Banquetas: condición de la ciudadanía
Para Lucía, mi heroína en silla de ruedas. Esta semana dejaré de lado la dramática realidad nacional, no hablaré de Ayotzinapa ni de las consultas populares que nacieron moribundas gracias a la expropiación que de ellas hicieron los partidos y que fueron ...
Para Lucía, mi heroína en silla de ruedas.
Esta semana dejaré de lado la dramática realidad nacional, no hablaré de Ayotzinapa ni de las consultas populares que nacieron moribundas gracias a la expropiación que de ellas hicieron los partidos y que fueron enterradas debido a la obtusa visión de la Suprema Corte de la Justicia de la Nación.
Dejemos de lado lo grande y pongamos atención en la microconsulta popular del Distrito Federal, quiero centrarme hoy en la posibilidad de opinar para definir un proyecto por colonia. Mi entusiasmo, a diferencia de años anteriores, es inmenso, por primera vez desde que participo en este ejercicio hay más de una opción para mi colonia. Esta semana tendré la posibilidad de votar por la reconstrucción de las banquetas.
Fue tal mi alegría al ver que este era un proyecto en la Guadalupe Inn, que me di a la tarea de revisar la naturaleza de las propuestas. En el sitio de internet del IEDF consulté al menos 15 colonias de cada una de las delegaciones del DF, sin poder dar una estadística precisa, a ojo de buen cubero, puedo asegurar que al menos una tercera parte de los proyectos demandados por los ciudadanos tiene que ver con rehacer banquetas y andadores.
Vivo en una colonia habitada por un alto porcentaje de hombres y mujeres de la tercera edad que pasean por la colonia. Parte del paisaje son los viejitos y viejitas caminando bastón en mano para poder guardar el equilibrio. Desafían la gravedad y hacen senderismo extremo todos los días, así se acercan a la iglesia, así van al tianguis de los lunes, así visitan a sus vecinos, así llegan a votar cada tres años. Me encantaría decir que veo personas que se transportan en su silla de ruedas de un lugar a otro. ¡Imposible! El deplorable estado de las banquetas del DF hace de esta travesía una fantasía irrealizable.
¿Qué sucedería si pidiéramos a los delegados completar una serie de tareas sencillas subidos en una silla de ruedas? Si un día tuvieran que ir de su casa a su trabajo, luego pasar a comprar el pan, a la tintorería y, finalmente, regresar a casa, quizá podrían darse cuenta no sólo de que las banquetas son un desastre, sino que las rampas para discapacitados son una verdadera burla. Unas tienen una pendiente imposible de bajar sin estrellarse, otras son inútiles porque la rampa en la esquina poniente no se corresponde con la necesaria del lado oriente. ¡Un caos que hace evidente la anarquía! Hicimos rampas para cumplir no sé qué normatividad, pero no para dar un servicio y lograr la movilidad de quienes viven en silla de ruedas.
Sin exagerar, el estado de las banquetas y las rampas tan mal diseñadas son una forma de marginación y exclusión cotidiana que no permite transitar por la calle en paz, con seguridad, que cancela posibilidades de encuentro y, en ocasiones, posibilidades de una vida digna.
Si a la solicitud de banquetas transitables sumamos la remodelación y avituallamiento de parques públicos y el incremento de la seguridad a través de iluminación, cámaras o patrullas excederíamos el 70% de los proyectos. No resulta exagerado afirmar que hay un reclamo social por reapropiarnos de la calle.
Consciente o inconscientemente, un presupuesto participativo tiene que ver con un proyecto para construir ciudadanía. Nos brinda la posibilidad de expresar prioridades y exigir el cumplimiento específico de un mandato concreto. Para las elecciones de junio ya sabremos si cumplieron.
Durante todo este mes lamentamos la ausencia de Estado, la debilidad de la sociedad, Ayotzinapa ha hecho evidente el fracaso de la colectividad mexicana como comunidad política, hemos dicho, de diversas maneras, que es urgente un pacto de legalidad, una tregua de civilidad, un compromiso de ciudadanos. ¿Y si empezamos por las banquetas?
Qué tal que a partir de hacer las calles transitables por seres humanos que caminan y circulan en su vecindario para comprar la leche, hacer la cola para las tortillas y pasar al zapatero remendón, impulsamos un proyecto de ciudad incluyente, aprendemos a respetar las reglas de tránsito, lanzamos un modesto pacto de civilidad y cortesía que suponga empezar por respetar el uno y uno, qué tal que aprendemos a no invadir las cebras para los peatones, a recoger el excremento de los perros, a no tirar basura.
El pacto por la legalidad tiene que pasar por un pacto de civilidad, por el respeto, por la empatía, por la solidaridad. No podemos fortalecer al Estado con mayúsculas si no fortalecemos a la comunidad con minúsculas, si no hacemos habitable el espacio público.
Conquistar la calle es fortalecer a la sociedad, es fortalecer al Estado, es hacer viable al país. Comencemos por lo pequeño, lo concreto, lo asequible. Esta semana voy a votar porque en Guadalupe Inn haya banquetas y tú, ¿por qué vas a votar? Para ti, ¿qué es importante?
*Académica
Twiter: @MarvanMaria
