Otro monumento a la corrupción
En una manifestación de protesta por la “inauguración inconclusa” y plena de irregularidades de la avenida Masaryk, menos de un centenar de vecinos de Polanco fuimos recibidos por más de 50 uniformados apostados entre las calles de Arquímedes y Newton. Uno de ellos me dijo que estaban para “resguardarnos”; otro, que para evitar que “hiciéramos destrozos y boicots”.
A Mari Tere Ruiz y Mayté de las Rivas.
La mejor expresión se la escuché a un tercer policía: “No es culpa nuestra, señora, estamos hartos de que Mancera nos obligue a cerrar las calles para sus festejos”. Hubo un despliegue de decenas de elementos policiacos —motorizados y a pie— a lo largo de todo Masaryk desde las 9 am. hasta la 9 pm. La inseguridad en el DF crece y la policía se utiliza para cuidar la avenida “más elegante” de la capital. La importancia de la obra de Masaryk es insignificante. Si escribo sobre ella es porque, además de ser vecina de la zona, es un ejemplo más de la arbitrariedad en la toma de decisiones, de la corrupción y de la nula rendición de cuentas.
No conozco lo que costó la obra de Masaryk: 470 millones de pesos fue la cifra inicial. Por una petición al órgano de transparencia obtuvimos la cifra de un presupuesto “modificado”: 567 millones a septiembre de 2014. Hoy no sabemos en cuánto cerró ni en qué se empleó el dinero de ese proyecto que, de faraónico, no tiene nada, más que el despilfarro. En un presupuesto de más de 550 millones no alcanzó para comprar y colocar un solo basurero a lo largo de 3.2 km de la avenida remodelada.
Lo que sí conozco son las promesas que se les hicieron a vecinos y comerciantes. Ni las intenciones urbanísticas ni la estética ni la funcionalidad se cumplieron. Quizá lo único que se respetó fue la utilidad en dinero y en especie que se llevaron constructores, gobierno de la ciudad y delegacional.
A los vecinos les prometieron, entre otros, banquetas para los peatones, vialidad más fluida, transporte eléctrico, suspensión de valet parking, cuidar los árboles, mejor iluminación, unificar marquesinas, enterrar el cableado. A los comerciantes, todo lo anterior y la conversión de Masaryk en el Rodeo de Los Ángeles, el Serrano de Madrid, la 5ª Avenida de Nueva York, la Rue du Faubourg Saint-Honore de París. A todos los engañaron, a todos les robaron. A unos, la tranquilidad por más de año y medio; a otros, los empleos; a otros más, la esperanza de que su negocio prosperara; a los contribuyentes, su dinero.
Y nos la creímos. Y vino la licitación y se declaró desierta, y vino la asignación y se le entregó al amigo o al recomendado con nombre, pero sin experiencia, y vino el plan y, con él, su quebrantamiento, y vinieron las especificaciones de la obra y no se respetaron, y vino la compra del material y, en lugar de privilegiar a los productores mexicanos, se importó el granito, y vino el tiempo de entrega y no se cumplió, y vino la obra y se talaron cerca de 500 árboles, y vino el momento de rendir cuentas y no se rindieron. Las autoridades recibieron la obra sin concluir y los vecinos sin saber cuánto costará terminarla y quién pagará por ello. Lo que nos dejaron fue otro monumento a la corrupción, a la incompetencia, a la barbarie urbanista y al desdén por quienes habitan la zona.
Falso que los vecinos no queramos que la ciudad crezca, se desarrolle y prospere. Queremos y sabemos que eso tiene un costo. Las grandes ciudades siempre están en construcción. El problema es si hay planeación, si no se truquean los certificados de impacto ambiental, vial y vecinal y los usos de suelo, quién construye, con qué criterios, a qué costo y con cuánta transparencia.
Mancera anunció nueve mil millones de dólares en los próximos tres años en proyectos inmobiliarios. Suena bien, salvo que la historia está siendo y seguirá siendo la de siempre. La de sus primeros tres años de gobierno. La de obras quizá necesarias, pero plagadas de corrupción, o sea, de abuso de autoridad, de coalición de servidores públicos, de uso indebido de atribuciones y facultades, de colusión, de tráfico de influencias y de cohecho.
La historia se está repitiendo en el “corredor cultural creativo Chapultepec” y en los centros de transporte multimodal. Buenas ideas que quedan bajo la discrecionalidad de alguna autoridad capitalina o de ProCDMX. Siempre lejos del escrutinio social y siempre en la ruta de la corrupción.
A Ebrard lo declararon alcalde del año; hoy está desaparecido. Sabemos que esos reconocimientos se cabildean y son producto de la política, no de la excelencia. Pero antes de que a alguien se le ocurra buscar un nuevo premio, esperamos que los organizadores se den una vuelta por la ciudad o simplemente lean el artículo de Francisco Reynoso (“El extraño caso del Dr. Mancera y Mr. Hyde”, Nexos 3/08/15), en el que, en una frase lapidaria, capta la realidad: Mancera “el del discurso bello y el de los hechos atroces que lo contradicen”.
NB. A pesar de la inconformidad generalizada a las protestas, asistimos un puñado de vecinos. Sin una sociedad exigente y participativa, las autoridades seguirán aprovechándose de la apatía.
Twitter: @amparocasar
