El segundo trienio

Pasadas las elecciones, los integrantes del programa de análisis Primer Plano (Once TV) pusimos en la mesa de discusión el tema de qué es lo que querría hacer el gobierno con la recién obtenida mayoría en la Cámara de Diputados. Para sorpresa de nosotros, ninguno tenía claridad sobre el proyecto del presidente Peña Nieto y del partido en el gobierno los próximos tres años.

Algo anda mal si, quienes somos ávidos consumidores de noticias y páginas institucionales de los partidos y los gobiernos, no pudimos decir prácticamente nada sobre el proyecto para el segundo trienio del mandato de Peña Nieto. Por cierto, tampoco pudimos contestar la misma pregunta para los partidos de oposición. Del lado de la oposición también se requiere claridad. Declarar que ya no estarán del lado del gobierno, que se acabó la colaboración y que ahora sí serán oposición, es decir prácticamente nada. Hace falta plantear alternativas.

Todavía más sorprendente resultó nuestra “ignorancia” cuando hicimos notar que acabamos de transitar por un largo periodo electoral en el que los dirigentes y candidatos partidarios tuvieron a su disposición 40 millones de spots y en el que periódicos, revistas y noticieros se ocuparon de ellos casi la mitad del año.

Pero no. Nuestro desconocimiento de los proyectos o las tareas por venir no fue por ignorancia sino porque, simplemente, los políticos no tuvieron interés alguno en hablar sobre sus planes para el futuro. Las campañas sirvieron más para descalificar al otro o, en el mejor de los casos, para decir que cada uno había cumplido con lo prometido o que sus esfuerzos habían prosperado. Las campañas estuvieron ayunas de ofertas políticas. Más allá de promesas muy generales como: “trabajaremos por tu bienestar”, “acabaremos con la corrupción”, “las reformas están dando frutos” o el inefable “el verde sí cumple”, no hubo propuesta alguna.

El gobierno, que es quien lleva las riendas del país y quien no tendrá mayor obstáculo, al menos en el Congreso, ha sido incapaz de transmitir a la ciudadanía qué piensa hacer con su renovada mayoría, a dónde quiere llevar al país, cuáles son sus metas. El Pacto se agotó y sus rendimientos fueron altos, aunque ahora la oposición repita que les “salió muy caro”. Junto con el Pacto se agotó también el beneficio de vender al gobierno y a su partido como los grandes conciliadores y negociadores políticos o como los operadores de tarifas eléctricas y telefónicas disminuidas.

No es que la agenda legislativa del gobierno haya concluido, pero no podrá ser el faro de guía de la segunda etapa de gobierno. Aunque, en política, casi siempre es recomendable negociar y nunca sobra tener al mayor número de fuerzas políticas de tu lado, lo cierto es que, para completar la legislación secundaria, el partido en el gobierno no requiere la colaboración de la oposición. Con sus partidos satélites se basta a sí mismo. Además, el gobierno de Peña Nieto no puede persistir en la idea de que legislar equivale a gobernar. 

Para el relanzamiento del programa de gobierno no estaría de más tomar como orientación los principales reclamos de la sociedad: mayor crecimiento, menor violencia y freno a la impunidad que acompaña a la corrupción. Para crecer más, combatir al crimen organizado y  moderar la corrupción no basta con seguir modificando el marco jurídico. Hace falta voluntad y su traducción en acciones de gobierno.

En materia económica, ¿cómo se piensa incentivar la inversión?, ¿qué se espera del presupuesto base cero y a dónde irán los recursos liberados por el recorte de gastos en programas que han mostrado su ineficacia y el recorte de personal redundante? ¿Se va a hacer realidad la creación de zonas especiales de desarrollo en Oaxaca, Chiapas y Guerrero para dejar atrás el asistencialismo y pasar al emprendedurismo?, ¿está en vistas una política industrial?, ¿se retomará la idea de la seguridad social universal?

En materia de seguridad, ¿qué esquema para profesionalizar policías y retirar de las calles al Ejército?, ¿qué programas de prevención?, ¿se transitará a esquemas de colaboración público-privada como en Nuevo León? o ¿qué con la descriminalización del consumo de la mariguana?

En el combate a la corrupción y la impunidad, ¿cuándo vendrán las investigaciones y castigos que demuestren la voluntad de empezar por casa?, ¿en qué consistirá la intolerancia a los actos de corrupción?, ¿cuál será la muestra de que terminó la contención política a través de dádivas a organizaciones como la CNTE, que mantienen a los gobiernos federal y local como rehenes?

La carrera hacia 2018 se destapó al día siguiente de las elecciones del 7 de junio pasado. Por motivos que aún no alcanzo a comprender, el electorado no castigó al partido en el gobierno por el mediocre desempeño en materia de empleos, salarios, acceso a mínimos de bienestar, desigualdad, seguridad y corrupción. De seguir por este rumbo, quién sabe si en las próximas elecciones el electorado sea tan benévolo. Por lo pronto, quedan tres años para corregir el rumbo.

Twitter: @amparocasar

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