Sueño en otro idioma

No sé cuál sea la razón y créame que me lo pregunto con frecuencia, pero el hecho es que el público nacional no acaba de conectarse con las películas hechas en México. No niego que le está dando espacio a las comedias, algunas buenas, otras, la mayoría, malísimas, ...

No sé cuál sea la razón y créame que me lo pregunto con frecuencia, pero el hecho es que el público nacional no acaba de conectarse con las películas hechas en México. No niego que le está dando espacio a las comedias, algunas buenas, otras, la mayoría, malísimas, pero son comerciales, venden boletos y a fin de cuentas, el cine, entre otras cosas, también es un negocio.

Películas de excelente factura como La cuarta compañía, que todavía está en la cartelera, tienen todo para gustar al público y a la crítica, y ser negocio, pero los espectadores, por esa extraña razón que no alcanzo a comprender, no las ven.

La semana pasada se estrenó Sueño en otro idioma (Premio del Público en el Festival Sundance y ganadora en Guadalajara en 2017), lo más reciente del muy activo productor, director y escritor Ernesto Contreras, quien  debutó en el largometraje dirigiendo Párpados azules en 2007, una película de argumento sencillo, sensible y original, escrita por su hermano y colaborador Carlos Contreras, en la que se cuenta la historia de una mujer solitaria que gana un viaje para dos y al no tener con quien ir decide hacerse acompañar de un extraño. Entrañables actuaciones de Cecilia Suárez y Eduardo Arreola.

Sueño en otro idioma —los títulos de los Contreras son poéticos— es una suerte de fábula con tintes de drama romántico que tiene magia, mucha magia. Cuenta la historia de un lingüista, quien llega a una comunidad indígena en un lugar no especificado de la selva veracruzana para grabar a dos ancianos que son los únicos hablantes sobrevivientes de una lengua en extinción. El problema es que estos dos personajes, en interpretaciones soberbias de Eligio Meléndez y José Manuel Poncelis, no se dirigen la palabra desde la juventud. Los otros protagonistas no alcanzan tan buenas participaciones.

Este es el mejor pretexto para iniciar un viaje al pasado y conocerlos cuando eran grandes amigos, permitiéndonos descubrir qué fue aquello tan terrible que los distanció.

Para la historia fue inventada una lengua: El zikiril, que tiene su magia, ya que se cuenta que es la forma de comunicarse de todos los seres vivos.

Un detalle particularmente cuidado en Sueño en otro idioma es la fotografía exquisita de Tonatiuh Martínez que explota el verde de la abundante vegetación y la iluminación del lugar.

Ernesto Contreras nos regala una propuesta muy diferente a lo que había hecho hasta ahora, tanto en el cine como en la televisión, con una historia de amor con giros inesperados y que nos hace llevar nuestra atención hacia el realismo mágico y la sabiduría ancestral de las comunidades indígenas de nuestro país tan ricas y tan ignoradas, la belleza de su folclor, la musicalidad de sus variadas lenguas, su misticismo y sus leyendas.

Muy recomendable. Cine mexicano de alto nivel.

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