Houston: tenemos un problema
Quiero comenzar haciendo referencia a esta famosa frase cuando desde una nave espacial se comunican los astronautas con la base de la NASA en Houston para avisarles nosotros tenemos un problema, We have a problem. Subrayo el nosotros porque todos los que iban en la nave ...
Quiero comenzar haciendo referencia a esta famosa frase cuando desde una nave espacial se comunican los astronautas con la base de la NASA en Houston para avisarles nosotros tenemos un problema, (We have a problem). Subrayo el nosotros porque todos los que iban en la nave sabían que su destino era el mismo, el problema no era del capitán, ni de uno solo de los astronautas, para bien o para mal, si las cosas salían mal, el destino de todos estaba amarrado, el problema de uno, era el problema de todos.
Los partidos políticos no parecen darse cuenta de que todos están en la misma nave espacial, todos son parte del Estado y a todos compete la crisis en la que estamos. Desde que conocimos de la tragedia de Ayotzinapa han gastado tiempo, tinta y saliva en endosar culpas. Piensan que unos pueden salir mejor librados que otros.
Triste espectáculo el de la Cámara de Diputados cuando algunos perredistas pusieron en la Tribuna la foto de los muchachos y una manta que decía “Fue el Estado”. ¡Qué lamentable! Después de 25 años de ser partido político no se han dado cuenta de que son Estado. Para colmo de males a la leyenda el PRI agregó “de Guerrero”. Después vinieron casi dos horas en las que uno a uno fueron subiendo oradores de todos los partidos, todos con el mismo discurso, yo no fui, fuiste tú, tú eres responsable, no fue mi culpa. Lo único que demostraron todos es el tamaño de su cinismo e irresponsabilidad. Me hubiera gustado oír en algún momento: México, tenemos un problema, ¿por dónde comenzamos?
No cabe duda que estamos en una profunda crisis que atañe a todos, especialmente a los diez partidos políticos y, de manera especial, al PRD, al PRI y al PAN. Me atrevería a decir que tenemos una crisis nacional, probablemente una crisis de Estado que hay que poner en su justa dimensión. Es un despropósito decir que lo sucedido es un crimen de Estado, es una irresponsabilidad atroz. Con esto no quiero minimizar el problema. Es un terrible crimen que jamás debió haber sucedido, en el que hay responsables con nombre y apellido, entre los cuales están involucradas personas identificables e identificadas, algunos de ellos con cargos públicos. Pero de ahí a decir que esto es o puede tratarse como un crimen de Estado es tratar el tema con una ligereza imperdonable.
Un crimen de Estado supone, necesariamente, que el propio aparato del Estado lo piense, lo ejecute y, sobre todo, lo autojustifique como condición indispensable para su propia existencia, para su fortalecimiento. Desde luego, no quiero decir con esto que los crímenes de Estado sean justificables, pero es necesario entender la diferencia cualitativa que supone hablar de un crimen de Estado. No hay posibilidad alguna de decir que estamos frente a un fenómeno de esta naturaleza. Estamos frente a un problema distinto, que requiere, con honestidad intelectual, un tratamiento diferente.
Comencé diciendo que los partidos políticos, todos ellos, son parte del Estado, todos ellos están obligados a presentar candidatos en las próximas elecciones de junio, todos ellos son sostenidos con dinero público, todos ellos tienen legítimas aspiraciones de gobernar a una buena porción de mexicanos, todos ellos están peleando por obtener el mayor número de curules posibles y sí, todos ellos deben asumir que en las actuales condiciones del país son susceptibles de ser penetrados por el narco. Por ello es tan preocupante la retórica que asigna culpas y no asume responsabilidades.
Como partidos en competencia deben poner sus propios controles tanto en el escrutinio de sus candidatos como del dinero privado que reciben para financiar sus campañas. Especialmente ahora que modificaron la ley para incrementar más que sustancialmente el dinero privado que pueden recibir. También es responsabilidad de los partidos vigilar el desempeño de sus presidentes municipales, de sus legisladores, de sus gobernadores.
Institucional y jurídicamente México tiene un sistema político electoral diseñado para tener partidos fuertes. De nuestros impuestos les hemos garantizado financiamiento permanente, no sólo en épocas de campaña. Parte de la fortaleza de su organización tiene que ver con los procesos de afiliación de quienes escogen y aceptan como militantes y, desde luego, de quienes postulan como candidatos.
No es responsabilidad del INE calificar a los candidatos presentados y hacerles un escrutinio para determinar si están o no ligados con el narco. No sólo hoy no tiene facultades para hacerlo, no debe tenerlas. Tiene razón Lorenzo Córdova, consejero presidente, cuando dice que el INE es un órgano de Estado cuya responsabilidad es organizar las elecciones y convocar a la ciudadanía a resolver el futuro por la vía electoral, nada menos, pero nada más.
Son los partidos los que deben decidir si solicitan a las instituciones de inteligencia del Estado que revisen a algunos o a todos sus candidatos. Sólo ellos pueden hacerse responsables del proceso de selección, y hoy, en las circunstancias en las que estamos, eso exige asegurarse de que no tienen ligas con el narco.
*Académica
Twitter: @MarvanMaria
