Tope donde tope

¿Cuántas veces escuchamos o leemos que el escándalo quedó aclarado, que a los presuntos delincuentes se les abrió un expediente de investigación, que ese expediente siguió su curso, que de él se desprendió una exoneración o bien se determinó culpabilidad y giró orden de aprehensión? Pocas.

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María Amparo Casar 19/03/2014 02:25
Tope donde tope

De tanto remacharlas pierden sentido; ya ni siquiera les prestamos atención: tope donde tope. ¿Cuántas veces hemos escuchado repetir esta frase a los políticos? Muchas. Tantas como escándalos de corrupción destapa la prensa, tantas como el fuego enemigo de un gobierno acusa al anterior, tantas como cuando un partido señala a sus adversarios sin recordar que semanas antes fue señalado.

En contraste, ¿cuántas veces escuchamos o leemos que el escándalo quedó aclarado, que a los presuntos delincuentes se les abrió un expediente de investigación, que ese  expediente siguió su curso, que de él se desprendió una exoneración o bien se determinó culpabilidad y giró orden de aprehensión? Pocas. Menos aún que el promedio nacional de delitos castigados versus delitos denunciados, que es de un vergonzoso tres por ciento.

Recientemente hemos leído la muletilla de que “tope donde tope” y sus sucedáneos de “iremos hasta el fondo” o “caiga quien caiga” una y otra vez. La verdad es que nunca ocurre.

Recordemos sin distinción partidaria sólo algunos de los actos de corrupción más escandalosos en los últimos tiempos. El moreirazo, la Estela de Luz, los moches en la Cámara de Diputados y la Línea 12 del Metro.

En la primera el extesorero de Humberto Moreira primero se fugó y después se entregó a la justicia estadunidense, no sabemos a cambio de qué. En la Estela de Luz seguimos sin saber de qué tamaño fue el fraude y quiénes los responsables después de que la Auditoría Superior de la Federación documentó las múltiples “irregularidades” en la obra del Bicentenario. En los moches de la Cámara de Diputados no ha habido responsables y el dinero se sigue desviando y gastando a manos llenas. En la Línea 12 estamos esperando el reporte mientras 435 mil usuarios viven un infierno y los contribuyentes dejamos que nuestros impuestos se usen para cubrir el boquete que dejó el sobrecosto de la obra y lo que se acumule por las adecuaciones que se tendrán que hacer en los próximos seis meses.

Peor aún. Vamos a suponer que no cae nadie por corrupto o por inepto, pero al menos se toma nota para que no vuelva a ocurrir. Tampoco. A la concesión y posterior rescate de la Autopista del Sol, cuyo presupuesto inicial era de 800 millones de pesos, pero acabó costando dos mil 200 millones (Reforma 24-03-12) y que entre 2010 y 2013 significó al gobierno federal más de 53 mil millones en ampliación, modernización, rehabilitación y reconstrucción de puentes (Grupo Expansión 20-09-13) no le siguió ningún aprendizaje como lo demuestra la Línea 12 de hoy: ni mejores licitaciones ni mayor supervisión ni mejores cláusulas de protección. Entre la Autopista del Sol en 1993 y la Línea Dorada en 2013 pasaron 20 años.

Las cosas se siguen haciendo exactamente de la misma manera y la impunidad sigue siendo exactamente la misma sólo que ahora con transparencia. 

¿Hay impericia? Seguramente sí. ¿Pero es ese el problema? Seguramente no. No podemos seguir tragándonos la píldora de que los delincuentes son tan listos y sus abogados tan diestros que el Estado mexicano pierde todos los litigios. Que no se encuentra a los responsables, que cuando se les encuentra no se les puede armar un expediente decente, que cuando se les arma se amparan de manera exitosa o se fugan. Lo que hay es complicidad; un acuerdo en el que uno tapa al otro a cambio de ser tapado en su oportunidad o, en el mejor de los casos, un acuerdo para intercambiar bienes políticos.

Hoy la investigación sobre Oceanografía está en esa tesitura; aparece como moneda de cambio.

Una fracción del PAN amenaza con salirse de la negociación de las leyes secundarias en materia energética a raíz del escándalo millonario. Argumentan que no puede ser casualidad que justo ahora que el PAN presiona al gobierno para que en las leyes secundarias se conjure el control político y fiscal de Pemex, el PRI reviente el caso. El viejo truco de la politización de la justicia. El PRI argumenta que es poco serio condicionar el avance de las reformas secundarias a la conclusión de las investigaciones en torno al fraude de la naviera.

Es cierto, como dice el senador Gil Zuarth, que para penalizar hace falta más que meros rumores. Pero si quieren estar fuera de toda sospecha hace falta que primero dejen de proteger a los eminentes y no tan eminentes panistas involucrados en los contratos fraudulentos y, segundo, que dejen de tener de rehén una Reforma Energética que ellos mismos, por convicción, han empujado. Y si el PRI quiere también dejar de levantar sospechas debe asumir su responsabilidad en este caso que también la tiene.

Lástima que unos y otros tengan incentivos para que el caso no se aclare porque, no se nos olvide, el supuesto fraude se remonta a 2003, pero ha pasado por las narices de tres gobiernos (Fox, Calderón y Peña Nieto), de cinco directores de Pemex, de siete secretarios de Energía, de seis procuradores y de cinco secretarios de la Función Pública. Además, del IMSS, el Infonavit y el Banco de Comercio Exterior. ¿Tope donde tope?

                *Investigador del CIDE

                amparo.casar@cide.edu

                Twitter: @amparocasar

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