Dictadura del homo videns
No queremos democracia. Queremos revolución. Pinta de una barda la Cd. México 1968 Una vez más, al grito de ¡2 de octubre no se olvida! Y como ironía de la efeméride, con este mes inicia, en nuestro país, otro proceso electoral. Regularidad democrática que ...
No queremos democracia.
Queremos revolución.
Pinta de una barda la Cd. México (1968)
Una vez más, al grito de ¡2 de octubre no se olvida! Y como ironía de la efeméride, con este mes inicia, en nuestro país, otro proceso electoral. Regularidad democrática que anuncia elecciones federales intermedias para la renovación de la Cámara de Diputados. Elecciones siempre hubo, pero no servían para elegir a nadie, eran un ritual que confirmaba la hegemonía del partido en el poder y legitimaban nuestras carencias democráticas.
A pesar del rechazo de algunos en aquel lejano 1968, la democratización se convirtió en objetivo de muchos actores que forjaron la transición convirtiéndola en realidad un par de décadas más tarde. No obstante que, hoy en día, el resultado de los comicios es incierto, a pesar de que ignoramos en manos de quién quedarán las gubernaturas disputadas, de cualquier manera anticipamos con pereza el proceso.
Nos preparamos para la inundación de spots en radio y televisión, la agresiva aparición de espectaculares, bardas y pendones que nos invitan a votar por una mejor opción, nos causa más enojo que simpatía. Partidos, candidatos y posibles candidatos independientes inician ya la creación de comerciales con frases simpáticas, versos graciosos, políticamente carentes de contenido, que en sólo 30 segundos pretenden convencernos de un mejor destino. Antes de iniciar las campañas padecemos el hartazgo producido por la rítmica repetición de promesas vacuas. La spotización de la política vacía de contenido los programas de los partidos, vende candidatos como papas fritas.
¿Serán suficientes las consultas populares para despertar al votante en las elecciones intermedias que tradicionalmente son tan poco concurridas? Pretendida innovación de la política adoptada para abrir canales a la democracia directa que antes siquiera de que la sociedad pudiese hacer un intento de manifestación colectiva, ya había sido secuestrada por los partidos políticos. Convirtieron la consulta popular en cuatro preguntas populistas que esperan la aprobación de la Suprema Corte para convertirse en una papeleta más del próximo primer domingo de junio.
La dramática transformación de la esfera pública redujo a la opinión pública en opinión publicada; el espacio de la deliberación de los asuntos públicos está limitado por los intereses oligopólicos de las cadenas de televisión que imponen su verdad a través del enfoque dramático y amarillista de la noticia política. El ciudadano harto del escándalo acaba consumiendo con más gusto las noticias que le ofrecen las revistas del corazón. Los políticos urgidos de visibilidad corren a estas revistas, sin saber quizá que la foto de sus últimas vacaciones pueda costarles el puesto.
Y como si esto no fuese suficiente, vivimos un nuevo cambio, todavía más dramático del espacio público. Por un lado la descentralización, los optimistas llaman democratización, de las fuentes de información, la importancia de La Red, con mayúsculas, y la capacidad de estar conectados al mundo en tiempo real. Noticias que literalmente dan la vuelta al mundo en segundos y decapitaciones políticas que pueden verse en tiempo real. Por otro lado, sabemos que todos con un smartphone tenemos la grandiosa oportunidad de ser reporteros del próximo #hashtag. Paradójicamente, la otra cara de la moneda de esta posibilidad nos exige vivir bajo la terrible amenaza de ser grabados y enviados al estrellato involuntario. Escenas de un junior borracho que pueden provocar recomposiciones en el gabinete. Una infidelidad grabada furtiva e ilegalmente que puede acabar con la carrera profesional de la amada y el amante.
Hace unos días, un periódico de circulación nacional tradujo la despedida de Giovanni Sartori que publicó, originalmente, en italiano en el diario el Corriere della Sera. A sus 90 años decidió que era buen momento para dejar su estricta disciplina de escribir puntualmente. Sorprendió a muchos el pesimismo, cuando no angustia, del escrito. Antropológicamente el hombre pensante está desapareciendo, socialmente la globalización ha generado más problemas de los que pretendía resolver.
La transformación del homo sapiens en el homo videns, dice Sartori, ha trastocado de manera radical la democracia, acabándola en sus características esenciales: la discusión de proyectos distintos y distinguibles. La democracia del siglo XXI ha dejado de ser competencia incluyente entre ideas e ideologías que deberían dirigir a las naciones hacia un futuro construido a través del debate y la propuesta de alternativas políticas. El mercado de las noticias amarillistas ha reducido la capacidad de razonamiento; la oferta del spot nos convierte en seres incapaces para distinguir la trascendencia de un acto de corrupción que compite de igual a igual con la noticia de una infidelidad. La democracia deliberativa convertida en una quimera que nace y muere, en el mejor de los casos, con la democracia procedimental.
*Académica
Twitter: @MarvanMaria
