Las lecciones del #AsíNo
Comienzo por declarar que no creo en la democracia plebiscitaria y sí en la democracia delegativa cuando ésta es deliberativa y participativa. La primera se usa para calificar a los gobiernos que, justificándose en una relación directa con el pueblo, pasan por encima de instituciones y procedimientos y alude a mandatarios que convocan a plebiscitos haciendo tabla rasa de todas las disposiciones institucionales que les estorbaban.
Con la solidaridad que merece Maite Azuela.
Sus defensores saben que ésta se transforma fácilmente en el mejor instrumento para la manipulación (S. Pachano).
En contraste, la democracia delegativa se funda —o se debiera fundar— en el debate, la transparencia en la toma de decisiones y la rendición de cuentas.
Ante las protestas y amparos no sólo de los vecinos de la Cuauhtémoc sino de organizaciones de otras delegaciones y colonias hartos de decisiones discrecionales y opacas, el GDF se la jugó por la democracia plebiscitaria con la idea de un triunfo seguro. Paradójicamente, en la polémica decisión del Corredor Cultural Chapultepec las autoridades no pudieron transformar la consulta en instrumento de manipulación. No pudieron imponer el proyecto por varios motivos, dentro de los cuales destacaron: la opacidad, cuando no la mentira abierta —el Corredor no es cultural sino comercial—, el afán de lucro, las maniobras encubiertas y la falta de sensibilidad ante las necesidades de los vecinos y de todos los que transitamos por esa importante vialidad. Curioso, los propios inversionistas privados fueron más sensibles. Me consta que visitaron a vecinos y otros ciudadanos para explicar, tomar su parecer y buscar soluciones ante la pasividad y soberbia del gobierno.
A cualquiera que recorra la avenida Chapultepec y la glorieta del Metro Insurgentes le queda clara la necesidad de su renovación. Es francamente un cochinero. Pero, como rezó el eslogan de la oposición: Así No. El movimiento no se niega a las mejoras. En la convocatoria a la marcha del sábado 5 se decía SÍ a la construcción, incluso en el “traspatio de nuestras casas”, pero con planeación, con concursos públicos, con licitaciones transparentes, sin corrupción ni impunidad.
Según una investigación del Imco, la Contraloría General del DF realizó una auditoría a ProCDMX en 2011 sobre la selección del inversionista ganador del Corredor, el cual fue “elegido” tras haber invitado a cinco empresas y haber recibido sólo una propuesta. Cabe mencionar que una de esas empresas le comunicó a ProCDMX que no podría participar por “motivo de los tiempos tan reducidos que se otorgaron para presentar una Propuesta Conceptual” y pidió la ampliación del plazo. La Contraloría detectó varias irregularidades: I) ProCDMX hizo una modificación en los criterios de selección al monto de la comisión requerida que le ahorró al inversionista ganador $32.4 millones. Ésta fue realizada de manera discrecional por su director general y sin sustento relativo a la mejora de las condiciones económicas para la propia entidad; II) El Acta Constitutiva de la empresa (marzo 2010) hace referencia a ProCDMX y al proyecto de coinversión de Cetram Chapultepec a pesar de que el proceso de selección inició oficialmente dos meses después; III) Los estudios técnicos que presentó la empresa contienen fechas anteriores al proceso de selección; IV) ProCDMX no solicitó la información necesaria al inversionista ganador para tener la certeza de que cuenta con los 300 millones de pesos de capital social requeridos (Contraloría General del DF).
La mayoría de los opositores no son especialistas en urbanismo —parece que las autoridades tampoco—, pero consultaron a expertos, estudiaron los planes de desarrollo y, sobre todo, conocen mejor la colonia o la delegación, pues sólo excepcionalmente es recorrida y pocas veces vivida por las autoridades del gobierno, particularmente por la Seduvi, el Invea y la Autoridad del Espacio Público. Mucho menos por el hoy llamado ProCDMX (antes Calidad de Vida), dirigido por Simón Levy, que ha demostrado estar únicamente para hacer negocios opacos y es conocido por haber mentido sobre su trayectoria profesional. Basta leer los artículos de Salvador Camarena en El Financiero: “La abjuración de Simón Levy” (3/09/15), “El señor Levy y su tesis: la sombra del plagio” (30/11/15), “Levy en China, ‘mentiroso compulsivo’” (2/12/15), “Levy, hay que cuidar la reputación” (4/12/15).
La historia es así de simple: en lugar de dialogar, explicar, convencer y ajustar, mejor se impone, se asigna, se abusa y se privilegia el interés puramente comercial. La historia se repite en todas las colonias como en Polanco y la avenida Masaryk, que el GDF y los delegados anteriores se han empeñado en destruir y, sobre todo, inmovilizar.
Por lo pronto, se puso el alto a un acto más de opacidad y corrupción en el DF. Como dice Alberto Serdán, éste debe ser el inicio de nuevos procesos con participación ciudadana, con concursos públicos, con licitaciones transparentes, sin corrupción ni impunidad. #AsíSí.
