24 horas para vivir
Con una larga trayectoria como stunt o doble en escenas de peligro en innumerables películas, Brian Smrz dirige su segunda película, titulada 24 horas para vivir 24 hours to live, Estados Unidos, 2017. En ella no descubre el hilo negro y se apoya en la fórmula muy ...
Con una larga trayectoria como stunt o doble en escenas de peligro en innumerables películas, Brian Smrz dirige su segunda película, titulada 24 horas para vivir (24 hours to live, Estados Unidos, 2017). En ella no descubre el hilo negro y se apoya en la fórmula muy explotada de los héroes de acción otoñales como Bruce Willis, Arnold Schwarzenegger, Sylvester Stallone, Liam Neeson, quienes empiezan a ser desbancados por una nueva generación, como Tom Cruise, Keanu Reeves, Nicolas Cage y ahora una sorpresa con Ethan Hawke, que venía de una carrera interesante en películas indie y de bajo presupuesto para lanzarse a estelarizar una superproducción con mucha acción que, en última instancia, sale a flote por su trabajo actoral.
El arranque es muy atractivo, aunque con la secuencia de créditos que, en mi opinión, siempre es un distractor. Un convoy que viaja por el desierto africano es perseguido por un comando. Agentes de la Interpol protegen a un testigo y se da un enfrentamiento armado en el que alcanzan a huir.
De ahí pasamos a una playa en la que Travis Conrad —Ethan Hawke, insisto, lo mejor de la película—, un asesino a sueldo al que su actividad le costó la muerte de su esposa e hijo, se emborracha en compañía de su suegro y caminan hacia el mar para soltar las cenizas de ambos. Travis acompaña al suegro, Rutger Hauer, y lo deja dormido en su casa.
Después, sigue su camino hacia un bar, en el que un excompañero de trabajo le hace una oferta tentadora: la empresa Red Mountain le pagará dos millones diarios por asesinar a un testigo protegido por Interpol que maneja información que puede acabar con sus negocios. Travis, que ya no quiere saber de ese mundo, no puede negarse ante la jugosa propuesta y acepta.
La misión lo llevará a enfrentar comandos muy bien entrenados y a involucrase con una feroz agente china que tiene a su cargo la protección del testigo y que provocará que Travis sea dado por muerto. No le cuento más.
El guión de Ron Mita, Jim McClain y Zach Dean no es muy consistente y la construcción del personaje central se hace creíble por el desempeño de Ethan Hawke, que con esta película se incorpora a la lista de hombres maduros, atormentados y en declive, arrastrando culpas, casi siempre con familias rotas y una que otra adicción, que se redimen cuando transforman algo malo en bueno. El relato funciona medianamente dentro del género del thriller, con un toque de ciencia ficción, y las escenas de acción, aunque exageradas, están bien hechas, seguramente por la enorme experiencia del director como stunt.
También se cuela por ahí una intención de crítica, muy superficial, contra los grandes corporativos que experimentan con personas sumidas en la pobreza y el abandono en países del tercer mundo.
Entretiene a secas.
