Operación Red Sparrow
En un personaje que no se parece nada a lo que ha hecho antes, la actriz Jennifer Lawrence vuelve a mostrar que no le tiene miedo a correr riesgos y dar peligrosos saltos actorales sin red. Ubicada en la Rusia actual, a la que se hace muy mala imagen presentándola como ...
En un personaje que no se parece nada a lo que ha hecho antes, la actriz Jennifer Lawrence vuelve a mostrar que no le tiene miedo a correr riesgos y dar peligrosos saltos actorales sin red.
Ubicada en la Rusia actual, a la que se hace muy mala imagen presentándola como estacionada en los años de la Guerra Fría de la Unión Soviética, Operación Red Sparrow (Estados Unidos 2018) es una thriller de espías basado en la novela homónima del exagente de la CIA, ahora venido a escritor, Jason Matthews, quien ha comentado que después de su retiro, tras 30 años de servicio, escribir novelas de espías se ha convertido en una especie de terapia para él.
La adaptación, que resulta en un guión por momentos confuso y demasiado largo, es de Justin Haythe.
Lawrence interpreta a Dominika Egorova, una bailarina de la compañía Bolshoi que, tras un accidente en el escenario, queda incapacitada para bailar. Como empleada del gobierno pierde el precario mantenimiento que recibía junto con su madre enferma (Joely Richardson), a la que atiende y que es su única compañía.
Tras el accidente es buscada por su tío Vanya, muy buena selección la del actor belga Matthías Schoenaerts, que le dice que puede ayudarla para que mantenga sus privilegios. En realidad, Vanya es un alto funcionario del servicio secreto del gobierno ruso que introduce a Dominika en un submundo de espías conocidos como Sparrows-gorriones.
Desde niña ha mostrado carácter y determinación, por lo que el tío la lanza a una actividad diametralmente distinta al ballet, sabiendo que podrá salir adelante y hará un buen trabajo. Es evidente la atracción que Vanya siente por Dominika, que siempre lo ha visto solamente como un tío.
Ya reclutada Dominika se ve inmersa en un entrenamiento cruel, implacable y sádico en el que se enseña a los jóvenes a controlar sus cuerpos y usar las artes de la seducción para neutralizar a su opositor.
Convertidos en armas letales, el sexo es una herramienta de poder fundamental para manipular y en la película se le conceden demasiados y muy gráficos minutos a constatarlo, dejando en segundo plano la preparación física, la aplicación de la sicología, los juegos mentales y otras mañas de los espías que sí se ven, por ejemplo, en las historias de John Le Carré, con las distancias bien guardadas.
Dirigida por Francis Lawrence con el que Jennifer participó en tres de las cuatro películas de la saga Juegos del hambre, director y actriz se reúnen de nuevo en Operación Red Sparrow, en donde ella da vida a una mujer que, de manera fría y brutal, sobrevive en la misión que se le asigna: descubrir al topo en la organización, aunque Dominika no sucumbirá, pues tiene clara su propia agenda personal.
Jennifer Lawrence saca adelante el personaje con carácter y potencia. Se sienten desperdiciados actores como Jeremy Irons, Joely Richardson y hasta Charlotte Rampling.
Ojalá se aprovechen en las secuelas.
Cine comercial que entretiene.
