El Bronco: ¿golondrina que hace verano?
Una golondrina no hace verano. Candidaturas “ciudadanas” exitosas como la de El Bronco en Nuevo León son novedosas, meritorias, reveladoras del clima imperante e importantes como salidas institucionales, pero no auguran su eventual predominancia, ni el principio del fin de los partidos ni su desplazamiento.
Significan que en un espacio y tiempo determinados pueden darse las condiciones para que una candidatura de esa naturaleza prospere. ¿Por qué en Nuevo León? Es difícil de saberlo. La entidad ha crecido a una tasa superior a la nacional desde 2011, experimentó, con la asociación público-privada para enfrentar la violencia, buenos resultados, ocupa uno de los primeros lugares en el índice de desarrollo humano, es un estado en el que ha habido alternancia. ¿Será la corrupción que llega a niveles insostenibles? O, quizá, ¿la Reforma Fiscal y la mala comunicación con el gobierno?
En 2012 se ampliaron los derechos políticos de los mexicanos con tres reformas: la iniciativa ciudadana, la consulta popular y las candidaturas independientes. El derecho ciudadano a introducir al Congreso iniciativas de ley no ha sido ejercido y las cuatro consultas populares (dos sobre la Reforma Energética, una sobre el salario mínimo y otra sobre la reducción del número de legisladores) fueron derrotadas antes siquiera de llegar a las urnas.
El de las candidaturas independientes fue el único derecho que llegó a buen puerto. Por la desproporción de obstáculos que se les pusieron, porque hacer política sale muy caro o porque la vía partidaria es más segura, sólo 127 hombres y mujeres se animaron a tomar esa vía para aspirar a los más de 2000 cargos de elección popular. Aun así, el hecho de que un candidato independiente esté compitiendo por la gubernatura de una de las entidades federativas más importantes y que tenga altas posibilidades de ganar ha provocado, en unos, preocupación y, en otros, esperanza.
La candidatura de Jaime Rodríguez El Bronco también ha creado una o quizá varias ilusiones: que en política se puede marginar a los partidos, que los candidatos y después los gobernantes sin partido son más honestos que los que provienen de una organización política, que los sin-partido no llegan amarrados por poderes fácticos o clientelas, que los independientes velarán por el interés público. Lo sentimos, pero no hay evidencia de nada de lo anterior. Habrá candidatos independientes que resulten ser buenos o malos administradores, corruptos u honestos, responsivos a las demandas de la mayoría o desdeñosos de las mismas …
Las candidaturas independientes, que existen desde siempre en muchas democracias y desde hace décadas en algunas otras, han tenido una presencia y una utilidad más bien limitadas en la vida política. En todas las democracias —las nuevas y las consolidadas— los independientes surgen de cuando en cuando para, inmediatamente, ceder la arena política a los partidos y sus representantes. Pocos han sido los gobernantes en el mundo que han llegado a ocupar la titularidad del gobierno sin tener un partido que los haya respaldado. Cuando ha ocurrido, el mandatario en cuestión se ha visto obligado a gobernar con uno o más partidos para promover su programa de gobierno, que siempre involucra una agenda ejecutiva y una legislativa. En el Congreso tampoco han podido arrebatar a los partidos su posición cuasi-monopólica. India, la democracia más grande del mundo, tiene tres diputados independientes; Estados Unidos, dos; Gran Bretaña, ninguno, y Chile, tres, por citar algunos ejemplos. Su generalización ha probado, hasta el momento, ser imposible.
Con todo, gane o pierda, El Bronco está dando importantes lecciones: ha hecho patente el hartazgo con los partidos establecidos; ha demostrado que se puede llegar al poder sin patrocinio partidista; ha enseñado que el bipartidismo dura hasta que el electorado quiere; que hay manera de mostrar la inconformidad sin caer en el abstencionismo, la anulación del voto o el boicot de las elecciones.
El Bronco, como cualquier persona, tiene pasado, presente y futuro. De su pasado se sabe que militó 30 años en el PRI y, a su amparo, fue presidente municipal y diputado local y federal. Ya sabrán los regios a lo que le tiran si lo llevan a la gubernatura.
También tiene presente y no comienza bien. Se ha negado a presentar su Tres de Tres. De El Bronco ni Declaración patrimonial ni Declaración de Intereses ni Declaración de Impuestos. ¿Por qué? A saber.
Del futuro, no sabemos. En caso de ganar, le faltaría demostrar su talante democrático, la capacidad para negociar el proyecto sexenal con un Congreso que casi con seguridad carecerá de una mayoría; su compromiso social; su visión de Estado. Una manera distinta a la que han tenido los gobernadores partidistas de ejercer el poder: una gobernabilidad basada en el Estado de derecho, la transparencia y la rendición de cuentas.
Por lo pronto, habría que preguntar a los regios que piensan favorecerlo con su voto si, además de votar en contra del PRI y del PAN, también están votando a favor de El Bronco.
En todo caso, habrá que darle el beneficio de la duda.
