Gobernar vía manifestómetro

Más que endurecer el Hoy No Circula, es indispensable replantear la forma de vida de la ciudad entera: apostar al transporte público, pensar en nuevas formas de ordenar el suelo, crecer hacia arriba...

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María Marván Laborde 26/06/2014 01:34
Gobernar vía manifestómetro

A decir de la secretaria de Medio Ambiente del Distrito Federal, Tanya Müller, la contaminación de la Ciudad de México llegó a niveles intolerables y, por ende, decidió endurecer el programa Hoy No Circula. Consideró indispensable que los autos que tienen más de 15 años dejaran de circular dos días a la semana. Una semana más tarde, manifestación de por medio y declaración crítica del líder de Morena, Andrés Manuel López Obrador, la medida resultó dispensable.  

Surgen tres reflexiones, en primer lugar habría que revisar los supuestos del programa Hoy No Circula; en segundo, vale la pena preguntarnos sobre la efectividad de la medida en el largo plazo y, por último, ¿es el manifestómetro el mejor instrumento para tomar decisiones de gobierno?

El programa Hoy No Circula parte del supuesto de que todos los autos están obligados a someterse a una prueba estándar, a través de ella la autoridad se cerciora de que la emisión de gases no rebase el límite permitido. Si los autos pasan la prueba, reciben el engomado, en caso contrario, deben cambiar el convertidor catalítico, es decir, deben circular contaminando el mínimo posible.

Si esta medida es universal y no parte de la lógica de la excepción, la antigüedad de un auto debería ser irrelevante, pero si el auto contamina, no debería circular siete días a la semana. El programa permite a ciertos autos contaminar mucho pocos días. ¿No será que se parte del supuesto de que los autos viejos no pueden pasar la verificación y, por tanto, cada engomado es producto de un soborno?

Cuando apareció el programa Hoy No Circula, hace más de 20 años, la medida fue temporal. Frente a una emergencia ambiental se suspendieron las clases en enero y ese mes se implementó la medida. La cooperación de los ciudadanos fue absoluta. Cuando se convirtió en una cuestión permanente se produjo el “acarcachamiento” del parque vehicular de la ciudad.

Entonces, como ahora, no existieron medidas complementarias que fueran parte de un plan integral, por el contrario, en el mismo periodo de gobierno desaparecieron los camiones y aparecieron los microbuses. La gran mayoría de la inversión pública en movilidad está en función del automóvil privado. ¿Alguien exploró la posibilidad de que el segundo piso del Periférico fuese exclusivamente para Metrobús? Si no se tuvieran los compromisos que se tienen con los concesionarios privados, ¿no sería esta una medida más eficiente?

Sarukhán, autoridad reconocida internacionalmente por su seriedad en materia ecológica, considera que nos ayudaría mucho más hacer cumplir el Reglamento de Tránsito y castigar severamente a quien no respete una bocacalle porque eso forma trabucos de tráfico sumamente perjudiciales. El cotidiano colapso de la ciudad por los encharcamientos, ¿cuánto eleva la contaminación? ¿Cuántos días al mes una manifestación produce un embotellamiento? Entiendo que no todo esto es responsabilidad de la secretaria Müller, pero sí lo es del Gobierno del DF.

Más que endurecer el Hoy No Circula, es indispensable replantear la forma de vida de la ciudad entera: apostar al transporte público, pensar en nuevas formas de ordenar el suelo, crecer hacia arriba y no hacia afuera, son principios probados para mejorar la situación.

No hay una medida aislada que funcione, pero tenemos ejemplos internacionales de megalópolis recuperadas. Melbourne y Barcelona, entre los mejores ejemplos. Ninguna de estas dos ciudades se transformó bajo la mano dura de un dictador. Por el contrario, fueron alcaldes electos, que gozaron de gran popularidad, los que lograron hacer buenos planes y consiguieron el acompañamiento ciudadano. 

Un gobernante tiene que ser sensible a la crítica, sin lugar a dudas, pero no puede tomar decisiones o retractarse de las mismas porque salen los manifestantes a la calle. Una decisión bien tomada puede explicarse, prevé consecuencias, atempera los efectos no deseados para los sectores de la población afectados y entonces, sólo entonces, puede sostenerse frente a la presión. Como es evidente, esta decisión fue una ocurrencia.

                *Académica

                Twitter: @MarvanMaria 

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