El otro gato

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Marcelino Perello 11/02/2014 01:05
El otro gato

Es recomendable ir por el mundo acompañado y asesorado por las hermanas Cacia, Perspi y Suspi para los amigos. Sus ocurrencias y consejos le facilitan a uno la vida, créame. Fueron ellas las que me hicieron sospechar una tan extraña como sugerente relación entre los pueblecitos de Davos en Suiza y de Tepalcatepec, en México. Ahí hay gato encerrado, dije. Y los acontecimientos que se han ido produciendo esta última semana no han hecho sino fortalecer tal idea.

En efecto, tal como sugerí entonces, Peña Nieto necesitaba seducir, en Davos y a través de Davos, a los eventuales inversores extranjeros y tranquilizarlos respecto a la paz pública, el combate a la delincuencia y la estabilidad social en nuestro país. Y en ese sentido Michoacán le vino como anillo al dedo. Más precisamente, no es descabellado suponer que tal anillo fue concebido y elaborado en los círculos más cercanos al Presidente especialmente para esa ocasión.

Estos días ha acabado de quedar claro un maridaje confuso. La extraña connivencia y complicidad entre los grupos de autodefensa por un lado, y el gobierno federal, los hacendados y las fuerzas más recalcitrantes y oscuras del Estado por otro.

A medida que me hago viejo me fijo más en las fotos que en los pies de foto. No sé si es un signo de sabiduría o de chochez. En todo caso, Excélsior ha publicado algunas imágenes que no pueden ser más elocuentes, y en las que aparecen ciertos individuos de las llamadas autodefensas, portando una playera con el lema “Por un Tancítaro libre”, y con una pinta de guaruras que no pueden con ella. Esos amigos tienen de campesino lo que yo de torero. Su entrada triunfal en Apatzingán, cobijados por la previa toma militar de la ciudad y las misas del enchalecado padre Goyo no hacen sino remachar esa impresión que insiste en volverse certeza.

Sin solución de continuidad, casi sin respiro, el locatario de Los Pinos transitó de Davos a La Habana, donde realizó un auténtico triple play: representó a México en la cumbre de la Celac, llevó a cabo una visita oficial a la República Socialista de Cuba y se entrevistó con el Comandante. Ese fue el orden protocolario y cronológico de las tres actividades. Tres bofetadas con guante blanco a la soberbia del Imperio. El orden de su trascendencia y peso político es exactamente el inverso al oficial.

De nuevo las fotografías me dijeron más que las crónicas. En la que aparece el Presidente mexicano saludando al líder cubano, en particular, permite constatar tres realidades, no por anecdóticas menos significativas. En primer lugar, Fidel ya es más chaparrito que Peña Nieto, lo cual no es poca cosa. El tiempo no pasa en balde. En ese aspecto y en todos. En segundo lugar, el Hombre de Sierra Maestra recibe en pants y camisa a cuadros a su huésped. Y finalmente no pueden pasar inadvertidas las dos sonrisas idénticas y simétricas. Ambas un poco pícaras; otro poco cautas. Como de quien no está seguro de querer romper el hielo.

¿Cuál habrá sido, pues, el sentido de tal encuentro? ¿Un mero gesto simbólico de soberanía, aun con toda la importancia que los símbolos poseen en el quehacer individual y colectivo? Tal vez, en ese sentido, se trató de una manera, entre ruda y sutil, de manifestar el descontento de Los Pinos por los desesperantes titubeos con los que la Casa Blanca no cesa de no abordar la reforma migratoria.

O bien, como quien no quiere la cosa, entre el que si esto, que si aquello, quizás habrán hablado de petróleo. Nuestra propia reforma, la energética, abre las puertas a múltiples posibilidades, y el petróleo subyacente en el subfondo marino en las aguas territoriales del poniente de Cuba siempre ha sido un misterio. Las dos sonrisas maliciosas podrían indicar cierta complicidad, cierto secreto compartido. En ese caso, cabría preguntarse si Peña actuó ahí motu proprio o en condición de simple y obsecuente emisario de quién sabe quién. Jump.

Desde la abdicación de Fidel, los cubanos decidieron enfrentar las crecientes dificultades económicas que los abrumaban, con una política menos rígida y que se ha deslizado lenta pero inexorablemente hacia la hibridación de su régimen. Abrieron las puertas a numerosas ofertas de implantación de capitales extranjeros en la isla. En particular en el acuoso y oscuro terreno de la prospección petrolera. La situación general se había vuelto franca y eufemísticamente delicada.

Prefirieron entonces reformular directrices orgánicas necesarias, adoptando medidas audaces de apertura. Mediante iniciativas verdaderamente innovadoras multiplicaron incentivos atrayentes, logrando así lacrar alianzas sin temer inversiones más enérgicas. Manejaron el despliegue empresarial tan esperado sopesando tales ofrecimientos. Solventaron objeciones y urdieron negociaciones incógnitas mientras buscaban establecer convenios industriales lícitos, minando el criminal acoso estadunidense.

Sea cual fuere la lectura que nos permitamos, me parecería harto inocente pensar que la visita de Peña fue inocente. Creo, a pie juntillas, que hablando de gatos encerrados, ahí hay uno. Y es que, caro lector, en estos menesteres siempre lo habrá. Ay.

                *Matemático

                bruixa@prodigy-net.mx

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