Los principios del Verde

El escándalo en el que se ha vuelto a ver involucrado un prominente integrante del Partido Verde —Arturo Escobar— dice mucho de este instituto político y reabre la discusión sobre el argumento de que “sólo el ciudadano, a través del voto y no la autoridad, es quien puede retirar el registro a un partido”.

Está claro que una cosa es el partido y otra sus militantes. Pero es válido afirmar que cuando un instituto político avala y defiende la conducta de sus integrantes, la diferencia se borra. Escobar es un caso paradigmático: un militante acusado de cometer, de manera reiterada, delitos y faltas electorales, que ha sido solapado por su partido. Delitos que, en algunas interpretaciones, llevan, como consecuencia, la pérdida de registro.

Un poco de historia viene a cuento. Aunque pronto se aleja de ellos, el PV tiene sus orígenes en una causa ambientalista promovida por la Organización de Colonos en los Pedregales de Coyoacán (1986). En 1991 consigue su registro como partido político nacional aunque, desde entonces, se mantiene como “propiedad” de la familia González Torres-Martínez. En las elecciones de ese año logra una votación de 1.48%, quedándose a dos centésimas de mantener el registro. Después de realizar las asambleas constitutivas de ley y juntar 86 mil afiliados, recupera su registro. Participa en las elecciones de 1994 obteniendo 0.93% de la votación presidencial y 1.3% en la de diputados. Se queda sin representación. En 1997 consigue sus primeros ocho legisladores en la Cámara de Diputados y un senador, con 4% de la votación.

Ahí descubrieron los tres grandes principios que han guiado al partido: el de las alianzas, según sople el viento, el del pragmatismo y el de la impunidad. El primero se explica por sí mismo: en 2000 se aliaron al PAN por sus posibilidades de triunfo y, de ahí en adelante, al PRI. En las elecciones locales han presentado la misma conducta. Las alianzas involucraron todo menos principios de acción o programas de gobierno. Cualquier análisis electoral muestra que las alianzas le han reportado un mayor número de cargos de elección popular que los que habrían conseguido por sí mismos y recursos públicos que jamás habrían soñado. De 1997 a 2015 pasaron de ocho diputados y un senador a 47 y nueve, respectivamente. Sus prerrogativas pasaron de 217 a 372 millones, más el acceso gratuito a medios.

El valor del pragmatismo quedó como marca partidaria cuando el PV consiguió que la edad para ser senador bajara de 30 a 25 años, con el único fin de que J. E. González Martínez pudiera serlo. La negociación fue a cambio del voto del Verde para que el PRI ganara la votación que impidió la apertura de los documentos del Fobaproa. De ahí en adelante ha sabido vender con mucha habilidad sus votos. No sus principios, porque nunca los ha tenido: ni el del ambientalismo ni el de la honestidad ni el del honor ni el de la integridad ni el de la democracia interna.

El principio de la impunidad ha estado presente siempre. En sus inicios se vio envuelto en fraudes que fueron encubiertos, que no fueron investigados o que transitaron sin sanción. De los primeros casos de los que se tuvo noticia fue aquél cuando González Torres fue candidato al gobierno del Distrito Federal, el PV recibió más de 19 millones en prerrogativas y se descubrieron 16 facturas alteradas en las que se contabilizaban más de 11 millones de pesos (Milenio Semanal, 09/02/98). La denuncia por fraude ante la PGR no prosperó. Desde entonces calibraron a la impunidad como un arma de gran utilidad.

En adelante se sucedieron numerosos escándalos, de los cuales los más recordados son: la elección fraudulenta para traspasar la presidencia del partido de padre a hijo (2001); el video de El Niño Verde hablando de un soborno de dos millones de dólares a cambio de conseguir permisos de construcción en una zona protegida de Cancún (2004); la implicación de este mismo personaje en la muerte de una mujer búlgara durante una fiesta que ofreció en su departamento en Cancún (2011); la participación del coordinador de sus diputados —Kahwagi— en el Big Brother (2001); la detención de Escobar en el aeropuerto de Chiapas con una maleta con un millón de pesos en efectivo, cuyo origen no pudo acreditar (2009).

Una y otra vez los más destacados miembros del PV se han ufanado de su comportamiento expresando que, si los otros partidos no se comportan de igual manera es por tontos. En todo caso y ponderando por su tamaño, es el instituto que más multas ha recibido por el “uso irregular” de recursos, por fraudes y por escándalos de todo tipo.

El problema central no es de los dueños del Verde sino del resto de los partidos que a) lo han dejado crecer; b) han avalado su comportamiento, por si algún día necesitan sus votos electorales o parlamentarios; c) la tolerancia de las autoridades electorales.

Quizá sea el tiempo de revisar si ya llegó el momento de cambiar la tolerancia por el apego a la legalidad y discutir seriamente sobre el derecho del Verde a mantenerse en el sistema de partidos que ha construido México.

Twitter: @amparocasar

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