El legado del diablo

Es el horrible título en español de una atractiva película de terror que maneja un argumento original, con giros inesperados y buenas actuaciones. El primer largometraje de Ari Aster, escrito y dirigido por él, se titula en inglés HereditaryHereditario, pero eso de la ...

Es el horrible título en español de una atractiva película de terror que maneja un argumento original, con giros inesperados y buenas actuaciones.

El primer largometraje de Ari Aster, escrito y dirigido por él, se titula en inglés Hereditary-Hereditario, pero eso de la palabra “diablo” en los títulos de cine de terror en México está sobreexplotado y la distribuidora se decidió por El legado del diablo.

Ari Aster se basa en una premisa que ya se ha usado en el cine de terror al tener como protagonista a una familia, aparentemente funcional, pero golpeada por la pérdida de uno de sus miembros. La culpa, la frustración y el vacío llevan a la madre a sesiones espiritistas y es donde empiezan a complicarse las cosas con la irrupción de fuerzas sobrenaturales. Poco a poco El legado del diablo se hace incómodamente espeluznante.

La historia de esta familia se inicia cuando muere la abuela materna, que vivía con ellos y con la que evidentemente la convivencia era muy complicada. Su hija es Annie Grahame, Toni Collette, espléndida, que se dedica a hacer miniaturas de casas de muñecas, hospitales, escuelas. Hay un juego muy original por parte del director con el mundo de tamaño real y estas miniaturas detalladísimas que Annie elabora.

Annie guarda un gran rencor por su madre, que competía con ella por el cariño de su hija Charlie, y en un grupo de auto ayuda comenta que varios trastornos mentales y suicidios corren por su familia del lado paterno y materno. Está casada con Steve Grahame, Gabriel Byrne, en apariencia el miembro más centrado del grupo, y tienen dos hijos: Peter (Alex Wolff), y Charlie, interpretada por Milly Shapiro, una actriz adolescente con características físicas que incluso deben responder a algún tipo de síndrome, que la hacen ideal para el siniestro personaje, pero que también la pueden encasillar en esos papeles.

En El legado del diablo, Ari Aster desarrolla una película de autor con un manejo del miedo poco convencional, que no se parece a los clichés comunes en el género. Al proceso de descomposición de la familia se van sumando eventos misteriosos, un accidente sobrecogedor que acaba en una tragedia que da la puntilla a la escasa cohesión que vivía el grupo, y la influencia mortal de un culto satánico.

Sin prisas y con buen ritmo, que mantienen un suspenso crispante, Aster explora el drama familiar y el viaje a la locura de los Grahame. Mención aparte merece Milly Shapiro, que da vida a una niña retraída, callada, desaliñada, que produce un curioso chasquido con la lengua. Tiene talento y presencia y junto con Toni Collette, y a pesar de estar pocos minutos en pantalla, juntas se llevan la película. 

El diseño de arte, la ambientación, la fotografía, escasa iluminación y el reparto, la hacen una película muy diferente, terrorífica y original que no puedes perderte.

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