década de lo que hoy ven como la gran solución.
Ambas propuestas son delicadas, habrá que ver los pormenores de lo que se piensa hacer para lograr un juicio justo de cada una de ellas. Abramos la discusión y veamos de qué manera pueden realmente convertirse en el principio de una urgente solución, no las desechemos, como en el pasado, por el puro placer de ser oposición.
Es necesario discutir, tanto los problemas que la policía estatal con mando único puede implicar para el federalismo como la posibilidad de una clave única que parta del necesario respeto a la libertad individual,dejando a salvo los derechos humanos de los mexicanos. No es imposible lograr los equilibrios necesarios. Simplemente pregunto ¿por qué ambas ideas hoy sí y ayer no?
*Académica
Twitter: @MarvanMaria
