Pacto por evento

Las posiciones, pues, están claras: la política de la concertación tiene más probabilidades de sobrevivir si Madero gana por el PAN y Navarrete por el PRD. Desde luego que de esto ha tomado nota el PRI. De ahí que César Camacho afirme que en el Pacto hay dividendos para todos.

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María Amparo Casar 26/03/2014 02:25
Pacto por evento

Pacto por evento. Con esta frase comenzó el dirigente del PRI César Camacho su intervención en el Foro Inaugural del Aspen Institute México, cuyo consejo preside Juan Ramón de la Fuente y que es una organización de la sociedad civil para el desarrollo de actividades vinculadas a la educación, el liderazgo y las políticas públicas a través de la promoción de diálogos plurales sobre temas de importancia nacional.

El Foro reunió a los dos presidentes y al presidente con licencia (Gustavo Madero) de los tres principales partidos políticos para discutir sobre las reformas energética, de telecomunicaciones y político-electoral.

Los tres reivindicaron el Pacto por México como un hito, como muestra de la voluntad política para transformar a México y como modelo de negociación que demuestra que se puede gobernar y se puede reformar sin mayoría de un solo partido. Camacho lo llamó un pacto tricolor porque involucra a los tres colores partidarios. Zambrano, con magníficos reflejos, corrigió y reviró rápidamente, calificándolo de pacto multicromático para evitar toda identificación con los colores del PRI.

Las posiciones de los tres con respecto a las reformas fueron las esperadas. Consenso en torno a las de telecomunicaciones y político-electoral y disenso por parte del PRD respecto a la energética. Los argumentos tampoco fueron novedosos y son los que hemos leído en los medios y escuchado en tribuna.

Pero lo que sí fue novedoso fue la posición de los tres de que los acuerdos deben proseguir con o sin Pacto. Los tres manifestaron que aún falta dar cumplimiento a una agenda amplia que está plasmada en el Pacto y sobre la que no hay mayores desacuerdos. De los 61 compromisos legislativos acordados, sólo se ha dado cumplimiento a la mitad. El consenso y la conclusión de los tres dirigentes fueron que con el Pacto hasta donde se pueda, y en “pacto por evento” ahí donde no se logren consensos.

Para el PRI la posición no era complicada. El Presidente, el líder del partido y sus fracciones parlamentarias están perfectamente alineados y nadie cuestiona la línea pactista. Por lo demás, las principales reformas en las que el Presidente estaba interesado ya han sido aprobadas, y para buena parte de las restantes sólo hace falta mayoría simple. Por eso Camacho afirmó que está puesto para seguir con los compromisos del Pacto, pero recordó que en democracia tan legítimo es el consenso como la mayoría.

Pero para Madero y Zambrano, cuyos partidos se encuentran en momento sucesorio, la posición no era tan fácil. Ambos tienen al interior de sus partidos amplias fracciones que se oponen a la colaboración tripartidista que estos líderes fraguaron desde que inició el nuevo gobierno y que están dispuestos, si pueden, a continuar.

Parte de la campaña de diferenciación de Ernesto Cordero es precisamente que el PAN, bajo el liderazgo de Madero, perdió su carácter de oposición y se rindió frente al partido en el gobierno al que se ha sometido. Frente a esta posición, Madero reclama que tanto la transición política como la económica y la social están inacabadas y que sigue siendo tiempo de colaborar para concluir la tarea. Su defensa del Pacto fue absoluta aunque tuvo el valor de señalar los riesgos: que lo que se aprobó no se implemente correctamente, que las leyes secundarias no respeten la letra y el espíritu de las reformas constitucionales y que se les olvide el resto de los compromisos. Madero, pues, garantiza la continuidad en lo que a las relaciones tripartitas se refiere.

Zambrano enfrenta un reto similar y, si cabe, de mayor envergadura porque, a diferencia del PAN, el PRD ha sido tradicionalmente menos proclive a la formación de acuerdos. En la sucesión para la presidencia de este partido, la mayoría de las corrientes exigen deslindarse de la estrategia pactista que ha seguido la dirección de Zambrano. Incluso el ingeniero Cárdenas, que no es un radical y que aparece como el probable candidato de unidad, ha sido muy crítico respecto a dos de las líneas que ha seguido el partido bajo la dirección de Zambrano: el Pacto y las alianzas electorales con el PAN.

En el foro, Zambrano contó la anécdota de que dentro de su partido le reclamaron diciendo que “qué ganó el PRD con el Pacto”. La respuesta que le da a sus correligionarios revela su convicción negociadora: “porque no me preguntan qué ganó México”. Cerró su intervención asegurando que seguirán en las mesas de negociación poniendo las coincidencias por delante. Pero, como a diferencia de Madero él no puede reelegirse, la política negociadora y los compromisos del Pacto estarían en riesgo si la dirección del partido no queda en manos de alguno de los chuchos, que son los que defienden esa línea.

Las posiciones, pues, están claras: la política de la concertación tiene más probabilidades de sobrevivir si Madero gana por el PAN y Navarrete por el PRD. Desde luego que de esto ha tomado nota el PRI. De ahí que César Camacho afirme que en el Pacto hay dividendos para todos. Y sí, los hay.

*Investigador del CIDE

amparo.casar@cide.edu

Twitter: @amparocasar

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