Solo, ¿por necesidad o por elección?
La agenda de seguridad, corrupción y justicia regresa a las prioridades del gobierno de Peña Nieto. Vale la pena preguntar si también regresó a la agenda de los demás integrantesdel Estado mexicano.
La situación por la que atraviesa México compete a todos no sólo al titular del Ejecutivo. La solución, también. Sin embargo, lo que vimos el jueves 27 de noviembre fue a un Presidente en solitario. Vimos un acto presidencialista en el que se repartieron culpas, responsabilidades y soluciones.
No sabemos si lo intentó y se lo negaron; pero ante una crisis que involucra a todos los poderes de la unión, a todos los órdenes de gobierno y a todos los partidos hubiese sido deseable ver a una clase política liderada por el Presidente haciendo frente común para admitir la gravedad de la situación, reconocer sus responsabilidades individuales y colectivas; ver si entre todos dan con mejores soluciones y transmitir que esta vez van en serio.
Hace apenas dos años cuando se firmó el Pacto por México, en una situación de mucha menor complejidad, Peña Nieto se presentó ante la sociedad arropado prácticamente por la totalidad de la clase política. Juntos idearon, presentaron y sacaron adelante una agenda ambiciosa. Hoy, no sabemos si por elección o por necesidad, aparece solo: los líderes de las cámaras, el presidente de la Suprema Corte y los gobernadores estuvieron en el acto en calidad de asistentes, no de participantes o socios del programa anunciado. Fueron convidados de piedra
El asunto no es trivial. ¿No pudo o no quiso amarrar los acuerdos con las fracciones parlamentarias en las cámaras y presentar desde ya las iniciativas prometidas con dictámenes acordados? ¿No pudo o no quiso concertar con el Poder Judicial la aceleración del sistema de juicios orales y el proyecto de justicia cotidiana? ¿No pudo o no quiso apuntalar con la CONAGO y las Asociaciones Municipales el mando único?
Si no pudo estamos en problemas porque hay poco en el acto Por un México en Paz con Justicia, Unidad y Desarrollo que el Ejecutivo pueda hacer por sí solo. El 60% de las 10 acciones pasa por la aprobación del Congreso y por ajustes de un presupuesto que ya ha sido aprobado. El proyecto de justicia no puede hacerse sin el Poder Judicial; y las reformas previstas no podrán aterrizarse sin la colaboración de las autoridades estatales y locales.
Si no quiso habría que explicar por qué la soberbia; por qué olvidar que en democracia no se gobierna solo y en situación de emergencia no se deben obviar los apoyos; por qué seguir apostando a legislar y no a gobernar; por qué no plantear acciones más contundentes que sí dependen del Ejecutivo.
Si de recuperar la confianza y la credibilidad se trata, por qué no una crisis de gabinete en la que se pide la renuncia a todos sus integrantes y se ratifique a quienes se piensa pueden estar a la altura del diseño e implementación de una nueva estrategia. Por qué no una comisión que investigue la asignación y revocación de la concesión del tren México-Querétaro y, mientras tanto, se aparte de su cargo al responsable. Por qué no hacer públicos los expedientes de todos los contratistas del Estado de México durante el periodo de gobierno de Peña Nieto. Por qué no anunciar que el gobierno retira su participación del proceso de licitaciones del programa de infraestructura y se le encarga a alguno de los numerosos órganos autónomos o, ya que tan dados somos a eso, se crea uno precisamente para ello. Por qué no someter a los mandos medios y superiores que tengan a su cargo los departamentos de compra, obra pública y manejo de recursos a controles de confianza como se somete a los policías. Por qué no establecer para los delegados de las secretarías en los estados un protocolo que impida el uso de los fondos presupuestales en beneficio electoral. El buen juez por su casa empieza: no se puede andar señalando los defectos de los otros sin reparar en los propios. Tampoco pidiendo procedimientos y castigos ejemplares sin antes aplicárselos a uno mismo.
Acciones como estas darían una señal a la sociedad de que el Presidente va en serio. Quizá hasta tendrían un efecto de demostración en los otros poderes federales y locales que deberían hacer lo propio: limpiar sus casas que también muestran altos grados de corrupción y debilidad institucional.
No estaría mal, porque en las redes circula el #querenuncieEPN; pero, para quienes quieran oírlas, hay voces igual de enérgicas contra los legisladores que, según la mayoría de los mexicanos, legislan para su santo; contra los jueces que sirven al poder y al dinero; contra los partidos que se representan a sí mismos; contra los gobernadores que mandan como caciques y contra los presidentes municipales que se dedican a expoliar a sus gobernados. La debilidad institucional a la que se refirió Peña Nieto el jueves pasado está en todas partes: en todos los poderes y en todos los órdenes de gobierno.
Ya es oficial. La agenda de seguridad, corrupción y justicia regresa a las prioridades del gobierno de Peña Nieto. Vale la pena preguntar si también regresó a la agenda de los demás integrantes del Estado mexicano; porque las críticas han sido abundantes y los compromisos de parte suya, pocos.
*Investigador del CIDE
Twitter: @amparocasar
