Cómplices de la realidad

El reportero de Excélsior en su quehacer cotidiano se anticipa con su intuición a los hechos y, una vez verificados, establece una caja reproductora para sus lectores

Los reporteros que colaboramos en Excélsior, unidos, contribuimos para convertirlo en la Catedral del Periodismo y en el eje de los reclamos sociales y la denuncia pública de los abusos de autoridad.

Hemos sido cómplices de la realidad y perpetuos buscadores de hechos. Sorteamos obstáculos de todo tipo y nos asociamos con la casualidad y la coincidencia para llevarlas como noticias a la primera plana del periódico.

Estuvimos en competencia con los mejores medios de información a nivel internacional de prensa, radio y televisión, hasta que finalmente la disputa por las noticias se circunscribió a la redacción de Excélsior. Los grandes reporteros estaban dentro y no fuera del diario.

Mi primer encuentro con las noticias internacionales y los personajes de talla mundial se produjo en Panamá, el 21 de julio de 1956, durante la reunión de 19 jefes de Estado de América, en una asamblea de buena voluntad.

Durante ese viaje, tuve un encuentro casual, aunque breve, que convertí en entrevista, con el entonces presidente de los Estados Unidos Dwight D. Eisenhower.

Otro encuentro casual, que siempre son aprovechados por los reporteros de Excélsior que permanentemente están pensando en la noticia, fue en París, Francia, en 1958 con Jean Paul Sartre, considerado el mejor filósofo del siglo XX.

En la constante carrera entre la noticia y su captura para el periódico, el 19 de noviembre de 1970, tuve que partir del dragaminas 11 de la Armada Mexicana que navegaba por el Océano Pacífico, entre las islas San Martín y Margarita, de Baja California, a París para cubrir los funerales del presidente Charles de Gaulle y volver a Washington para reseñar el encuentro entre los presidentes Richard Nixon y Luis Echeverría.

A esa velocidad tienen que viajar los reporteros de Excélsior para estar a la altura de su extraordinaria redacción.

Siempre en la búsqueda del gran acontecimiento o de los cerebros privilegiados, insistí con trabajo y toda clase de trucos, en tener una entrevista con el pintor malagueño Pablo Picasso que vivía recluido en su finca ‘Villa California’, en Cannes, Costa Azul francesa. Era considerado el mejor del siglo XX.

Los grandes personajes de la historia también son habituales huéspedes de la primera plana de Excélsior. En abril de 1967, pude sacar de su retiro solitario a Aleksandr Kerensky, el político que derrocó en abril 1917 al zar Nicolás Segundo y que, posteriormente, a él lo echaron del poder Lenin y Trotsky cuando los bolcheviques se apoderaron del poder imperial para convertirlo en el poder soviético.

En Moscú, la capital del mundo comunista, tuve entrevistas con Nikita Jruschov, presidente de la extinta URSS, y con el doctor Leónidas Ivanovich Sedov, padre del Sputnik 1 que no llevó su nombre porque en esa época la Unión Soviética no rendía culto a la personalidad.

La casualidad, unida a esa disciplina que teníamos (y tienen) los reporteros de primera plana, me llevó a tocar a la puerta de un personaje destacado en la Biblia y creador del Estado de Israel. David Ben-Gurión, a quien los voceros gubernamentales no querían que entrevistara, pero mi perseverancia, marca Excélsior, lo logró.

Por la curiosidad que me despertaba un actor que hacía de cowboy en el cine, en diciembre de 1968, dejé momentáneamente el juicio que se seguía al terrorista jordano Shirhan Bishara Shirhan por el asesinato de Robert F. Kennedy, y me fui a buscar a Ronald Reagan a su oficina en el Palacio de Gobierno de Sacramento, California.

El entonces gobernador Reagan ya tenía los ojos puestos en la Presidencia de los Estados Unidos. La entrevista se publicó en Excélsior.

Un par de personajes que busqué en California en marzo y abril de 1972, para solicitarles una entrevista con mucha insistencia de mi parte me la concedieron, fueron Herbert Marcuse, el padre de la rebelión estudiantil mundial de 1968, y el notable escritor Henry Miller.

El reportero de Excélsior en su quehacer cotidiano se anticipa con su intuición a la realidad y, una vez verificados los hechos, establece una caja reproductora para sus lectores.

Se conocen ciertos aspectos del mundo por los ojos y la pluma de los reporteros. Para nosotros Excélsior se vive, se ama, se respeta y se le lleva siempre dentro, en el cerebro, en el corazón y en las agallas.

*Periodista

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