Una vida en el teatro
En sus más de dos décadas de trayectoria Jaime Chabaud ha acumulado cerca de una treintena de obras dramáticas, ha escrito ensayos sobre la historia del teatro mexicano, teoría y crítica teatral y ha impartido innumerables cursos y talleres dentro y fuera de México. ...
En sus más de dos décadas de trayectoria Jaime Chabaud ha acumulado cerca de una treintena de obras dramáticas, ha escrito ensayos sobre la historia del teatro mexicano, teoría y crítica teatral y ha impartido innumerables cursos y talleres dentro y fuera de México. Chabaud, y sus compañeros de generación, abrieron nuevos rumbos para la dramaturgia mexicana, en su rechazo al tradicional canon realista, y lograron ampliar los espacios para multiplicidad de poéticas, lo que ha significado una importante conquista de la que se han beneficiado los dramaturgos más jóvenes. En una carta fechada en 1995 y publicada en la primera edición de Perder la cabeza, Alejandro Jodorowsky escribió: “Pocas veces, lamentablemente muy pocas, surge un verdadero creador, alguien que aporta al teatro una nueva visión del mundo y de sus formas. Este es el caso de Jaime Chabaud...”
El trabajo del autor de El ajedrecista se ha traducido al inglés, alemán, búlgaro, polaco, catalán, gallego, checo, portugués y francés, y ha recibido alrededor de 14 premios, dentro y fuera del país. En los últimos meses se han registrado cuando menos seis estrenos de obras de Chabaud en Latinoamérica. En el número de julio-agosto de 2012 en la revista Dialog, de Polonia, se publicó un largo artículo de Piotr Olkusz titulado “Jaime Chabaud, dramaturgo heroico-cómico”, en el que afirma el reconocido investigador: “Es un hecho que Chabaud pertenece hoy al selecto grupo de los dramaturgos más importantes de América Latina”. En la misma Dialog se publicó la traducción al polaco de la obra de Jaime, Érase una vez.
Conocí a Chabaud cuando me buscó para comentar un artículo adverso que publiqué sobre Talk Show. El diálogo a partir de mi crítica fue propicio para una amistosa conversación. Desde entonces respeto y admiro en él su capacidad para la crítica y la autocrítica, su ingenio y tenacidad, sentido del humor, inteligencia, generosidad y pasión por escribir teatro y divulgar la obra de sus colegas. Vi nacer hace 12 años la revista Paso de gato. Esta publicación fundada y dirigida por Chabaud es única en el ámbito escénico por su rigurosa periodicidad y sus contenidos que alimentan la memoria y enriquecen la reflexión. La cobertura de Paso de Gato da cabida a múltiples y divergentes voces y tiene una amplia distribución nacional e internacional. Con los sobrantes de papel inició un programa de publicaciones que ha incluido obras de Vicente Leñero y Víctor Hugo Rascón Banda, a Flavio González Mello, Maribel Carrasco, Edgar Chías, Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio, Enrique Olmos de Ita, hasta el muy joven Diego Álvarez Robledo, sin contar los autores extranjeros. Además tiene una importante colección de ensayos. Este empeño editorial ha sido catapulta para el teatro mexicano en el exterior. Son numerosos y prestigiados los premios que ha merecido la labor de Paso de Gato.
El pasado sábado en Taxco, Guerrero, Chabaud recibió el Premio Nacional Juan Ruiz de Alarcón, que se otorga según dice la convocatoria, por la “labor creadora de la dramaturgia nacional, cuya trayectoria haya contribuido a enaltecer el teatro mexicano”. La decisión de todo jurado que delibera en este premio (otorgado en su primera emisión a Sergio Magaña, en 1988, y que también merecieron Elena Garro y Luisa Josefina Hernández, en una larga lista), es un gran reto. Yo misma lo enfrenté el año pasado, cuando fui invitada junto con Braulio Peralta y Enrique Singer para elegir un ganador, que fue Luis Mario Moncada. Los dramaturgos con trayectoria son numerosos y los hay de generaciones anteriores a Chabaud y Moncada que tienen una obra de envergadura: Enrique Ballesté, Edelberto Pilo Galindo, Sergio Galindo, Bertha Hiriart, como también los hay más próximos en el tiempo: Hugo Salcedo, Ángel Norzagaray y Cutberto López. De una generación que empezó a darse a conocer en los albores del siglo 21 está desde luego el muy admirado Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio, así como Edgar Chías y Alberto Villarreal. Afortunadamente el estímulo se entrega anualmente y es de esperarse que en su momento lo reciban todos los que tienen los méritos, entre los que se cuentan otros tan importantes como los mencionados y que lamento omitir por razones de espacio. Jaime Chabaud tiene una reconocida trayectoria como dramaturgo y su labor en la divulgación y enaltecimiento del teatro mexicano, dentro y fuera de nuestras fronteras, ha sido sobresaliente. Felicidades a Chabaud por el Premio Nacional Juan Ruiz de Alarcón 2013.
