El poder y sus mentiras
La fundación de las instituciones públicas se hizo con el dinero de los ciudadanos y a costa de la corrupción.
En la propaganda priista, que nos invade a toda hora, se afirma que al PRI le debemos el Infonavit, el IMSS, el ISSSTE y la UNAM, lo que implica una pretensión de superlativo cinismo. Los servicios gratuitos de salud, vivienda, educación, cultura, entre otras instituciones fundamentales del Estado, se fundaron gracias a ciudadanos responsables, que hicieron presión en favor de esos derechos, así como a funcionarios públicos más allá de todo signo partidista, que han cumplido con su deber. La fundación de las instituciones públicas se hizo con el dinero de los ciudadanos y a costa de la corrupción.
Para colmo, mientras los mentirosos anuncios del PRI invaden nuestra vida, el IMSS, el ISSSTE, el Infonavit y demás instituciones se van desmantelando: la infraestructura no recibe mantenimiento, los empleados que dan la cara a los usuarios se enfrentan con que su sueldo no llega, los insumos para funcionar disminuyen y sus condiciones laborales se deterioran, en perjuicio de la ciudadanía.
En el corto tiempo que llevan usufructuando los puestos más altos y mejor remunerados, los priistas de regreso en el poder han transformado los paradigmas que protegían cierto equilibrio en el país, con consecuencias que ya estamos sintiendo.
En materia de medio ambiente México había funcionado —no obstante la corrupción y el incumplimiento de las autoridades— bajo el reconocimiento en la ley, al menos, de que es prioritario cuidar ciertos ecosistemas, por ejemplo los bosques, sobre todo aquellos en las partes altas de las cuencas, de los que depende la producción del agua, la agricultura, la industria y la estabilidad de los terrenos.
Hoy, por encima del elemental cuidado del medio ambiente está el aprovechamiento del petróleo y del gas shale por medio del fracking, y la pérdida de nuestros bosques y demás recursos renovables se acelera. En materia de seguridad, la gravedad de lo que sucede actualmente en México es internacionalmente reconocida.
En lo que se refiere a la cultura la situación no es mejor. Mientras escribo estas líneas el edificio del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), ubicado en Paseo de la Reforma e Insurgentes, se encuentra bajo una toma simbólica. El reclamo de la comunidad manifestante es por incumplimiento en el pago de los servicios a empleados y artistas, que ha llegado a una situación inédita; por el obvio deterioro de la infraestructura, que ha llevado al cierre de recintos; a la merma y falta de transparencia en el manejo de los recursos, y a la ausencia de una política cultural, que impone una urgente consulta nacional para formular mejores alternativas.
Se ha venido anunciando a quienes laboran en las distintas dependencias del Conaculta un recorte presupuestal de 50 y 60 por ciento para el futuro inmediato. Si nuestro país tiene vida artística es ante todo porque los artistas —con ayuda de funcionarios con vocación de servicio— han conquistado instituciones, presupuestos y han producido obras con calidad, en un esquema en el que son los artistas quienes financian la producción, y al terminar sus temporadas y obras es cuando normalmente se les paga. Desde hace meses los pagos no fluyen y la situación amenaza con volverse mucho peor.
El anuncio del PRI, en el que se pretende hacernos creer que a los priistas en el poder es a quienes debemos el IMSS, el ISSSTE y la UNAM, me hace recordar, por contraste, la dignidad, de don Javier Barros Sierra (quien fungió a finales de los años 60 como rector de la máxima casa de estudios), cuando Gustavo Díaz Ordaz ordenó la masacre de estudiantes en 1968, y Barros Sierra, a riesgo de su puesto y de su vida, salió a las calles liderando a los universitarios.
Es a figuras de ese perfil a quienes debemos lo mejor del servicio público. ¿Qué podemos esperar en estos tiempos de los funcionarios a la cabeza de las instituciones del Estado? ¿Podemos esperar a que escuchen a cabalidad los reclamos, que comprendan el valor de las instituciones que encabezan y en esa medida se comprometan con la defensa del sector a su cargo?
Mientras el presupuesto para publicidad de la Presidencia de la República, que alcanzó en 2013 cuatro mil millones de pesos, no se recorta y los sueldos y lujos de los altos funcionarios de gobierno no se afectan, artistas y trabajadores de la cultura, y de muchos otros sectores, están bajo el filo del desempleo. La única forma de cambiar el rumbo desastroso que lleva la nación es que se reconozca entre los distintos ámbitos de la sociedad que tenemos un problema común y muy grave, y que busquemos la forma de unir voces en un amplio movimiento.
