¿Oro negro transparente?
Finalmente, después de 20 meses de llegado al poder, Enrique Peña Nieto está logrando el sueño de su sexenio: completar la Reforma Energética. No entraré al debate de si esta reforma significa la salvación del país o su ruina total. El seudodebate ha sido tan ...
Finalmente, después de 20 meses de llegado al poder, Enrique Peña Nieto está logrando el sueño de su sexenio: completar la Reforma Energética. No entraré al debate de si esta reforma significa la salvación del país o su ruina total. El seudodebate ha sido tan ideologizado y estridente que es difícil creerles a ambos, de lo que quiero hablar es de las exigencias de transparencia a las que someterá al sector energético en virtud de la competencia.
Es paradójico, pero Pemex estará obligado a revelar más información al público después de la reforma que la hará funcionar como empresa privada que antes de ella, que era una paraestatal. La industria petrolera mundial, desde la extractiva hasta la de refinación, pasando cualquiera de las fases del proceso, es exigida por el mercado y por las organizaciones ambientalistas a transparentar su funcionamiento, sus ganancias y las consecuencias que sobre el medio ambiente tienen sus errores.
Vale decir que las compañías extranjeras no son buenas e impolutas per se; se adaptan a las reglas, escritas y no escritas, del país en el que invierten. Si la corrupción y la opacidad son toleradas aprovecharán esto; por el contrario, si hay una buena regulación y ésta se hace cumplir, sabrán hacer las cosas conforme a derecho. De lo que podemos estar seguros es de que no tolerarán unas reglas para Pemex y otras distintas para ellos. Quien tendrá que adaptarse es la industria mexicana.
Desde que se aprobó la Ley de Transparencia en nuestro país, Pemex ha sido uno de los sujetos obligados más rebeldes. Han resistido la entrega de información y desacatado al IFAI de manera sistemática. Han negado el acceso lo mismo cuando se trata de información propia de la industria como cuando se trata de su relación con el sindicato, el medio ambiente o las transferencias a los estados.
Se han mantenido en la opacidad amparados en el argumento de que si bien en México son una paraestatal, en el mundo están obligadas a funcionar en términos competitivos. Entregar información, dicen ellos, los pondría en desventaja frente a sus competidores allende las fronteras. La debilidad de su argumento ha quedado evidenciada una y otra vez cuando el IFAI les ha demostrado que empresas como Shell, Exxon, BP o cualquier otra tienen esa y más información accesible en sus páginas de internet.
Con relación al sindicato, siempre arguyen que el dinero del sindicato es de los trabajadores y ha dejado de ser público. Podríamos aceptar, no sin discusión, que la transparencia del dinero que proviene de las cuotas de los trabajadores es cuestión que a ellos concierne; lo que no podemos aceptar bajo ninguna circunstancia es que las transferencias directas negociadas en el contrato colectivo de trabajo no sean transparentables. Recordemos el escándalo del gobierno de Fox, que le costó la cabeza a Muñoz Leos, relacionado con los más de 800 millones entregados a los trabajadores petroleros para la construcción de viviendas, de los cuales jamás rindieron cuentas.
El segundo tema tiene que ver con el fondo de transferencias a los gobiernos estatales. No se ha acabado de aprobar la legislación secundaria y los gobernadores de estados petroleros ya están cabildeando montos, porcentajes y fórmulas de asignación. A sabiendas de que el gobierno concederá lo que sea con tal de que salga la legislación, demandan que la ley les garantice ciertos porcentajes a fin de que, entrada la competencia, estos sean irreductibles.
Pemex ya no podrá sostener en silencio la millonaria industria del reclamo creada en la época de López Portillo, cuando los descubrimientos petroleros de fines de los setenta deberían ser explotados a cualquier precio. Es menester mencionar, a guisa de ejemplo, las transferencias a los camaroneros. Bajo el pretexto de que la industria extractiva estresa a los camarones e inhibe su crecimiento, se les otorga desde entonces un subsidio, cuyo monto y manejo ignoramos.
Por último, pero no por ello menos importante, está la transparencia que se les exigirá en materia ecológica. El conocimiento público de las auditorías ambientalistas practicadas será la única garantía de que toda compañía será tratada con absoluta igualdad frente a la ley; por ello, podemos adelantar, sin temor a equivocarnos, que los primeros usuarios de la Ley de Transparencia serán las propias compañías extranjeras. En pocas palabras, la Reforma Energética puede lograr lo que hasta hoy es imposible, mercado y sociedad conoceremos más y mejor información de Pemex, o bien… permitiremos que todos los inversionistas se muevan juntos en el oscurantismo total.
*Académica
Twitter: @MarvanMaria
