El sacrificio de un ciervo sagrado
La más reciente película del director griego Giorgos Lanthimos plantea una depurada exploración de la condición humana a través de una historia escrita junto con Efthymis Filippou, quien también colaboró con él para el guión de La langosta, su película ...
La más reciente película del director griego Giorgos Lanthimos plantea una depurada exploración de la condición humana a través de una historia escrita junto con Efthymis Filippou, quien también colaboró con él para el guión de La langosta, su película anterior.
El sacrificio de un ciervo sagrado (The killing of a sacred deer, Estados Unidos-Irlanda-Reino Unido, 2017), es un drama cruel, muy crudo, que pega en las entrañas, desarrollado dentro del contexto de un terror sicológico que la convierte en un relato hipnótico, casi surrealista, que manipula las emociones, desconcierta y acorrala al espectador.
Es tambien un bello, crítico y trágico estudio de la oscura miseria que se esconde en el ser humano, que se expresa con metáforas y simbolismos. Tiene un muy cuidado diseño de sonido con un score compuesto de segmentos estridentes que refuerzan la crispación en el espectador, y una muy buena fotografía de Thimios Bakatakis, con guiños frecuentes a Stanley Kubrick.
La secuencia inicial de créditos —un gran close up de una cirugía a corazón abierto mientras se escucha orquesta y coros interpretando música de Franz Schubert—, ya nos anuncia lo que vamos a ver.
El cirujano es Steven, espléndido Colin Farrell, que también está en La langosta y que ha tenido una interesante evolución como actor. Su esposa es Anna, una oftalmóloga interpretada por Nicole Kidman. Tienen dos hijos, Kim, una adolescente a la que da vida la talentosa Raffey Cassidy (Tomorrowland), y su hermano menor Bob, Sunny Suljic.
A sus vidas llega Martin, un joven de 16 años, huérfano de padre, que se hace amigo de Steven. El actor Bob Keoghan está a la medida de este personaje, enigmático, casi limítrofe, inadaptado, inexpresivo y con una monótona forma de hablar, que provoca sentimientos encontrados entre la ternura, la desconfianza y el rechazo. Martin se va convirtiendo en un tema incómodo para Steven, y lo llevará a él y la familia a la peor disyuntiva de sus vidas.
Lanthimos enfatiza aspectos como el sexo, la interacción de los padres y los hijos, la facilidad con que puede salir lo peor de una persona, la mentira, la deslealtad.
Dirige bien a sus actores llevándolos a interpretar a miembros de una familia que se aman, pero que a la vez marcan distancias y conviven con cierta tensión. Los diálogos se dicen en el mismo tono, nadie alza la voz, hay pocos matices.
Los personajes están bien construidos: Farrell está convincente en el papel de un padre amoroso aunque autoritario, que quiere a su esposa, responsable y entregado en su trabajo como médico. También es un hombre ambiguo, sombrío. Nicole Kidman hace de Anna un personaje más luminoso, razonable, humano, pero que también esconde rincones sombríos.
El sacrificio de un ciervo sagrado no deja indiferente a nadie, es más, nos succiona desde la pantalla para dejarnos verdaderamente apaleados al final.
Muy recomendable.
